El campo tiene 200 hectáreas y 70 se trabajan con el modelo agroecológico.
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El huerto interior, un modelo agroecológico que gana hectáreas al método más industrial

En plena pampa húmeda, entre commodities, fertilizantes y nueva tecnología para alcanzar mejores rindes, desde hace casi una década, una familia de Baigorrita cultiva una nueva forma de vida y hace crecer la modalidad libre de agroquímicos.

Hace casi diez años, los hermanos Calderón –herederos de un campo en Baigorrita- eligieron una nueva forma de trabajar la tierra. Con el fin de mejorar su calidad de vida y tras la búsqueda de intervenir el suelo a conciencia, comenzaron a adquirir conocimientos de agroecología. 
Año tras año, mediante un proceso lento, pero sin pausa, dejan atrás el modelo agroindustrial y ganan cada vez más hectáreas libres de agroquímicos, cultivando bajo otro concepto de agricultura.
En diálogo con Democracia, Marcela Calderón contó cómo fue desprenderse de la modalidad con la que trabajaban e incorporar nuevos paradigmas para alcanzar las setenta hectáreas sustentables. 

- ¿Quiénes forman parte de El huerto interior?
- Este es un emprendimiento familiar, compuesto por mis hermanos Patricia, Marcos,  mi mamá Ana María y mi sobrina Anna Clara. Mi hermano está encargado de la parte productiva, mi hermana está en Junín y nos da una mano con el reparto, entrega de mercadería, trámite administrativo y yo tomo pedidos, hago labores del molino, preparo la harina. 

- ¿Cómo es el proceso de cambio de un modelo al otro?
- Este campo tiene 200 hectáreas, nosotros venimos del modelo agroindustrial, en noviembre van a hacer diez años que comenzamos con el cambio. Nosotros veníamos sembrando 2500 hectáreas y nos replanteamos el sistema porque estábamos perdiendo calidad de vida: con ese número de hectáreas, la vida es bastante nómade, mi hermano salía a las cinco de la mañana y volvía a las doce de la noche, entonces nos planteamos para qué tanto esfuerzo y sacrificio. A su vez, en Los Toldos se había tratado la ordenanza de uso de agroquímicos y empezamos a tomar conciencia de lo que hacíamos, veíamos que el suelo no tenía vida, estaba muerto después de hacer siembra directa, pensando que era un modelo sustentable y nada que ver con eso. Pasaron cosas que hicieron que cambiemos y decidamos empezar a producir de otra forma. Ahí inició un trabajo autodidacta de empezar a investigar en distintas agriculturas y arrancamos con lo más chiquito: la huerta.

- ¿Hubo un detonante que marcó el antes y el después?
- Dejamos el modelo agroindustrial en plena campaña de soja, se nos rompió un tractor y, en parte, ese fue el detonante, dijimos “hasta acá llegamos”. Teníamos posibilidades de seguir y reinvertir pero tomamos la decisión de salir del modelo agroindustrial y ver qué hacer, teníamos compromisos en el sistema financiero, créditos tomados, entonces teníamos que ver cómo hacer frente a esos compromisos. Decidimos alquilar el campo y, en estos nueve años, llevamos 70 hectáreas recuperadas en agroecología: lote que tomamos, lote que no recibe más químicos de síntesis, ni herbicidas ni insecticidas. Le vamos ganando al modelo agroindustrial, a medida que vamos pudiendo. Es progresivo porque tuvimos que reaprender todo, hacer muchos cursos. Con el de permacultura incorporamos el concepto de regenerarse uno y regenerar la tierra, en este modelo prevalece el ser y no el tener, el modelo agroindustrial te lleva a recaudar, la agroecología no, el individuo pasa a ser el centro del modelo. 

- ¿Cómo trabajan ahora?
- Lo que incorporamos de la agroecología es la siembra asociada, no hacemos más monocultivo, no tenemos un solo propósito, tenemos que tener apertura de que se pueden dar varias posibilidades. Podemos hacer trigo con trébol blanco, festuca, asociaciones. Tenemos dos molinos a piedra, hacemos harina integral y con el resto de la pastura, cuando se cosecha el trigo, hacemos ganadería ovina. También tenemos que estar abiertos a hacer fardos o reserva. 

- ¿Qué productos elaboran?
- Tenemos pasturas para ganadería ovina, siembras asociadas, el año pasado hicimos maíz, más colorado, para hacer polenta y estamos lanzando la polenta. Hicimos soja agroecológica. Hacemos harina de trigo, algo de harina de centeno, de a poquito. Es un desafío día a día. El modelo agroindustrial tiene todo resuelto: sabés qué días sembrar, tenés las bolsas de semillas, viene el paquete completo y armado. En este tipo de agricultura es distinto, hay conceptos que coinciden pero el monocultivo no se puede hacer, te lleva a introducir nitrógeno, fósforo, cuando la planta no se alimenta de solo eso, sino de otros nutrientes que hay en la tierra, uno apela a que el suelo se regenere para que la planta tenga los nutrientes necesarios de forma natural. Esto hacían nuestros abuelos, no es algo nuevo, vamos revalorando y nos ponemos al servicio de la naturaleza, colaboramos con la naturaleza y ella nos lo devuelve con alimento. 

- ¿Hay más emprendimientos de este tipo en la zona?
- En la zona hay actores que van tratando cultivar de otra manera, en Junín hacen bolsones agroecológicos, nosotros hacemos capacitaciones. En Viamonte hay dos establecimientos que hacen quesos de cabra y apelan a la agroecología, no son 100% como nosotros pero están yendo hacia este modelo. El municipio trabaja con el periurbano, la parte donde no se pueden utilizar químicos y hay productores en busca del cambio rural, viendo qué es lo que les gusta, de qué manera hacerlo, hay cada vez más interés y más demanda. El gran cambio lo hace el consumidor, empieza a tener más conciencia del alimento que consume y la demanda es mayor. Nosotros hacemos corderos pastoriles, sacamos corderos de tres o cuatro meses que solo consumieron leche de la madre y pasto agroecológico. Es una calidad de carne muy diferente.