Más orfandad que sexualidad

“Vacío y soledad virtualidades. Ausencia de encuentros reales. Defección paterna y materna de sus funciones. Sexualidad distorsionada. Manipulación. Los adolescentes navegan en un mar de aguas borrascosas, sin faros orientadores, en una deriva cada día más peligrosa, entre adultos que han desertado irresponsablemente de la tarea de guiarlos, cuidarlos, confrontarlos para ayudarlos a crecer y darles, con amor, presencia y firmeza, los límites que los ayuden a construir su identidad. El sexting es apenas un síntoma más, como el embarazo adolescente, la violencia escolar, las batallas a la salida de los boliches, la drogadicción y el alcoholismo ya enraizados y naturalizados o los accidentes viales que madrugada a madrugada siegan vidas apenas bocetadas, ya sea truncándolas o dejándolas disfuncionales para siempre. Síntoma, sí, de un abandono que tiene responsables. La mayoría de las veces tales responsables viven bajo el mismo techo que esas chicas (habitantes de una sociedad en la que crece el número de hijos huérfanos con padres vivos) que envían fotos más patéticas que eróticas para alimentar el morbo de la rapiña machista. Hay que decirlo, el machismo se suma en este caso al vacío de adultos cercanos y significativos que transmitan valores, que den respuestas y que transfundan modelos nutricios de vínculos y de amor (amor significa también sexualidad saludable, que no debe confundirse con pacata). No es casual que, creciendo en la sociedad en la que viven, estas chicas ya hayan aprendido que la única forma (o la más directa) de ser tomadas en cuenta y “valoradas” sea convirtiéndose en objetos sexuales, esta vez por mano propia. Debajo de la hipocresía de discursos moralistas la atmósfera está saturada (vía publicidad, marketing, medios, redes sociales) de modelos e incitaciones que les recuerdan a las mujeres qué es lo que los hombres (de todas las edades, condiciones sociales y niveles culturales y económicos) les exigen a cambio de darles entidad. 

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