OPINION

De la recuperación de las libertades a la conquista del desarrollo argentino

Conmemoramos 30 años de ejercicio ininterrumpido de la soberanía popular y de vigencia del Estado de Derecho.
Nuestras coincidencias fundamentales e irrenunciables son la supremacía de la Constitución, la libertad, la igualdad ante la Ley, los derechos sociales y el equilibrio de poderes.
Aprendimos a conducir en paz los desacuerdos y a resolverlos a través de las urnas, manteniendo en alto los más profundos valores republicanos.
Atravesamos momentos de gravísimo riesgo institucional (alzamientos, renuncias, crisis económicas), pero las líneas de juego planteadas en la Constitución se sobrepusieron a esas situaciones de verdadero “estado de excepción”.
La fisonomía de esta Democracia la muestra intensa, plural y de grandes debates.
Las políticas de Estado puestas en marcha durante los gobiernos elegidos desde 1983 hasta hoy, demuestran la importancia de concentrarnos en las coincidencias más que en las diferencias.
En esta Democracia, los argentinos reconquistamos el derecho al voto y a una enorme cantidad de derechos políticos (recuperados y nuevos, también), de la libertad y de los derechos humanos.
Como una forma de reparación histórica y de establecer la veracidad de hechos de un pasado que nunca queremos repetir, supimos producir El Juicio a las Juntas Militares y la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
La diplomacia democrática, en la que el Congreso tuvo un papel muy importante y la voluntad política de nuestros presidentes también, logró establecer lazos pacíficos y profundos con nuestros países limítrofes.
En Democracia edificamos el Mercosur y la Unasur, y participamos de los principales espacios internacionales de debate y decisión, de los que ayer en la ONU y hace unos días en el G20 tenemos un ejemplo.
De manera inclaudicable, fue política de estado la reivindicación por vía diplomática de nuestros derechos sobre las Islas Malvinas.
Con avances y retrocesos, la oportunidad de desarrollarnos es mayor porque supimos generar una modernización agroindustrial y productiva.
Acordes con las exigencias de un Estado del Siglo XXI y la convivencia democrática, profesionalizamos nuestras fuerzas armadas y decidimos el fin del servicio militar obligatorio.
Generamos la discusión, y la recepción institucional y práctica de nuevos derechos constitucionales.
Abandonamos la economía de la especulación inaugurando un ciclo de perfil productivo con la protección de nuestro mercado interno y el impulso reindustrializador.
En otro rasgo de recuperación de la soberanía y del control de herramientas macroeconómicas, nos animamos a un inédito desendeudamiento, expresado en las cancelaciones con el Fondo Monetario Internacional y otros acreedores externos.
Establecimos como valor compartido que el trabajo es el eje económico y social.
Forjamos, con políticas redistributivas variadas y un mayor financiamiento educativo, una vigorosa clase media.
Supimos generar inclusión social a través de la Asignación Universal por Hijo.
Los méritos de la Democracia son de todos. Queda mucho por hacer y esto también depende de todos.
Se trata, con mucha responsabilidad, de cuidar lo que logramos y desde allí proyectarnos al futuro, para responder a las nuevas demandas de nuestra sociedad.


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