CHACABUCO

Amigos con valores: comparten la amistad a través de las acciones solidarias

El vínculo los condujo no solo a compartir jornadas de trabajo, mates, asados y anécdotas, sino también a estar juntos para dar una mano a quienes más lo necesitan. Jóvenes y adultos de Chacabuco compartieron sus historias con Democracia.

Hay amistades en las que se comparte mucho más que una tarde de mates, sábados de asados o charlas reflexivas hasta largas horas de la noche; muchos jóvenes y adultos se agrupan con el fin de dar una mano a quienes más lo necesitan y así se forjan vínculos que se consolidan a través del trabajo solidario y el interés por estar allí donde hay un derecho vulnerado, una familia desabrigada o un niño sin torta el día de su cumpleaños.
En diálogo con Democracia, cuatro grupos de amigos de la ciudad de Chacabuco, contaron sus experiencias acerca de compartir actividades solidarias junto a las personas con las que han recorrido buena parte de sus vidas.

“Hacemos tortas para quienes menos tienen”

Meses atrás, la vecina y repostera de Chacabuco Florencia Sandez vio una publicación en las redes sociales que enseguida la cautivó para sumarse a la movida solidaria “Sin torta no hay cumpleaños”. A partir de su habilidad para elaborar cosas dulces y el deseo de ayudar a quienes más lo necesitan, Florencia emprendió la iniciativa que hoy crece cada vez más en la ciudad. Junto a un grupo de amigas reposteras, se ocupan de hacer tortas para que no le falte a ningún niño que no tenga la posibilidad de tenerla el día de su cumpleaños.
En diálogo con Democracia, Florencia contó cómo se transformó en la referente de la iniciativa en Chacabuco y se refirió a la emoción de ver a un chico sonreír al momento de soplar las velitas de la torta.
“Somos cuatro, nos hicimos amigas por este proyecto, seguimos con el Hogar Máximo Gil, sumamos los merenderos del Club San Martín y el de Las Palmeras, son 150 chicos en total, compartimos historias re lindas, estamos felices por estar juntas en esto y hacer lo que nos gusta, muchas veces, comprando ingredientes con dinero de nuestro bolsillo.”

“Todo lo que hacemos es para los chicos”

“Hace dos años organizamos en el Club Rivadavia un torneo nocturno, de veteranos, no se trataba de algo competitivo, tenemos todos cuarenta años, pero queríamos volver a juntarnos las clases 77 y 78, que habíamos jugado juntos toda la vida, así que desde la Comisión Directiva nos dieron el visto bueno y avanzamos”, contó a Democracia Adrián Chilano, vecino del barrio donde está ubicado el club y agregó que “en principio pusimos una garantía para jugar, había que portarse bien para que después te devolvieran el dinero, juntamos cerca de ocho mil pesos entre todos los equipos y luego decidimos donarlo al merendero del club”.
Luego se hizo de nuevo el torneo y, a partir de ahí, cinco jugadores que se habían reencontrado después de muchos años para jugar, se unieron a la Comisión Directiva y comenzaron a trabajar para que no les falte nada a los chicos que asisten al Club Rivadavia de Chacabuco, que no cobra cuota social. “Empezamos a hacer rifas, conseguimos materiales de construcción para el merendero, trabajamos para el club; cuando Gonzalo Figueroa, el presidente, me dijo de formar parte, enseguida dije que sí, porque el trabajo que está haciendo, junto a Cristian Figueroa y el equipo, es increíble, no hay en Chacabuco otro club solidario como Rivadavia, van entre ochenta y cien chicos y no cobramos cuota, lo hacemos todo a pulmón”, dijo Chilano a Democracia.
“Entre todos tratamos de conseguir material deportivo, gente que cocine en el merendero, los sábados van a almorzar los chicos del barrio, hacemos los mandados” dijo Chilano y agregó que “del equipo de veteranos que quisimos formar, ahora trabajamos a la par de la comisión y el fútbol pasó a ser lo menos importante”.

“Convoqué a otras mujeres para tejer”

“El cuadradito que abriga” es una iniciativa que se lleva adelante en Chacabuco desde hace varios años y consiste en armar encuentros en los meses de bajas temperaturas para que, quienes sepan tejer o coser, se acerquen a armar mantas y luego donarlas a quienes más las necesitan. En diálogo con Democracia, la docente jubilada Patricia Dentella (57) e integrante del grupo de tejedoras desde hace seis años, contó cómo convocó a sus amigas para que se sumen a la actividad.
“En mi caso, al ser docente jubilada, he sumado a compañeras de trabajo, algunas ya jubiladas y otras en actividad”, contó Patricia y agregó que “no necesariamente tenían que ir a las reuniones de tejedoras sino que tejían en sus casas y después me lo arrimaban”.
Por otro lado, Patricia Dentella contó que “yo me enganché con una invitación a un tejetón que se hizo hace seis años en un salón y, a partir de ahí, empezamos a tejer, el que sabe teje a crochet, otros con dos agujas, el que no sabe tejer se suma a la rueda de mate, otros tampoco saben y cosen los cuadraditos solidarios, así empezamos. Con el tiempo, las que ya hace bastante que vamos, año tras año sabemos que en marzo arranca la actividad y se extiende durante la temporada de invierno. Con el frío, la actividad es más intensa, es mayor la demanda. En cada tejetón se tejen cuadraditos o tiras y se van cosiendo para armar las frazadas”.

“La actitud solidaria se contagia”

Javier Corbacho es un vecino chacabuquense que forma parte de la Red Solidaria junto a sus amigos. “Tenemos la suerte de tener a Red Solidaria en Chacabuco, la idea nace desde el contagio; ese grupo genera eso a través de sus redes sociales, sus acciones, su forma de ponerse en el lugar del otro; particularmente me pasó eso: un día me contacté y empecé a hacer actividades con ellos, somos un grupo de 15 amigos, de los cuales, ocho o nueve seremos ‘activos’ en este tipo de actividades, los demás, por falta de tiempo, siempre son parte de la ‘vaquita’ para tal o cual cosa”.
Generalmente, Javier y sus amigos participan de las actividades de la Red Solidaria, de las de distintos clubes, e incluso han ido a cocinar al Hogar Máximo Gil. “Siempre digo que no imagino una vida sin amigos, ponerse en el lugar del otro es algo que sentimos, que creemos necesario, muchos tuvimos infancias duras tanto desde lo económico, o desde la pérdida de algún familiar muy cercano, muchas veces nos reímos o nos hacemos algún chiste con respecto a eso, es eso lo que nos une aún más a este tipo de cuestiones pero coincidimos en que tuvimos la suerte de haber nacido en el lugar de los que tenemos algo para dar”.
Por su lado, Juan Maggi, integrante del grupo de amigos, dijo a Democracia que “es gratificante hacer estas actividades con amigos, con las personas con las que uno elige compartir la vida y, además, se producen vínculos con personas que necesitan verdaderamente una mano y que siempre, de alguna manera, eso te lo devuelven, ya sea con una sonrisa, un abrazo o simplemente un gracias que tiene mucho valor”.
En tanto, Enzo Varela, otro de los chicos del grupo, señaló que “cuando estás ayudando y ves a tu amigo a la par, ratificás esa amistad, cada vez estás más seguro del valor de esa amistad y siempre recuerdo una frase que dice: ‘la felicidad es hacer felices a los demás’”.

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