TRIBUNAL EN LO CRIMINAL Nº 1

El viernes se darán a conocer los alegatos en el juicio por la muerte del gitano Coria Miguel

El fiscal Carlos Colimedaglia y el defensor del imputado, Carlos Torrens, expondrán sus posiciones respecto al proceso.

El viernes próximo, a las 9, se conocerán los alegatos en el juicio a Mauricio Germán Santanna, por la muerte de Coria Miguel, en la sala de audiencias del Tribunal en lo Criminal Nº 1 del Departamento Judicial Junín.
En la oportunidad, el fiscal Carlos Colimedaglia y el abogado defensor del imputado, Carlos Torrens, expondrán sus argumentos.
Corría la  madrugada del lunes 29 de enero de 2007, cuando el gitano Coria Miguel dormía junto a su esposa y su nieto en su domicilio de Ramón Hernández 765. Tres sujetos ingresaron a la vivienda y tras amordazarlo y golpearlo en la cabeza, se dieron a la fuga no sin antes llevarse varios miles de dólares y joyas.
Tras ese violento episodio, Miguel se descompuso por un paro cardiorrespiratorio y fue trasladado al Sanatorio Junín, donde habría llegado sin vida.
Meses después, Ana Castillo, esposa de Miguel, también falleció -sostienen en su entorno- a causa de la profunda conmoción que le provocó la muerte de su esposo.
El martes último, ante los jueces del Tribunal en lo Criminal Nº 1, compuesto por los jueces Miguel Angel Vilaseca (presidente), Karina Piegari y Andrés Francisco Ortiz, comenzó el juicio oral y público a Santanna, de 23 años, principal acusado por el ilícito que terminó con la muerte del gitano. Formalmente, se lo acusa de “Homicidio en ocasión de robo”.
El acusado llega al juicio en libertad, ya que la jueza de Garantías Nº 1, Marisa Muñoz Saggese, dictó falta de mérito en la causa.
Uno de los testimonios de mayor relevancia escuchados en este juicio fue el de Nicolás, nieto de la víctima, que al momento del robo estaba junto a sus abuelos. El joven reconoció a uno de los atacantes como alguien que solía beber cerveza con su abuelo en el bar “Seitún”.
En la sala de audiencias, señaló a Santanna como la persona a la cual se estaba refiriendo, que era la misma a la que se le había caído el cuello rojo, según señaló, que le tapaba parcialmente el rostro en el momento del asalto.
Aunque el cuello que habría usado el delincuente para no ser reconocido, que fue incautado por la Policía como elemento de prueba en la causa, ayer no apareció. Nicolás explicó que él se despertó cuando ya tres personas con sus rostros cubiertos estaban en el interior de la habitación. En un principio lo ataron con un precinto y le taparon la cabeza con una frazada. “Me pegaron”, dijo y agregó que en un momento se dio vuelta y se sacó la frazada de la cara.
Aseguró que junto a su cama estaba parado uno de los ladrones con la cara tapada, con un cuellito rojo al que le faltaba el cordón, que en un momento se le cae y entonces él le ve la cara llena de granos.
También recordó que al abuelo le habían pegado un “culatazo” en la cabeza y a su abuela, una “piña”.
Al que distinguió, lo conocía del barrio San Jorge o La Lomita y además era uno de los que sabían tomar cerveza con el abuelo. Colimedaglia le preguntó si esa persona se encontraba en la sala. A modo de respuesta, señaló con la cabeza a Mauricio Santana. “El es el que me ató y le pegó a mi abuela”, afirmó.
“A mi abuela también la conocían, e inclusive uno de ellos la llamó por el nombre. Es que mi abuela a veces iba al bar a buscarlo a mi abuelo”, agregó.
Otro de los testimonios importantes en este juicio fue el de la doctora Mirta Mollo, quien hizo la autopsia al cuerpo de Coria Miguel. Respecto a las patologías de base que padecía el gitano, antes de sufrir el paro cardiorrespiratorio producto del asalto, manifestó que tenía una hipertensión cardiaca, evidenciada en una hipertrofia en el músculo cardíaco: que el ventrículo izquierdo tenía un espesor de 2,5 centímetros cuando la media era de 1,5. Y que en el caso del ventrículo derecho, el espesor era de 1,5 centímetros cuando lo normal era de medio.
Respecto a las lesiones externas en el cuerpo, manifestó que no eran relevantes como para producir la muerte, que eran heridas contusas a nivel craneano, posiblemente a causa de golpes recibidos.
Explicó que el corazón de Miguel ya estaba enfermo, y que en estos casos, cualquier estímulo como estrés o miedo, podía producir un desenlace fatal. Y que las circunstancias por las que había pasado Miguel, en la ocasión del robo, seguramente le habían producido un gran estrés.

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