EL RELATO A TRAVÉS DE LA IMAGEN

Recorrió 5600 kilómetros en bicicleta y sacó fotos de los paisajes de la ruta 40

Tomás Basilici es un joven rojense de 28 años que atravesó el país de norte a sur y, en los últimos días, presentó la muestra de fotografías tomadas a lo largo de su viaje de cuatro meses desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego.

La Argentina es uno de los países del mundo que se destaca por el amplio y diverso abanico de paisajes en su territorio. Glaciares, montañas, cataratas, sierras, montañas, llanura, ríos, lagos y mar se despliegan a lo largo y a lo ancho de los distintos puntos de la superficie y es privilegio de pocos alcanzar a conocerlos todos.
Tomás Basilici, un joven rojense de 28 años, tomó la decisión de atravesar el país en bicicleta, de norte a sur por la ruta 40, y logró hacerlo en un período de cuatro meses. La idea surgió tras recibirse de fotógrafo y con la clara intención de retratar cada rincón por el que pasara, destacando la belleza natural y cultural de los lugares.

-¿Cómo fue el itinerario del viaje, qué provincias recorriste?
-Fui de Rosario a Tucumán en tren, desde Tucumán hasta Salta pedaleé y luego me tomé un colectivo hasta La Quiaca, Jujuy. Allí comenzó el viaje en bicicleta, una Vairo 3.5 que tengo desde hace seis años. Arranqué con un compañero que al mes decidió volverse, entonces seguí solo. Recorrí la ruta 40 completa, de norte a sur. Desde La Quiaca hasta Cabo Vírgenes son 5200 kilómetros, y luego hice unos 400 kilómetros más, 5600 en total. Atravesé las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Chubut, San Cruz y Tierra del Fuego.

-¿En qué consistió tu búsqueda y cómo surgió la idea?
-Cuando me recibí, hace seis años, tuve la idea de recorrer el país con la cámara de fotos, por un lado para conocer y, por otro, para tener un registro propio de imágenes de la Argentina. Desde el comienzo supe que, al regresar, iba a realizar una muestra fotográfica, entonces, durante el viaje, todos los días tomaba una foto y al volver hice una selección de 25 imágenes entre miles. Este viaje no lo hubiese concebido sin la cámara.

Estar con gente que tiene otra forma de ver la vida me hizo crecer muchísimo.

La clave fue ir adaptándome a las distintas circunstancias.

-¿Cómo te preparaste para emprender el viaje?
-Cuatro meses antes de irme me puse a entrenar con la bici, pero mucho no sirvió, porque cuando te encontrás a 3000 kilómetros de altura, cuando las subidas son eternas o los vientos superan los 140 km/h reparás en que el entrenamiento previo no tiene mucho sentido. En cuanto al equipamiento, de Rojas me fui con la bici, una carpa, una bolsa de dormir, un aislante térmico, un calentador, una ollita, un tenedor, cuchara, cuchillo, abrelatas, las cámaras de fotos: una réflex y una GoPro y la ropa justa.

-¿Cómo era un día de tu vida durante los meses que estuviste viajando?
-La rutina variaba según la zona. En el norte pedaleaba menos kilómetros por día el tema de la altura y, como hacía tanto frío, trataba de dormir en algún pueblo, pasar la noche bajo techo porque hacían temperaturas de -20º. En el centro del país, al no haber altura, aprovechaba para hacer más kilómetros en bici, y ya en el sur había mucho viento, con ráfagas de hasta 140 km/h, entonces los tramos de pedaleo eran más cortos. No tenía horarios para acostarme o levantarme, a la noche me iba a dormir temprano porque en la carpa cuando oscurecía no había mucho para hacer. Entre las ocho y las nueve me acostaba, al otro día tipo siete ya estaba despierto, desayunaba, desarmaba el campamento y arrancaba. De repente pedaleaba dos horas y paraba, o cuatro horas y paraba.

-¿De qué manera el paisaje influía en tu estado de ánimo, teniendo en cuenta que viajabas completamente solo?
-Al ir en bici, uno va tan lento que siente que es parte del lugar. En el norte ocurre que todo el trayecto tiene paisajes hermosos, en cambio en el sur, tal vez había tramos de 300 kilómetros vacíos y de repente aparecía el Monte Fitz Roy o el Glaciar Perito Moreno y te quedabas alucinado. Las rutas del sur se vuelven eternas, lejos de angustiarme, por momentos pensaba “qué hago acá” pero cada noche me fui a dormir muy tranquilo y feliz por lo que transitaba. En el norte la gente es muy cálida, muy hospitalaria, eso a mí me dio mucha fuerza durante la primera etapa, poder compartir cenas con personas desconocidas o participar de la celebración de la Pachamama, volví muy enriquecido en ese sentido.

-¿En qué aspectos este viaje te modificó en lo personal?
-Me di cuenta de que lo indispensable uno puede tenerlo encima, que no hace falta más. Me tocó atravesar una tormenta con dos días de lluvia y uno de nieve, yo estaba solo en la carpa, sin señal. Durante esos tres días no vi ni me comuniqué con nadie y estando solo uno se encuentra con uno mismo, me pude analizar de adentro para afuera, conocer quién soy de verdad. Por otra parte, el hecho de estar con gente que tiene otra forma de ver la vida me hizo crecer muchísimo, darme cuenta de cuáles son las cosas importantes de verdad, que por la rutina no la podemos ver.

-¿Considerás que la experiencia tuvo que ver más con lo mental y lo psicológico que con lo físico?
-Totalmente. Cuando mi compañero de viaje decidió volver fue, quizás, el momento más difícil, porque comenzaba un viaje completamente distinto al planeado. La clave fue confiar en mí mismo, mantenerme fuerte, ir adaptándome a las distintas circunstancias que se presentaban. Miedo no llegué a sentir en ningún momento, sí durante los tres días de tormenta reflexioné mucho.

-¿Cómo fue la vuelta a Rojas, a tu rutina?
-Fue difícil. Al estar cuatro meses de viaje pensé que al volver iban a cambiar varias cosas, pero la verdad es que no cambió nada. Hoy mi forma de ver la vida es totalmente diferente, aunque siempre tuve una actitud muy positiva. Poco a poco uno se vuelve a adaptar a la rutina, pero sin olvidar todo lo que se aprendió.

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