“Los mandamientos son el piso pero para los cristianos no hay techo para el amor”
ROBERTS

“Los mandamientos son el piso pero para los cristianos no hay techo para el amor”

En una misa celebrada en la parroquia San Bernardo, de la localidad de Roberts (partido de Linocln), el obispo de Nueve de Julio, monseñor Ariel Edgardo Torrado Mosconi, instituyó acólito al seminarista Rodrigo Álvarez.

El obispo de Nueve de Julio, monseñor Ariel Edgardo Torrado Mosconi, instituyó acólito al seminarista Rodrigo Álvarez, en una ceremonia celebrada el lunes 19 de agosto, en la parroquia San Bernardo, en la localidad de Roberts, partido de Lincoln, en coincidencia con las fiestas patronales de esa localidad.

Durante el rito de la bendición, se especificaron sus funciones: A partir de ahora, el flamante acólito ayudará al diácono y prestará su servicio al sacerdote. Tendrá las funciones de impartir la comunión cuando faltan los ministros por algún motivo o cuando el número de los comulgantes sea demasiado elevado; en circunstancias especiales podrá exponer y reservar el Santísimo Sacramento aunque aún no podrá dar la bendición eucarística. Asimismo, podrá formar y adiestrar a monaguillos y otras personas que ayudan en el servicio del altar. Los padres del nuevo acólito, Mariana Gómez y Miguel Alvarez acercaron las ofrendas al altar. Lo acompañaron además su abuela Elda (Tota), así como otros familiares, amigos y allegados.

Durante la ceremonia, monseñor Torrado Mosconi exhortó a los presentes a rezar por el nuevo acólito y recordó que “los mandamientos son el piso pero que los cristianos no tienen techo para el amor”. Aprovechó la oportunidad, en plenas patronales de San Bernardo a citar una frase del santo: “la medida del amor es amar sin medida”. En su homilía, el obispo realzó la importancia de este ministerio y exhortó a todos los presentes “a renovar y animar la fe y el amor entre todos sus hermanos”.

Finalmente, el prelado entregó al joven el cáliz y la patena, y lo exhortó a que viva de acuerdo con lo que profesa para ser verdadero merecedor de realizar el servicio del altar. Durante la celebración, el flamante acólito desempeñó por primera vez su ministerio colaborando en el altar y distribuyendo la Sagrada Comunión.

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