TRASTIENDA POLÍTICA

El sello del candidato en la campaña del Frente para la Victoria

Martín Insaurralde lo decidió apenas se insinuó el resultado desfavorable de las Primarias de agosto pasado: la campaña para las elecciones legislativas debía tener un cambio de rumbo. El problema no había sido él, le dijeron varios de sus colegas intendentes que también pedían un viraje, sino la obvia ola de voto castigo contra Cristina Kirchner y, claro, la astucia de Sergio Massa de canalizar ese descontento mejor que nadie.
En la intimidad de su equipo la queja que se escuchó fue que el lomense, debido a la situación de debilidad objetiva que representaba su bajo nivel de conocimiento inicial, había aceptado sin chistar un papel demasiado pasivo en la previa de las PASO, con poco poder de decisión respecto a estrategias electorales y al contenido político del mensaje que buscaba transmitir el Frente para la Victoria.
Cuentan fuentes del oficialismo que después de aquel discurso de la Presidenta en las horas posteriores a la caída, en el que insinuó que los votantes no sabían elegir bien, existió una discusión –en buenos términos- entre el primer candidato a diputado nacional del FpV, el gobernador Daniel Scioli y emisarios de Cristina como el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, y los líderes de La Cámpora, Eduardo De Pedro y Andrés Larroque. Allí, Insaurralde consiguió que gente de su riñón participe, con voz y voto, de la mesa de campaña de cara a octubre.

Jefe de campaña


Luego de aquel quiebre, se le escuchó decir al intendente de Lomas de Zamora: “Ahora yo soy mi propio jefe de campaña”. En su momento, dio algunos signos de “independencia”, como los afiches nuevos en los que se cambió el eslogan y sólo aparece su cara o las visitas a distritos de la Provincia sin la compañía permanente de Scioli. Lo contrario, desembarcar en cada pueblo pegado al Gobernador, sucedía antes de las PASO, al punto que el papel de Insaurralde como cabeza de la oferta kirchnerista quedaba bastante deslucido, casi como si fuera un actor de reparto.
Es verdad que el empuje de Scioli sirvió para levantar su nivel de conocimiento, que era bastante más bajo que el de Massa cuando la Presidenta lo ungió candidato. En esta nueva etapa preoctubre, y aunque pueda sonar a excusa para explicar alguna imagen de soledad del candidato que eventualmente sobrevuele el tramo final de la campaña, en el comando de Insaurralde aseguran que seguirán con esa tarea de instalación pero ya sin la permanente tutela sciolista sino por “méritos propios”.
Prueba de ello fue la gran polémica que armó el lomense al proponer la baja en la edad de imputabilidad de los menores, un bombazo que le costó la inicial ira presidencial (Dato: Cristina se contuvo en twitter) y las públicas diferencias con otros integrantes del oficialismo pero que, en verdad, le sirvió para instalar por primera vez un tema propio en la agenda de campaña desde que se anunció su candidatura con los colores cristinistas, el 22 de junio último.
Antes, la iniciativa de proponer temas de los que luego se prendía todo el arco de candidatos -inseguridad, inflación, ganancias, etc.- había sido sobre todo del tigrense Massa, que según todas las encuestas conocidas se encamina a un triunfo holgado. Habrá que ver si la discusión por el tema de los menores, que le mereció un entredicho privado con su compañera de lista y actual titular del bloque K en Diputados Juliana Di Tullo, le sumó algo a Insaurralde o si al cabo del debate termina perjudicándolo.

Nuevas presencias

En aquella mesa de campaña del FpV que quedó reconfigurada, el lomense mechó algunos colaboradores que ahora sí participan en la organización de las actividades del candidato y en el aspecto logístico de las giras. El sciolismo, que bajó notablemente el nivel público de fanatismo por Insaurralde, básicamente marca presencia con la ministra de Gobierno, Cristina Álvarez Rodríguez.
Hay un dato menos conocido que aportan voceros del oficialismo pero de notable importancia política: casi no participa en la toma de decisiones Abal Medina. Otras fuentes, con pocas ganas de que se profundicen las grietas entre Lomas y la Rosada, aseguran en cambio que no está definitivamente corrido. Lo que parece seguro es que de haber tenido peso decisivo, el jefe de Gabinete seguramente habría vetado la visita del candidato K a los medios audiovisuales del Grupo Clarín. Parece una pavada pero es todo un síntoma de que las cosas cambiaron respecto a las PASO.
Aquellas señales de cierto desmarque presidencial de Insaurralde, que no significan negar su condición de cristinista pero si intentar jugar con la idea de que en el cerrado kirchnerismo pueden convivir “matices” (Scioli dixit), tiene una primera fecha marcada: el 22 de septiembre. Ese día es el inicio formal de la campaña electoral para las legislativas, según el cronograma oficial. Son 35 días antes del comicio en los que, se supone, la campaña del oficialismo en particular y del resto de los partidos en general debería tornar hacia una postura más firme y definitoria.
Un dato central en la estrategia del lomense sería lograr que Massa acepte un debate televisado, algo que no compartirían en la Casa Rosada y que habría generado cierta discusión con un encumbrado ministro. Por supuesto que es riesgoso para el de Tigre, que se sabe ganador y puede arriesgar su buena posición. Pero también lo es para Insaurralde porque llegaría a esa discusión en la incómoda posición de tener que defender a un oficialismo que no atraviesa su mejor momento en términos de opinión publica y que, para colmo, viene teniendo resbalones importantes en materia económica y cambiaria; o, en todo caso, lo obligaría a diferenciarse sin vueltas de la Presidenta en algunos temas que considere espinosos o mal manejados por el Gobierno.

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