Alberto Porto en pleno viaje de Italia a Argentina.
Alberto Porto en pleno viaje de Italia a Argentina.
ORGULLO PARA LA CIUDAD DE ROJAS

Alberto Porto: “Cumplí el sueño de cruzar el Atlántico en un avión que yo mismo diseñé”

El ingeniero aeronáutico oriundo de Rojas alcanzó la meta de volar desde Italia hasta Argentina en una aeronave ultraliviana, con características innovadoras, que planificó y construyó. La historia de un hombre apasionado y que vuela alto.

Alberto Porto nació en Rojas y, al terminar sus estudios en la escuela primaria, se fue a vivir con su familia a Rosario. A Los 18 años tomó la decisión de mudarse a la ciudad de La Plata para emprender la carrera universitaria de ingeniero en Aeronáutica, aquello que siempre le había apasionado. Una vez alcanzada la graduación, Alberto barajó la posibilidad de irse a vivir a otro país para seguir capacitándose y tomar contacto con las herramientas tecnológicas que le permitirían alcanzar la meta definitiva: volar alto.
En diálogo con Democracia, durante sus últimas horas del paseo en la ciudad de Rojas, Porto contó cómo fueron sus primeros años en Estados Unidos y luego en Italia, país en el que vive actualmente y se dedica al diseño, construcción y venta de aeroplanos. También dio detalles del viaje inédito de Europa a la Argentina en una aeronave ultraliviana y cómo fueron los preparativos para emprender el vuelo solo.

-¿Qué tuvo de particular e innovador el viaje que hizo?
-Vine desde Italia con un avión de mi producción, que ingenié y construí yo. Crucé el Atlántico volando para entregarlo a un cliente uruguayo. Se trata de un avión ultraliviano, con características innovadoras, y por eso pude cruzar el mar. Mi idea fue demostrar que el avión es realmente superior a otros. Para mí fue una cosa hermosa porque yo me fui de Rojas cuando era chico, estudié en La Plata y luego me fui a trabajar afuera, construí una pequeña compañía y, despacito, logramos construir aeroplanos,este es el ejemplar número dos. Yo estoy viviendo en Módena, Italia, hemos entregado el segundo avión, ahora me resta entregar otro a fin de año a un cliente de Argentina, y otro para febrero en Alemania. Estamos iniciando la producción de los aeroplanos.

-¿Qué características tiene el avión con el que logró cruzar el Atlántico?
-No es frecuente este tipo de viajes, no se hace ni siquiera con pequeños aviones de aviación general, este entra en la categoría que se llama “ultralivianos”. Para cruzar el Atlántico se necesita un avión con mucha eficiencia, este es uno de los más eficientes del mundo en su categoría y volé con muy poco combustible. Crucé el océano de Cabo Verde a Natal, Brasil, que son más de 2700 kilómetros, y gasté 148 litros de combustible a una velocidad crucero de 285 kilómetros. Normalmente, los ultralivianos vuelan a 200 km/h y consumen el doble de lo que yo consumí de combustible. Si otros quisieran hacer lo mismo deberían cargar el doble de combustible y en vez de cruzar en diez horas, como hice yo, ellos lo harían en 16.El avión fue presentado al público en 2015, en Alemania, en una exposición. Es nuevo en su forma y diseño también, yo decía que era un aeroplano excepcional pero la gente no me creía.

-¿Cuáles fueron las medidas de seguridad que tomó antes de emprender el vuelo?
-Conozco muy bien el proyecto, sé cómo está hecho y tengo una confianza ciega. No obstante, quince días antes del viaje hicimos una inspección general para evaluar que esté todo bien. Luego uno piensa en lo peor que puede llegar a pasar y se prepara para eso. Lo peor que podía pasar era que el motor se parara, porque tiene uno solo, en tal caso, yo tenía que aterrizar en el agua y me tenían que venir a buscar, pero antes me tendrían que localizar y entonces yo tenía todos los elementos necesarios para poder mandar un SOS. En el medio del mar podían pasar días hasta que vinieran a buscarme, entonces me llevé agua, comida, todo lo necesario. En el avión vestía un traje de neoprene porque si la balsa que llevaba no se inflaba, tendría que estar en el agua y así no moriría por hipotermia. No pasó nada, anduvo todo bien, pero uno tiene que afrontar condiciones climáticas difíciles, tormentas, la meteorología forma parte del vuelo, las cosas no son como uno quiere muchas veces.

-¿Cómo fue el itinerario y en qué cosas pensaba mientras volaba?
-El vuelo fue relajado en varios tramos, el avión tiene piloto automático así que lo puse, volé muy bajo, a 250 metros del agua, escuchaba música y me mantenía alerta a los parámetros, uno no puede dormir. Tomaba agua, la merienda, porque la primera etapa tuve doce horas de vuelo. Salí de Módena, Italia, a Gran Canaria, hice poco más de 3000 kilómetros en doce horas, dormí un día en Canarias, salí al día siguiente a Cabo Verde y eso fue otro día de vuelo de seis o siete horas con 2000 kilómetros hechos. Luego dormí otro día en Cabo Verde y al día siguiente me fui a Natal, Brasil, me llevó unas diez horas de vuelo. A la mañana me levanté y me fui a Río de Janeiro, estuve con amigos y luego volé a Uruguay. Hubo mal tiempo, porque había mucha tormenta y me quedé ahí, luego vine a Rojas. En total el viaje duró una semana.

-La gente comprobó la eficiencia de la aeronave, ¿Cómo sigue todo ahora?
-Este viaje fue público. Yo tenía un GPS satelital, donde a través de un sitio web la gente me seguía, eso no miente, así se cree mucho más. Ahora este proyecto está consolidado y tenemos más ventas de las que nosotros podemos hacer. Tengo que tratar de acelerar la producción, industrializarla, para poder entregar aviones, esa es la parte más difícil. Estos aviones son para recreación, para gente apasionada del vuelo, yo me fui de Rojas con la pasión del vuelo y de la ingeniería, y perseguí mis sueños. No soy una persona rica, no tengo dinero, lo hice con voluntad y con fuerza. Se sacrifica todo para alcanzar los sueños. Yo estoy poniendo toda mi energía, no para vender aviones, sino para producir y eso lleva mucho capital. Estamos negociando con gente que pueda financiarnos, en verdad, hay muchas cosas que quisiera hacer pero… paso a paso.

-¿Se detuvo a pensar qué hubiese pasado si se quedaba en Argentina?
-Seguramente, si me quedaba en Argentina, no me hubiese ido mal porque en este país, quien tiene ganas de hacer algo tiene que remar contra un montón de cosas, pero creo que se puede. Para mí, en lo que es aeronáutica, iba a ser muy difícil concretar este sueño, entonces me fui a Italia, allá hay mucha burocracia pero es Europa y uno tiene acceso a otra tecnología, a otros materiales, que en Argentina no hay. Pienso que si me hubiese quedado acá, seguramente hubiese hecho otra cosa, en otra dimensión.

-¿Qué vínculos conserva en Rojas y por qué elige volver cada tanto?
-Me vinculan a Rojas los afectos. Para mí Rojas es un paraíso, yo he visto lugares hermosos en el mundo, pero Rojas es un paraíso para mí. Por mi trabajo yo no puedo quedarme acá, pero me gustaría muchísimo volver a vivir acá el día de mañana. Tengo familia y amigos, gente a la que quiero mucho, pero no podría volver hoy. Vengo cuando puedo, hay años en los que vengo dos veces, otros una sola vez. Todo depende de mi trabajo. Ahora vine tres días y me tengo que ir a seguir produciendo aviones. Realmente estoy siempre trabajando y persiguiendo mis sueños.

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