La fábrica de prepizzas, un emprendimiento de inclusión y trabajo
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La fábrica de prepizzas, un emprendimiento de inclusión y trabajo

Desde el mes de marzo, funciona en Lincoln la fábrica de prepizzas un proyecto conformado por seis chicos con discapacidades que obtienen, mediante el trabajo y el aprendizaje, un oficio y sustento.

La Fábrica de Prepizzas es uno de los emprendimientos comunitarios que se desarrollan en la ciudad de Lincoln. Coordinados por una psicóloga social, seis jóvenes emprendedores con y sin discapacidad, se propusieron en el mes de marzo comenzar a aprender un nuevo oficio: ser maestros pizzeros.

De este modo, trabajan todos los días en el horario de 8 a 12 horas en la Unidad Productiva del CCB del Barrio Plaza España para darle forma a esta institución comunitaria que significa, para ellos, la posibilidad de aprender un oficio y adquirir las herramientas para tener su propio sustento económico y, para la comunidad, la oportunidad de colaborar y comprar prepizzas de buena calidad y a buen precio.

“El proyecto nació por una necesidad de darle una inclusión laboral a jóvenes. Algunos de ellos ya venían trabajando desde el Taller Integral y otros son de la comunidad. Lo conforman seis jóvenes, que son todos mayores de 18 años, y una coordinadora”, explicó en diálogo con Democracia Valeria Menna, secretaria de Acción social de la municipalidad de Lincoln.

El proyecto empezó con la idea inicial de armar 30 prepizzas por día, pero en apenas un mes, el objetivo se duplicó y hoy los jóvenes ya fabrican hasta 70 unidades diariamente.

Impulsado desde la Dirección de Discapacidad coordinada por la secretaría de Acción Social del Municipio, este emprendimiento persigue tres objetivos de Desarrollo Sostenible: el primero es un llamado a la adopción de medidas para poner fin a la desigualdad y a la pobreza así como la protección del planeta. El segundo objetivo es reducir la desigualdad y, en tercer lugar, garantizar alianzas públicos-privadas. “En este caso hicimos una alianza con Molinos Tassara, quienes nos dan 800 kg de harina para tres meses de trabajo”, puntualizó Menna.

El objetivo, a corto plazo, es que los jóvenes logren fabricar cien prepizzas diarias. “Lo que los chicos fabrican se vende en minimercados, almacenes, en la Unidad de Producción y también a pedido”. Pero, también, los chicos arman eventos especiales para poder vender sus productos. Hace apenas unos días, hicieron una “Gran Pizzeada” donde el desafío se duplicó: “no sólo se trató de armar prepizzas sino que hicieron pizzas completas por pedido y se vendieron a la comunidad”.

Cuando llega fin de mes, todos los jóvenes que participan de este proyecto obtienen su ganancia. “Los chicos reciben un dinero de lo producido. Se guarda una parte para volver a producir y la coordinadora tiene registrado quienes asistieron todos los días, y en base a eso, se va dividiendo el porcentaje que tiene cada uno para cobrar”, explicó Menna.

Los chicos y sus familias tienen, hasta ahora, un balance positivo del emprendimiento. “Las familias están muy contentas porque están siendo un grupo de trabajo que se puede identificar con cualquier otro grupo, y ellos lo sienten. Están felices con lo que hacen, se sienten útiles, valorados y sienten que lo que hacen puede servir para sustentar su vida. Están aprendiendo algo que saben que en cualquier momento van a poder hacerlo solos”, concluyó.

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