Guillermo Lacoste tiene 29 años y desde los 15 se dedica a jinetear.
Guillermo Lacoste tiene 29 años y desde los 15 se dedica a jinetear.
HERENCIA FAMILIAR

Guillermo Lacoste, el jinete de Lincoln que sueña con domar en Jesús María

Luego de nueve meses de receso por una lesión en su mano, volvió a subirse a un caballo en la Fiesta del Cerro desarrollada en el Departamento de Maldonado, Uruguay durante el 18 y 19 de marzo. Conocé su historia.

Hace 29 años Guillermo Lacoste nació en un campo de Lincoln. Desde chico estuvo vinculado a los caballos y a las actividades campestres. Su abuelo, padre, tíos y primos siempre jinetearon y como no podía ser de otra manera, él también se animó. Fue así que en el campo “jugaba” a montar terneros o potrillos, y a sus 15 años hizo su debut oficial en Alberti.

"El sueño mío era montar en una jineteada, entonces mi papá me llevó a la doma y me dejó probar. Me fue muy bien y volvimos contentos”, relató Guillermo y agregó “ya a la cuarta vez que domé saqué un premio y me entusiasmé, así que traté de andar un poco más”. 

De esa manera, el jinete comenzó a participar de distintas fiestas populares de la Región y del país, como San Luis, Santiago del Estero y Córdoba. De a poco, se fue profesionalizando y haciéndose conocido en el ambiente. Tanto, que el pasado 18 y 19 de marzo representó al país en el Fiesta del Cerro que se llevó a cabo en el Departamento de Maldonado en Uruguay.

"En mayo del año pasado sufrí un accidente, hacía nueve meses que estaba sin montar por una fractura que tuve en una mano; me quebré jineteando en Carlos Tejedor y me hicieron todos los estudios, hice toda la rehabilitación y la idea era arrancar en febrero, entonces hablé con los médicos y me dijeron que no podía arrancar”, contó Guillermo y mencionó: “Seguí en espera, aunque yo estaba apurado para subir. Entonces, en marzo, volví a montar en Lincoln porque ya estaba bien del brazo y ahí me llegó la propuesta de viajar a Uruguay. En un primer momento, el cupo argentino ya estaba cubierto, pero luego se liberó uno más y me invitaron”. 

Representante argentino

En ese sentido, Lacoste expresó que representar a Argentina fue algo que nunca imaginó. “Siempre mi sueño fue llegar a Jesús María, es como un mundial para nosotros. Si bien fui a muchas clasificaciones, nunca logré pasar”, confesó y agregó “esto fue muy emocionante también, porque nunca me imaginé que me iban a invitar para representar a mí país. Cuando recibí la noticia me puse feliz, no caía, así que fue todo muy rápido. Hablé con mis patrones, les comenté la situación y me dieron la autorización para viajar. En menos de una semana organizamos todo y viajamos a Uruguay". 

De esta manera, si bien no ganó la competencia, sus marcas fueron muy buenas y dejó la bandera celeste y blanca en lo más alto de la jineteada. Tanto que, a su regreso, el propio intendente de Lincoln, Salvador Serenal lo recibió junto a los Bomberos Voluntarios de la ciudad, familiares, amigos y público en general en las puertas del Palacio Municipal. 

“Me llevé una sorpresa muy grande y me emocioné mucho porque, como siempre cuento, esto lo hago con el corazón y es mi deporte favorito. Es algo muy costoso porque es todo a fuerza de sacrificio y hoy es muy caro moverse”, sostuvo Guillermo y reconoció que “lo que más me gusta de la jineteada es cosechar amigos y saludarme con todos. Ese es el premio que me traigo a mi casa. Después, obviamente es lindo traerse un premio, pero soy un agradecido de la vida por la cantidad de gente que he conocido”. 

Herencia familiar

Lacoste heredó su amor por la jineteada de toda su familia. Su abuelo, su padre, tíos y primos realizaron el mismo deporte en algún momento de sus vidas. Es algo que lleva en la sangre y así supieron transmitírselo sus propios genes. “Con mi papá también tenemos tropillas de jineteada, siempre estuvimos en el ambiente”, dijo. A pesar de ello, Guillermo, hoy padre de Luciano de apenas dos años, aseguró que no le va a inculcar a su hijo ser jinete.

“Voy a dejar que él decida lo que quiera hacer”. En ese sentido, explicó que, aunque es muy lindo el tema de la tradición, como varias veces sufrió accidentes y muchas veces estuvo “estropeado”, no le gustaría que su hijo pasara por las mismas cosas.

“Nunca me asusté jineteando, la verdad que es un deporte que si tenés miedo no lo podés hacer, porque vos estás compitiendo contra un animal y si tenés dudas, no tenés que subir, porque te juega en contra”, aseguró Guillermo y concluyó “mi sueño es poder llegar a Jesús María, es la meta que quiero cumplir. Pero por ahora, sigo viviendo el presente y todo lo que me va sucediendo”.

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