María Eugenia Vidal durante el timbreo de gestión en Hurlingham, en plena aceleración de la campaña, a cuatro semanas de la elección de octubre.
María Eugenia Vidal durante el timbreo de gestión en Hurlingham, en plena aceleración de la campaña, a cuatro semanas de la elección de octubre.
PANORAMA POLÍTICO DE LA SEMANA

La mirada post octubre que asoma en el PJ

Restan apenas cuatro semanas para las elecciones legislativas de octubre y el peronismo comienza a olfatear un escenario que acaso lo deje expuesto a algunos sinsabores. Ya asoman pequeñas señales que robustecen la sensación de que el oficialismo parece estar consolidando la ventaja que diversas encuestas comenzaron a mostrar apenas terminadas las PASO.
No habría que dejar pasar por alto algunas reuniones, pero en especial una, que exhibe sin tapujos la decisión de no pocos intendentes del PJ que hoy se mueven bajo el paraguas de Unidad Ciudadana, de ir marcando el camino hacia un futuro en el que le reservan al kircherismo un rol bastante menos estelar.
En un coqueto salón de Florencio Varela se dieron cita varios alcaldes. Habían invitado a Cristina Kirchner al almuerzo, pero la candidata optó porque en su lugar fuera su compañero de lista, Jorge Taiana.
Allí, en forma menos sutil que lo esperada, se empezó a cocinar la jefatura del bloque de diputados que se unificará en la Legislatura en diciembre. Y el nombre que surgió fue el de un histórico barón del Conurbano: el intendente Julio Pereyra.
Nada parece ser casual. Pereyra se apresta a dejar el municipio luego de 24 años de gestión. En los últimos tiempos ha debido afrontar el asedio de listas ultra K bendecidas tanto por Cristina como por Máximo Kirchner. Bien podría decirse que el intendente de Florencio Varela está lejos de ser considerado un dirigente de confianza del núcleo duro K.
Su nombre emerge no sólo como prenda de unidad de la mayoría de los jefes comunales. Supone, además, un freno a las intenciones del kirchnerismo duro de quedarse con la presidencia de la bancada en la Cámara baja provincial.
A ese dato habría que enlazarlo con otro de no menos sustento. Se viene la renovación de autoridades del PJ bonaerense y hay más de un intendente sumamente interesado en pasar a retiro a Fernando Espinoza.
El matancero ha pasado a ser un dirigente de confianza de Cristina. Dicen que se reúne muy asiduamente con la candidata a senadora y que parece incorporado al pequeño núcleo de decisiones que se adoptan en el Instituto Patria.
A Espinoza se le vence el mandato y hay no pocos peronistas que piensan y actúan para correrlo. Ya se habla de un nombre: el intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, que contaría con el apoyo de varios de sus pares.
No sólo eso: a Menéndez, que además dicen que es un dirigente cercano al Papa Francisco, se le adjudica una aspiración adicional, que es ser candidato a gobernador en 2019.
Son movidas e intenciones que cabalgan sobre la presunción de que la elección legislativa bonaerense viene complicada. Un sondeo que se conoció en las últimas horas provocó escozor en el peronismo. Es el que indica que Esteban Bullrich, el postulante a senador de Cambiemos, habría estirado su ventaja sobre Cristina.
Esa encuesta que se maneja en forma reservada le otorga a Bullrich casi 9 puntos de diferencia con la ex presidenta. El dato fuerte, además del número, es que esa supuesta disparada del ex ministro de Educación nacional se habría cristalizado luego del comentado reportaje que Cristina otorgó al periodista Luis Novaresio, y que marcó la nueva tónica de campaña de Unidad Ciudadana de mostrar a su principal candidata más abierta al contacto con la prensa.

Centralidad
Cerca de la ex presidenta descreen de ese trabajo de campo que la deja mal parada. Sacan cuentas y afirman que con esa exposición ha ganado centralidad y se apresta a repetir la experiencia con otros medios y periodistas “no amigos”.
Otros sondeos que se conocieron en las últimas horas marcan otra realidad, con una distancia más acotada que oscila entre 1 y 3 puntos siempre con Bullrich arriba.
Mientras tanto, busca profundizar su discurso crítico hacia las políticas oficiales cabalgando sobre la advertencia de que se viene “la segunda etapa del ajuste” con aumento de tarifas, cambios en el sistema jubilatorio y reforma laboral. La apuesta es concentrar en su figura el voto opositor a las políticas oficiales.
En Cambiemos la premisa pasa por no abrazarse al triunfalismo. Ese fue el mensaje que el jefe de la campaña nacional Marcos Peña, les bajó a los “sin tierra” -los candidatos a concejales de distritos gobernados por otras fuerzas políticas-, durante un reciente encuentro que se desarrolló en la Gobernación.
Peña advirtió dos cuestiones en ese cónclave. La primera, que a su juicio se viene una campaña de alto voltaje porque estima que Cristina endurecerá cada vez más su discurso. La segunda, que habrá que aceitar los mecanismos de fiscalización, en especial en el Conurbano donde se hace fuerte la ex presidenta. La sospecha oficial es que Cambiemos obtuvo más de lo que marcó el escrutinio definitivo, pero que no se pudo trasladar a las planillas oficiales por falencias de sus propios fiscales de mesa.
Acaso para desinflar expectativas triunfalistas, el jefe de Gabinete nacional obvió hablar de encuestas -que el Gobierno maneja con números favorables- y mencionó que los únicos datos reales son los que surgieron de las PASO donde Cristina aventajó por escasa diferencia a Bullrich.
La apuesta oficial apunta a la búsqueda de los votos que supo capturar María Eugenia Vidal y que en agosto eludieron la lista de Bullrich. Hay un trabajo minucioso, que conjuga datos censales con comportamientos electorales de distintos barrios de distritos clave, de manera de poder ir a buscar in situ esas voluntades. Se verá qué éxito logra, a la hora de la verdad, esta sofisticación electoral.

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