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DAMIAN SZIFRON

“Creo que más no se puede pedir”

El director de “Relatos Salvajes” no quiso ver la ceremonia en la que su filme fue nominado y, cuando se enteró, se tiró al mar. “No se sabe qué pasará”, opina.

La vida de Szifrón ya había cambiado cuando, el pasado 15 de enero, recibió la noticia de que su filme, “Relatos Salvajes”, había sido nominado al Oscar a mejor película extranjera: tras el éxito de “Tiempo de valientes” y “Hermanos y detectives”, el cineasta argentino se había mandado a mudar al Sur en busca de algún tipo de revelación profunda.
Szifrón volvió a la civilización con numerosos guiones, entre ellos el de “Relatos Salvajes”, que disputará el próximo 22 de febrero el premio a mejor filme no hablado en inglés con otras cinco películas. Pero cuando se supo la noticia, el director estaba en la playa. Tras un año “tremendamente intenso”, había escapado a Pinamar para despejar la cabeza junto a su mujer y sus dos hijas, y había decidido no mirar la ceremonia.
“Iba a sufrir. Venía sufriendo. Era casi una agonía”, admitió. Pero también era consciente de que no podía ignorar lo que estaba sucediendo. Y la incertidumbre concluyó en el momento en que comenzaron a sonar los teléfonos. Aunque Szifrón y los suyos estaban “en medio de la nada”, aparecieron los habitantes de una casa cercana con una botella de champán. “Lo primero que hice para celebrar -explicó- fue meterme en el mar”.
Su calendario en las próximas fechas incluye el almuerzo con los demás candidatos al Oscar, la gala de los Goya (se entregan el 7 de febrero), reuniones en Berlín, una pequeña estancia en Buenos Aires y de vuelta para Los Ángeles en vistas a la ceremonia del día 22 de febrero.
Allí, según el director afirma que “no se sabe qué pasará”. Desde Beverly Hills, en plena promoción del estreno de “Relatos Salvajes” en Estados Unidos, previsto para el 20 de febrero, Szifrón opina que “nuestros distribuidores aman la cinta y están tan entusiasmados como nosotros, pero cuando llegás a un grupo tan reducido de películas de todo el mundo, todas tienen posibilidades. La que gane será justo. La filosofía es estar agradecido por llegar hasta acá. Creo que más no se puede pedir”, afirmó el joven director, de 39 años.

Un filme universal
Sin afán de seguir poniéndose nervioso, el director que debutó con “El fondo del mar” por ahora se limita a exprimir esta “inolvidable” experiencia con una película que, tras su éxito en la taquilla de distintos países, “ha demostrado ser muy universal”. “Los conflictos de cada relato hablan de nosotros como especie más que como habitantes de un país o pertenecientes a una cultura”, sostuvo Szifrón.
“Estamos conectados por el ADN, algo mucho más profundo que nuestra nacionalidad. El hombre contra el sistema, el abuso de la autoridad, la traición en la pareja, el deseo de venganza...Todo ello -agregó- conecta con la audiencia, independientemente de donde proceda”.
Da incluso la sensación de que la película ha coincidido con un momento en que la sociedad empieza a dar claros síntomas de hartazgo respecto al poder. “Aparentemente tocó una fibra”, reconoció Szifrón, “aunque debo ser cauto porque tengo casi 40 años y, desde que tengo memoria, los países están convulsionados de forma ininterrumpida por un conflicto u otro”.
“Es posible que ahora ciertos manejos del poder y la idea de que el sistema no está diseñado para nuestro beneficio, sino para el de grupos de poder muy reducidos, hoy por hoy son muy evidentes. Ya no existe esa confianza en el sistema”, concedió de todas formas Szifrón sobre su película, su obra más plausible de leerse políticamente, aunque su visión del mundo y la injusticia están presentes desde los días de “Los Simuladores”.
Szifrón, en cualquier caso, defiende su obra como un canto a la liberación del ser humano como especie. “Uno en el fondo -concluyó- quiere hacer lo que desea sin dar explicaciones, sin sentirse culpable ni tener que pedir perdón”.

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