“Se generan lazos muy fuertes y los chicos sienten cariño por el club”, dijo Figueroa.
DEPORTE Y SOLIDARIDAD

Cerca de 40 chicos meriendan por día en el Club Rivadavia de Chacabuco

La iniciativa de ofrecer una taza de chocolate caliente con facturas la tuvo un ex jugador del club el día que uno de los más pequeños le dijo que, al llegar a su casa, se bañaba y se iba a dormir. Hoy, dan la merienda a más de 150 niños que juegan en la institución.

El Club Rivadavia de Chacabuco está ubicado en uno de los barrios más humildes de la ciudad, allí asisten alrededor de 150 chicos para jugar al fútbol y cerca de 25 mujeres para practicar hockey. Se trata de un predio de cinco hectáreas que cuenta con una cancha construida hace dos años y también con una cantina donde funciona el merendero, un espacio de cien metros cuadrados, cocina y cuatro baños que ofrece una taza de leche caliente y facturas a los chicos luego de la práctica. Por día, cerca de cuarenta niños comen algo antes de volver a casa y, los sábados, se acercan todos para almorzar. 
Un día, tras terminar el partido, uno de los jugadores de categorías inferiores le dijo a otro mayor que, al volver a su casa, se bañaría, tomaría una taza de té y luego se acostaría a dormir, con la panza vacía. Esa declaración dejó pensando al jugador y fue el puntapié para dar lugar a la iniciativa de comenzar a darles la merienda a los jugadores pequeños para que no se vayan a casa sin haber comido. Así arrancaron, de a poco. Hoy, con la desinteresada ayuda de los vecinos que acercan donaciones, se encuentran en la instancia final de la construcción del merendero. “Comenzamos hace dos años y ahora resta hacer los trabajos de revoque en la parte exterior, pintura, arreglos de electricidad y colocación de pisos”, contó a Democracia el presidente del Club Cristian Figueroa y agregó que “se les da la merienda a chicos de entre 5 y 14 años, serán 150 en total pero cada día van cerca de cuarenta, porque los más chiquitos practican martes y jueves; y los otros lunes, miércoles y viernes”.

Los sábados, un grupo de profesoras jubiladas llega al club para preparar el almuerzo. “Son alrededor de veinte, le han dado mucho impulso a los almuerzos, se encargan de conseguir las cosas, las donaciones, se van rotando”, dijo Figueroa y agregó que “el sábado anterior les hicieron polenta con chorizo, el otro les prepararon asado con puré y de postre frutas; las meriendas son mate cocido, leche con chocolate, facturas, recibimos donaciones de galletitas”. El encargado es Kevin Inclan, él empezó con todo: a sumar gente y donaciones; era jugador, se lesionó y hoy no está jugando pero es parte de la comisión directiva. 
“Nuestro club está en un barrio con muchas necesidades, con familias humildes, al comienzo se entusiasmaron cuatro o cinco jugadores con la propuesta, comenzaron a recibir donaciones, se sumó Red Solidaria Chacabuco y un montón de gente colaboró con donaciones, porque el que viene de abajo sabe lo que es estar bien abajo, la verdad es que la gente dona mucho”, dijo el presidente del club a este diario y agregó que “al merendero se sumó también el grupo de ‘veteranos’, ellos hicieron una rifa para poder comprar el piso y siempre buscan maneras de ayudarnos, porque hoy cuesta mucho construir algo”.

Cristian Figueroa consideró que en el club se establecen lazos sociales que trascienden lo estrictamente deportivo y apuntó que “la mayoría de los chicos se encariñan de una manera muy especial con la institución y todas las personas que están acá, porque estas son cosas que en otros lados no pasan, hay clubes donde las familias tienen otra posición económica y de estos temas ni siquiera se habla” y agregó que “en nuestro club nadie paga cuota social, tenemos muchas falencias económicas: no les cobramos nada pero les damos botines, bicicleta, ropa, de todo; tenemos subsidio del municipio, un alquiler de la antigua oficina del club, tenemos cuota social con 120 socios, hacemos rifas de bicicletas, motos, tenemos el apoyo de los ‘veteranos’ del club y se van haciendo cosas pero la situación económica está difícil para todos; es un trabajo de hormigas, sería bueno tener el apoyo de alguna empresa de Chacabuco”.