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EL COSTO DE LA ALIMENTACIÓN

Veganos, macrobióticos y paleos, con opciones cada vez más caras para comer

Seguir una dieta específica requiere de una mayor inversión. Para los adeptos, vale la pena

Por efecto de la inflación, que avanza sobre las góndolas del supermercado y a su paso va dejando precios hinchados, comer resulta cada vez más caro. Esto atañe incluso a quienes no manifiestan reticencias con ningún tipo de alimentos. Para los más selectivos, que optan por seguir dietas específicas, el asunto se agrava: vegetarianos, veganos, paleolíticos y macrobióticos deben así desembolsar una parte considerable del presupuesto en alimentos.
“Es necesario buscar hasta encontrar los mejores lugares para comprar. Si uno entra a una dietética probablemente pague unos $50 por 100 gramos de almendras o $30 por unas galletitas, pero esos productos se pueden conseguir a un precio mucho más económico”, dice David Cottini (33), que hace siete años es vegano y desde los diez, vegetariano.
El joven, que trabaja como empleado administrativo, al ser vegano no consume ningún alimento de origen animal (como el huevo, la leche o los quesos, entre otros) y tampoco usa productos que hayan sido testeados en animales (como los shampoo o pasta de dientes), ni zapatos, zapatillas o camperas de cuero.
Su dieta se basa principalmente en la ingesta de frutas, verduras, harina de garbanzo, semillas de lino o amapola, entre otras, frutos secos como almendras, nueces, tartas, pizzas con queso de avena o de papa y levadura, entre otros alimentos.
Cuenta que para conseguir mejores precios recurre a las ferias de alimentos. “Un inconveniente es que en Argentina, a diferencia de lo que pasa en Estados Unidos, no hay mucha oferta industrial vegana. Eso abarataría los precios, hasta dejarlos por debajo de los productos de origen animal”, dice David, y marca lo que considera un punto a favor: “La ventaja de algunos lugares es que mucha gente hace detergente, shampoo, jabones de forma casera y después lo venden en ferias”.
Aunque la alimentación es totalmente opuesta, seguir la dieta paleolítica tampoco resulta más económico. El régimen alimenticio, conocido como “dieta del hombre de las cavernas”, se basa en un plan nutricional que incluye plantas silvestres y animales salvajes, que fueron consumidos por los humanos del período Paleolítico.
Se centra en el consumo de frutas y verduras de estación, carne, pescado, frutos secos y raíces. Excluye granos, legumbres, productos lácteos, azúcares refinados, aceites procesados y sal.
“La carne está cara, pero uno no se fija tanto en la parte monetaria. Se prioriza la buena alimentación. Obvio que tenés que tener las condiciones económicas para poder seguirla. Pero a mí me parece que vale la pena”, dice Emiliano Cioma (34), deportista que trabaja en un gimnasio.
Marta Bondar (68), que es gemoterapeuta (terapia en base a la energía de los cristales), intenta seguir un régimen macrobiótico. Cuenta que en su alacena no falta el arroz yamaní, la sal marina para reemplazar a la tradicional, las legumbres sin conservantes como porotos aduki, garbanzos y lentejas, entre otros. Además consume algas, salsa de soja fermentada y una variedad de verduras orgánicas, que son más caras que las que fueron tratadas con agroquímicos.
“Aunque algunos productos cuestan más, seguramente gasto menos que un carnívoro o que los que van a comer a los fast food”, dice Marta.
También Cecilia Amescua (46), que es neuróloga, y vegetariana hace 26 años. Considera que “vale la pena gastar un poco más por productos de mayor calidad. Hace un rato salí del trabajo y, de paso para casa, fui a una dietética para aprovisionarme de una variedad de galletitas veganas saborizadas y bananas disecadas, para comerlas como snack”.

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