LA PROVINCIA

Cambiemos, frente al desafío del tiempo y la necesidad de torcer el malhumor social

El tiempo es un tesoro inasible. Si el oficialismo estuviera en condiciones de lograrlo, se aferraría a cualquier mecanismo que pudiera detener la inexorable cuenta regresiva para las elecciones. La carencia de ese preciado insumo se ha transformado en un arma que podría ser letal para los planes del Gobierno, que ahora se abrazó a la esperanza de que la serie de medidas que anunciará en busca de aplacar la disparada de los precios y aliviar el bolsillo de la gente no solo surtan efecto, sino que además lleguen en sintonía con sus necesidades electorales y contribuyan a aplacar el creciente malhumor social.
La apuesta huele a jugada de último minuto. Supone, además, la admisión de la debilidad con la que Cambiemos se apresta a transitar la campaña. María Eugenia Vidal venía insistiendo hace rato en la necesidad de que el Gobierno generara al menos un golpe de efecto que lo sacara de un derrotero decadente. Esa inquietud es atendible: la imagen del presidente Mauricio Macri sigue su lento pero sostenido desplome, en especial en la Provincia donde la Gobernadora acaba de admitir que es el distrito más difícil para las chances oficiales.
Cerca de la mandataria se respiraba un aire de moderado optimismo luego de que su insistencia y la del radicalismo horadara el caparazón de la Casa Rosada custodiado por Marcos Peña. El Presidente buscará con los anuncios en materia económica en la previa de Semana Santa, un golpe de efecto que retemple los ánimos. “Por lo menos se entendió que con la inercia que se venía no se podía hacer campaña”, razonaban cerca de Vidal.

Dudas que abruman
Esa concesión deja al descubierto la tensión que existe en Cambiemos. Varios dirigentes que acudieron a la cumbre bonaerense que convocó el Presidente el viernes en Olivos, se retiraron abrumados de dudas. Ven en sus territorios una realidad que no condice con el optimismo que Peña buscó insuflar en el auditorio. Escuchan las quejas de vecinos y comerciantes que exponen un rosario de argumentos en el que aparecen tarifas, inflación y una abrupta caída de la actividad económica.
Preocupan además otras cuestiones. Acaso un dato que aportaban dirigentes del oficialismo ayude a explicar cómo está impactando la crisis sobre la clase media: se estaría verificando en los últimos meses un sostenido proceso de migración desde escuelas privadas a las públicas por la imposibilidad de muchas familias de pagar las cuotas.
El Jefe de Gabinete, con todo, buscó destilar optimismo. Dijo que la elección se definirá en los últimos 15 días de campaña y que al final, más allá de las dificultades, habrá una posición mayoritaria del electorado que se inclinará por evitar el retorno al poder de Cristina Kirchner. La arenga motivacional no alcanzó a despejar las dudas.
Vidal obtuvo otra concesión. El Presidente firmó un decreto para bloquear un posible ensayo de unidad peronista en territorio bonaerense que reuniera al kirchnerismo y a Alternativa Federal. Al suprimir las listas colectoras, el PJ dejará de soñar con la improbable síntesis de un candidato a gobernador único atado a varias listas presidenciales. La alquimia era de difícil concreción, pero en Casa de Gobierno decidieron curarse en salud: ya demasiadas dificultades deberá afrontar Cambiemos en el proceso electoral bonaerense como para agregarle el eventual enfrentamiento con un peronismo monolítico.

Cristina se consolida
Los avatares oficiales hacen relamer al kirchnerismo. La ex presidenta estaría estirando su ventaja sobre Macri en la Provincia y su candidato a gobernador arrancaría la pelea contra Vidal con buenas posibilidades. En el Instituto Patria, el búnker de Cristina, existe una presunción con fuerte dosis de certeza: en territorio bonaerense no habrá interna para la Gobernación. “No vamos a repetir la experiencia de 2015”, se juramentan. Aquella disputa entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez dejó un tendal de heridos. “Y mucha gente después no trabajó para la elección general”, afirman.
Por eso la idea que se consolida es la del candidato de “consenso”, casi un eufemismo para explicar que si Cristina es candidata a presidente e impone sus deseos, el elegido será Axel Kicillof y que no habrá lugar para el pataleo. Ayer hubo una foto de “unidad” que mostró al ex ministro de Economía y a otros pretendientes como Martín Insaurralde, Verónica Magario y Fernando Espinoza. La postal peronista tomada en Avellaneda es, más allá de cómo se defina esa puja, la señal de que el peronismo K ve que el sueño de desembarcar en la Provincia empieza a sostenerse con mayor firmeza.

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