DATOS DE UN ESTUDIO PRIVADO SOBRE LA PROVINCIA

Cayeron los envíos nacionales y aumentó la presión tributaria

La baja general en las transferencias desde la Nación se compensó con el aumento de los impuestos y los fondos propios.

En la última década, las transferencias automáticas nacionales que recibe Buenos Aires evidenciaron una baja importante, lo que significó que fueran teniendo una menor incidencia en el total de recursos con los que cuenta la Provincia. Este descenso fue en parte compensado por más envíos de fondos de carácter discrecional. Sin embargo, la importancia de éstos últimos envíos en la masa de recursos totales provinciales también ha ido disminuyendo en los últimos años, lo que obligó al gobierno bonaerense a incrementar sus recursos propios. 

¿Cómo? Aumentando la presión tributaria. Esta es la conclusión a la que arriba un reciente trabajo sobre las finanzas públicas de la provincia de Buenos Aires publicado por el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la cordobesa Fundación Mediterránea, basado en números oficiales del ministerio de Economía de la Nación. Buenos Aires, como todos los distritos del país, tiene varios canales por donde ingresan fondos. 

Uno de ellos: las llamadas “Transferencias nacionales”, que pueden ser “Automáticas” (las que llegan por la coparticipación federal de impuestos y otras leyes especiales) o “Discrecionales” (atadas, sobre todo, a un criterio político). 

Según el trabajo del IERAL, el 2001 marca el punto donde empiezan a caer las transferencias automáticas que recibe la Provincia: aquel año de la última gran crisis, el 45% de los fondos que tenía Buenos Aires para sus gastos provenía de este mecanismo. 

Luego el porcentaje mostró una baja constante hasta llegar a un mínimo del 34% en el 2010, que repuntó levemente en 2013 situándose en 34,6 %. En cuanto a las transferencias discrecionales, en aquel 2010 que registró el menor porcentaje de envíos automáticos, significaron para la Provincia el 15,5% de los fondos que tuvo para financiarse, mientras que el año pasado implicaron apenas el 5,1 % del total del dinero que entró a las arcas provinciales. Más datos: en el citado 2010, y en base a esas dos formas de transferencias nacionales, Buenos Aires dependía en un 52% del dinero que le enviaba la Casa Rosada; en 2013 dependió sólo en un 41% de esos fondos frescos. Eso significa que, actualmente, la Provincia se financia sobre todo con recursos propios. 


Buscando ingresos 


Este descenso en la plata que llega desde la Nación explica porqué debieron aumentar los ingresos propios de la Provincia. Fue un mecanismo para reemplazar las transferencias nacionales, ya que descendieron las automáticas pero también las discrecionales. Encima estas últimas, de brusca caída, habían pasado a tener mayor importancia en las arcas provinciales a partir del 2004. 

Es que en ese año, hace ya una década, el gobierno nacional había comenzado a compensar la caída de los montos que enviaba en forma automática con más fondos que no están atados a obligaciones legales. Para ser claros: la pérdida que tuvo Buenos Aires en el total de transferencias automáticas nacionales desde el año 2002, pero que fue especialmente notable desde el 2004, fue primero parcialmente sustituida por mayores transferencias discrecionales (lo que llevó a que disminuyera el grado de autonomía política provincial) y luego por una importante suba en la presión tributaria bonaerense, dispuesta por Daniel Scioli, que ayudó a mejorar los ingresos propios. 

El aumento de la presión tributaria provincial resulta muy claro: alcanzó un valor de 6,3% del Producto Brutos Geográfico (los bienes y servicios que produce el distrito) en el año 2012, un punto porcentual más respecto al promedio del resto de las provincias. 

Si los envíos discrecionales cayeron por una decisión política nacional, cabría preguntarse por qué han caído las transferencias automáticas, que están resguardadas de ese peligro. Paradójicamente, una receta que fue pensada para mejorar las finanzas provinciales terminó perjudicándolas. Hablamos del Fondo del Conurbano, creado en la década del 90 para mejorar la situación en la que había quedado la Provincia luego de algunas modificaciones realizadas la Ley de Coparticipación de Impuestos en los años 80. 


Problema histórico 


El repaso histórico que plantea el trabajo ya fue abordado por este diario. En 1994, Buenos Aires recibía de manera automática (esto es: por coparticipación de impuestos y las otras leyes especiales) el 25% del total de los recursos que la Nación transfería a las provincias. En 2013 esa incidencia cayó al 19%, en gran parte por la desactualización del Fondo del Conurbano. 

De haber mantenido la participación inicial, el año pasado la Provincia hubiese recibido $ 13.000 millones extras, advierte el IERAL. 

A riesgo de caer en una simplificación, puede decirse que el problema fue que en el ´95 a ese Fondo se le puso un “techo” nominal, cuyo efecto real fue producir una tendencia a la baja en el largo plazo en la relación entre los recursos que recibe Buenos Aires y los que recibe el resto de las provincias. Para ponerlo en números: cuando se implementó el Fondo del Conurbano, Buenos Aires recibía transferencias automáticas por habitante por el equivalente al 54% de lo que recibían en promedio el resto de las provincias. 

Pero luego, con el tope, empieza un período de declive relativo llegando al 2013 con una equivalencia de sólo el 40% de lo recibido por el resto de los distritos. Lo dicho: parte de la pérdida relativa de los envíos automáticos per cápita fue compensada a través de las “transferencias discrecionales”. 

Que, como se detalló anteriormente, también fueron achicándose en los últimos 4 años. Lo que derivó en que mejorara la recaudación de impuestos provinciales porque se aumentó la presión impositiva sobre las empresas y los habitantes de Buenos Aires para buscar esos fondos que ya no estaban llegando desde el gobierno nacional. Ese aumento de los ingresos propios, sumado a la contención del gasto público –tanto corriente como de capital, que se ubicaron por debajo de la inflación real- hicieron que la Provincia recuperara en 2013 un superávit primario (antes del pago de servicios de deuda) como no se veía desde el año 2010.

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