El seminario potencia la creatividad, el desarrollo y las relaciones sociales.
El seminario potencia la creatividad, el desarrollo y las relaciones sociales.
CHACABUCO

Seminario de Origami con cualidades terapéuticas en la Casa de la Cultura

“El arte de doblar papel” cuenta con más de 30 participantes. Aseguran que ayuda a potenciar el ingenio, mejorar la paciencia y la motricidad fina.

Argentina se ha nutrido a lo largo de su corta historia de arte y culturas de diferentes partes del mundo. Del modo inverso, la cultura japonesa ha exportado a diferentes rincones del planeta sus tradiciones y actividades. El Origami, es una de ellas. Se trata de una manera de entretenerse potenciando la parte más creativa de una persona. Incluso resulta terapéutico.
En Chacabuco surgió desde hace un tiempo una idea innovadora que crece y no para de sorprender. Mediante un Seminario de Origami denominado “El arte de doblar papel”, varias personas han encontrado en dicho espacio un lugar para aprender, crecer y renovarse. 
Silvia Giménez, profesora de arte y de porcelana fría, está a cargo del seminario gratuito que se realiza una vez por mes en la Casa de la Cultura en el que participan más de 30 vecinos.

Un arte nuevo

En diálogo con Democracia, la profesora contó que “la gente empezó a descubrir un arte nuevo”, que, si bien es conocido, muchos no sabían la técnica que puede llegar a formar un hábito terapéutico. 
“Una vez que tomás el papel, comenzás a doblarlo y a entender la técnica te empieza a atrapar. Lo bueno es que mejora, por ejemplo, la motricidad fina. Vas e empezar a estilizar los dedos y a ejercitarlos para poder doblar el papel de una manera mucho más fácil”, explicó.
Además de los beneficios terapéuticos, el seminario potencia la creatividad, el desarrollo y las relaciones sociales. El inicio parece simple, pero en esa simpleza comienzan los desafíos. Giménez detalló que todo comienza con aprender a hacer con un papel un cuadrado, utilizando únicamente las manos; es decir, sin tijeras. “Se empieza a doblar el papel hasta llegar a formar un cuadrado. Esto se aplica para todas las figuras que se deseen hacer. Y cada vez que se doble el papel, se tiene que reforzar el doble para que quede marcado”, relató.
“Todos van por la grulla. Pero para llegar a ella tenemos que dar muchos pasos y hacer figuras”, admitió la profesora. El atractivo de lograr lo que se busca con las manos es algo superador que se obtiene trabajando mucho la paciencia, en un mundo en el que todo debe ser de inmediato. La profesora de porcelana fría relató que las personas que concurren al taller llegan con tijeras y muchos otros elementos para trabajar, y luego terminan dándose cuenta que sólo necesitan sus manos, un pedacito de papel, el ingenio y, justamente, la paciencia. “Cuando se dan cuenta de que todo lo que trajeron no sirve, empiezan a calmarse”, admitió.

Curiosidad por el arte

Los participantes llegan al curso “a ver qué pasa” y terminan saliendo de la sala con otra energía. “Una vez que terminamos la primera parte del seminario, empezamos a hacer figuras un poco más complejas y con distintos pasos. Todos quieren llegar a la grulla. Lograr el movimiento es maravilloso”, admitió. 
Las concurrentes del seminario han ido popularizando el mismo a través del “boca en boca”. El curso está dividido en dos grupos por una cuestión de espacio, pero principalmente porque el taller requiere de cierta atención personalizada. “hay que sacarse el mido del “no voy a poder”, primero hay que animarse a dar el primer paso”, remarcó Giménez.
Además del Seminario, la profesora asiste a centros de día, hogares y geriátricos para colaborar mediante la técnica a mejorar la motricidad de las personas que lo requieran. 
“Lo bueno es que todos van a poder llegar a hacerlo”, sostuvo. La profesora de porcelana fría también es óptica contactóloga y, en más de una oportunidad, utilizó la técnica de Origami para con chicos que llegaban con cara de susto a su consultorio. “Les hacia una grulla y al instante se les dibujaba una sonrisa en la cara”, comentó.
Todo lo que es arte cura el alma. En plena pandemia, la profesora realizó muchas actividades para que las personas que estaban encerradas en sus casas pudieran sacarse el dolor que tenían dentro. “El arte cura siempre. Hay que hacer cosas para que nuestra creatividad surja y tengamos buenos pensamientos”, reflejó.

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