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CONSECUENCIAS DE UN FLAGELO QUE NO SE TERMINA

Crece el delito en los comercios y denuncian una “zona liberada”

Con las cámaras de seguridad se resolvió en buena parte la problemática del microcentro, pero los ladrones no descansan y ahora operan en el resto de la Ciudad. Hay sectores donde se registran al menos un par de hechos por día. Cuestionan la Policía.

“Noticia sería que un día no haya robos”, suelta una señora entrada en años que añora de sus años mozos, entre otras cosas, la tranquilidad con la que la gente abandonaba su casa por horas sin necesidad de dejar la puerta con llave.

La sola idea de volver a instaurar esa costumbre es soñar con un tiempo irrepetible y llevarla a cabo sería directamente un auto-atentado, en una ciudad donde los ladrones están al acecho y ya no hay reja ni dispositivo de defensa que los intimide.

Así se vive hoy en los barrios de Junín, vulnerables por donde se los mire frente al desparpajo pueril de los ladrones.

Son los sectores alejados del centro, periféricos y no tanto, que a fuerza de una catarata de robos en comercios y viviendas particulares ya entraron en el cada vez menos selecto grupo que integra el denominado mapa delictivo de la ciudad.


Treinta robos en un barrio


Los episodios ocurridos en los últimos días no hacen más que refrendar una problemática que ya lleva meses. Por ejemplo, en avenida Intendente de la Sota ya hay comerciantes que no tienen empacho en denunciar que “la zona está liberada” para que los ladrones hagan su tarea a placer.

Marcelo Teilleri, propietario del negocio “Don Omar”, fue uno de los que se quejó por la facilidad con la que actúan los malvivientes. El martes, desconocidos entraron a su local –fue la segunda vez en pocos días- y se llevaron indumentaria valuada en más de 10 mil pesos.

“Estamos a la deriva, debido a que los hechos no se esclarecen, por lo tanto no hay resultados, no se encuentra nada de lo robado, ni a los delincuentes”, lamentó Teilleri, en una entrevista con DEMOCRACIA.

“Pareciera que robar es un buen negocio. Estos hechos marcan una cruda realidad: el flojo accionar de la Policía y de los fiscales, y el desinterés municipal en encontrar una solución”, se quejó el comerciante, harto de los robos en su barrio, situación que lo llevó a visitar a sus vecinos comerciantes y confeccionar un listado de los ilícitos acontecidos en los últimos meses, que este diario reproduce (ver aparte).

“Yo no tengo ni ganas de ir al negocio, porque nunca sabés qué te va a pasar”, admitió por su parte María José, dueña de la despensa que lleva su nombre y que fue asaltada a punta de pistola el primero de agosto pasado. “Uno trata de tener todas las precauciones, pero nada alcanza”, agregó.

En este sentido, dijo que su local –ubicado en Pellegrini y avenida República- cuenta con un sistema de alarmas, rejas y puerta con cierre eléctrico y pasador, pero se resigna pensando que todo lo que se pueda construir o contratar para repeler a los delincuentes “es insuficiente”.

En tanto, desde la carnicería “El Tata”, admitieron que, tras el robo sufrido el 6 de agosto pasado, implementarán un sistema de seguridad que incluye cámaras para registrar los movimientos del lugar.


Videovigilancia


El sistema de monitoreo implementado para vigilar el centro de la ciudad dio buenos frutos. Si se compara la cantidad de delitos que perpetraban hace dos años en Rivadavia, Sáenz Peña y las demás arterias que componen y circundan el microcentro con lo que sucede en la actualidad, el panorama ha cambiado. Pero como resultante directo de esa mejora emergió el descontrol en los puntos desprovistos de cámaras de seguridad.

Al respecto, el presidente del Foro Vecinal 1, Osvaldo Giapor, reclamó la instalación de una o más antenas que permitan observar lo que acontece en los puntos alejados de las luces céntricas a través de filmadoras inalámbricas.

Además, consideró que el sistema de cuadrículas en que está dividido el territorio urbano para los patrullajes quedó desactualizado. Al día de hoy, Junín se fragmenta en doce fracciones muy amplias, cada una con más de un barrio en su interior, y a ese recorrido se deben acoger los móviles de la fuerza pública. En esas condiciones, los habitantes de un inmueble cualquiera están viendo pasar un vehículo policial cada quince o veinte minutos.

“Junín tiene que contar, como mínimo, con 18 ó 20 cuadrículas. Para eso tenemos vehículos, lo que no tenemos es personal. Yo también soy muy crítico de los agentes que pasean (sic) en los patrulleros, pareciera que fueran meros espectadores de lo que pasa. No todos, pero sí la mayoría. Ahí falla la autoridad que los debe controlar, y a quien le quepa el sayo, que se lo ponga”, disparó el dirigente en alusión indirecta a los jefes de la Policía Distrital y de la Departamental, Marcelo Arigüel y Sergio Gil, respectivamente.

Asimismo señaló que “en este momento tenemos barrios que están totalmente complicados en cuanto a la seguridad, por ejemplo el Municipal 144 viviendas (al lado del velódromo), el Almirante Brown, el Ricardo Rojas y si me pongo a enumerar hay un montón. Cuanto más nos alejamos del microcentro, más problemas tenemos”.

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