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ESTEBAN LAMOTHE

El galán revela su costado rockero

De adolescente organizaba un festival en Ameghino, de donde es oriundo, y hoy el “Rucho Fest”, en Capital. La faceta desconocida del actor de Guapas: fan de The Cure, toca el bajo y es videasta de varias bandas independientes.

Olvídense del Esteban Lamothe de Guapas y Farsantes. Del que saltó a la fama con la película El Estudiante. Del protagonista de Abzurdah y El 5 de Talleres. Del que comparte un hijo con Julieta Zylberberg.
Este que está acá, posando frente a un paredón de la calle como si fuese uno de los Ramones, es Rucho. Un pibe rockero que a los 17 se vino a estudiar a Buenos Aires desde Florentino Ameghino, un pueblo de 6 mil habitantes, ubicado a 500 kilómetros de la ciudad. “Me quedé tres meses y me volví porque no me adapté. Pero después me vine de vuelta y ya me quedé”, rebobina. Allá tocaba el bajo en una banda llamada La Buzarda, organizaba festivales de música y coleccionaba discos de The Cure. Instalado aquí, trabajó como pintor y fue mozo por 10 años mientras estudiaba actuación. “El rock es mi casa –asegura–; vengo más de ese mundo. El teatro, la literatura y el cine los descubrí ya de grande. Me siento más cómodo en un recital de El Mató a un Policía Motorizado, donde la gente es más parecida a mí, que en un set de filmación (ponele)”.
La cita a la banda platense no es casualidad. A través del director Alejandro Lingenti, conoció al escritor Fabián Casas, y él, asado de por medio, le presentó a los músicos del grupo. Es tan fuerte la relación que se creó, que Lamothe les filmó un videoclip (El Magnetismo) y ellos bautizaron Rucho a un tema instrumental de su último disco. Es una base de guitarras hipnóticas que dura apenas 2 minutos 23 segundos, pero para él fue todo un reconocimiento: “Me puse recontento cuando me lo dijeron los chicos. ¡Es lo mejor que me pasó en la vida! Lo sentí como un triunfo, como si hubiera ganado la Palma de Oro de Cannes”. La canción nació de un podcast de internet llamado Los Cartógrafos, donde cruzan a músicos, actores y escritores en un mismo audio, que se sube online viernes por medio (www.soundcloud.com/loscartografos). A Lamothe le tocó recitar un fragmento de una novela de Leonardo Sabbatella (El Pez Rojo) junto a Gustavo Monsalvo, guitarrista de El Mató. El resultado fue producto de un encuentro entre los tres.

¿Qué buscaste contar en el video de “El Magnetismo”?
-Lo hice como fan. La canción es medio posapocalíptica, por eso que dice la letra de “En este mundo peligroso tenemos que estar juntos”. No quería que fuera una historia entre dos humanos, porque iba a ser muy obvio si ponía a una pareja o un padre con una hija, eso sólo iba a subrayar lo que la canción decía. Entonces, le encontré otro sentido más abstracto con una chica y un perro. Filmé dos versiones del video.

-Hiciste clips para la banda de tus hermanos, Cabeza Flotante. ¿Cuál es tu referente como director?
-Me gusta John Cassavetes, pero no hay uno en especial en que piense cuando filmo. Me gustan esos personajes solos en el campo. Me copé con eso, pero ahora tengo más ganas de filmar la ciudad.

¿Cómo los hacés?
-Los hago siempre con Marcos Canosa. No hay mucho de dirección de actores, va fluyendo todo. Estamos solos, no hay equipo, no hay claqueta, no hay sonido, nada. ¡Eso es más indie que el indie! Está un escalón más abajo, es un género que no existe... (risas).

¿Tenés pensado otros?
-Sí, quiero hacer uno de la banda Bestia Bebé, de Un Planeta, otro de El Mató, y seguro va a haber dos más de Cabeza Flotante. El último fue el de Rumbos Secretos, un cover de Virus para el compilado Soy tan fanático de todo, que a Marcelo Moura le encantó. Me mandó un mail hermoso, flasheado, contándome recuerdos de cuando habían grabado el tema con su hermano Federico en Brasil.

Lamothe se entusiasma hablando de música. Cuenta que de chico tenía un primo más grande llamado Luis Pedro que le pasaba discos a él y a sus hermanos. Primero algo de blues, como Muddy Waters, después los Rolling Stones, algo más punk (Ramones), algo más dark (The Cure). Fue este primo quien los llevó a ver a Los Redonditos de Ricota en el microestadio de Lanús, en el ‘92, cuando presentaron La Mosca y la Sopa. “Tengo la entrada sin cortar, porque hubo quilombos en el ingreso, la gente rompió la puerta para entrar y la policía nos pegó unos palazos”, recuerda.

-¿Cómo te llegaba la data a Ameghino? ¿Estabas actualizado?
-Sí. Mi primo pasaba música en un boliche de la ciudad y también mi hermano Nacho. El dueño iba todas las semanas a comprar discos a Buenos Aires, a un local de la calle Lavalle, y los sábados nos los traía en colectivo. Nosotros íbamos al boliche, porque teníamos la llave, y los poníamos al taco. Ahí los escuchábamos por primera vez. Me acuerdo la semana que llegó Nevermind (Nirvana), en el ‘91. Eso fue algo revelador para mí: estar solo, en el boliche vacío, y que sonara Smells Like Teen Spirit al mango. Había que ir ahí, toda la información estaba en ese boliche, porque no había internet, ni nada.

-¿Y después?
-Me acuerdo cuando llegó Black or White de Michael Jackson. Y, más adelante, el primero de Los 7 Delfines, que me encantaban, porque soy fanático de The Cure. Coleccionaba vinilos, simples, biografías de la banda, libros con las letras. Es de lo único de lo que fui fan en mi vida. Y lo sigo siendo.

-Si te digo cinco recitales que te hayan marcado, ¿cuáles elegís?
-A ver… Bowie en Ferro, Sonic Youth en el Club Hípico, Primal Scream en Museum, The Cure en River y (piensa) Wiz Khalifa, el mes pasado, en el Luna Park. Los últimos seis meses me la pasé escuchando solamente hip-hop.

Cuando tenía 15 años, Lamothe fue el curador del Ameghino Rock Festival, organizado por la Municipalidad de la ciudad. En 1991 llevó a tocar a Peligrosos Gorriones y Martes Menta; al año siguiente, a Los Piojos y Los Visitantes, y en el ‘93, a Los Brujos y Demonios de Tasmania. El Nuevo Rock Argentino, tal como se lo conocía a ese movimiento de bandas jóvenes que venía a renovar la escena, estaba en su esplendor. “Hay un video filmado entero en VHS que estoy pogueando como loco, volando por el aire (se ríe). Hace poco me entregaron una placa conmemorativa porque se cumplieron 25 años del festival, una locura. Las bodas de plata… ¡25 años en el indie!”.

De ahí que no sorprenda que el año pasado se haya animado a organizar los RuchoFest, donde hizo tocar a Cabeza Flotante. Ya van tres ediciones, todas en el Club Cultural Matienzo (Pringles 1249). En la última, participaron Rosario Ortega, Javi Punga y los cordobeses Hipnótica. En las otras estuvieron los 107 Faunos, Jvlian y Juan Ingaramo. “Es un pequeño festival bonsai donde no hay estrellas, no hay VIP, no hay marcas; hay gente que viene a escuchar música, y hablar y pasar el tiempo”, tal como describió Fabián Casas en una de sus columnas. La idea es mezclar estilos y que se genere un buen espacio para la música, combinado con elementos audiovisuales y DJs. “Me gusta hacerme amigos. Hago el RuchoFest para estar en contacto todo el tiempo con gente nueva, me ayuda a mantenerme joven”, afirma él. El nombre surgió en una sobremesa con Casas y Santiago de El Mató. “Si le ponía Lamothe Fest iba a ser cualquier cosa, onda: ‘Pará, ¿quién sos?’. Hace poco Griselda (Siciliani) me mandó un mensaje que decía: ‘¿Qué es el Rucho Fest?’ (risas). Nadie me conoce como Rucho en el ambiente televisivo”.

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