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PERSONAJES DE NUESTRA CIUDAD

José Ottaviani: “La gente me reconoce como un dirigente distinto, que ayuda a los demás”

Fue el promotor de la llegada de la Unión de Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles (Utedyc) a Junín y su principal referente durante 30 años. Además, fue un entusiasta defensor del deporte, principalmente del atletismo, y por esto se lo consideró en 2007 como el mejor dirigente del país en esa disciplina.

José Ottaviani nació en Laboulaye, en 1941, en el seno de una familia de ferroviarios. Por aquellos años, a los empleados del Ferrocarril que tenían determinada jerarquía, los iban trasladando de ciudades. Por eso, hasta los 14 años, José debió adaptarse a algunas mudanzas.
Vivió un tiempo en Rufino y luego, la familia se trasladó a la ciudad cordobesa de Buchardo, donde José hizo la primaria y parte de la secundaria.
Más adelante, se vinieron para Junín. Fue en el año 1955 y allí terminó el secundario en la llamada Escuela Fábrica Yapeyú, una institución que después formó parte del Colegio Industrial.
Ottaviani cuenta que esa fue una buena etapa de su vida. “No estábamos mal -explica- porque en ese momento el empleado ferroviario pertenecía a la burguesía de los obreros”. Y, al mismo tiempo, recuerda cuánto disfrutaba cuando acompañaba a su padre en sus viajes en la ‘zorrita’.
“Lamentablemente”, dice, nunca se pudo dedicar a la práctica deportiva, pero en su cabeza estuvo, desde siempre, la idea de ayudar al deporte desde el lugar que pudiera. Más adelante lo iba a poder concretar.

El trabajo

Cuando terminó el secundario entró a trabajar en un taller de fundición “que estaba sobre la calle Padre Ghío, a media cuadra de la plaza de Villa”.
Allí estuvo un tiempo como operario hasta que entró al servicio militar y cuando salió, antes de entrar al Ferrocarril, puso un puesto en el Campeonato Mundial de Vuelo a Vela que se hizo en Junín.
Esa experiencia lo llevó que le “prendiera más la llama del deporte”.
Entró al Ferrocarril a trabajar como peón en la Estación, haciendo actividades administrativas. Al principio, como no sabía escribir a máquina y quería aprender a hacerlo, volvía a la oficina por las noches y se pasaba varias horas practicando.
Al tiempo, lo trasladaron a la boletería, donde estuvo tres años, hasta que lo derivaron a las oficinas de Contaduría, donde permaneció unas tres décadas.
“Cuando yo entré -recuerda-, a principio de los 60, ya había empezado la decadencia del Ferrocarril. Estaba comenzando a quedar lejos aquella etapa en la que había más de cinco mil obreros ahí adentro, en la que un empleado ferroviario era ‘un buen partido’ para las chicas”.

Promotor de Utedyc

Viendo que la situación era compleja, alrededor de 1972 empezó a buscar otro trabajo que le permitiera vivir mejor y estar al resguardo. Fue así como consiguió entrar en la Agencia de Apuestas Hípicas. Es decir que, cuando salía del Ferrocarril, a las 2 de la tarde, se iba para la agencia donde trabajaba hasta las 10 de la noche.
Los empleados de la Agencia de Apuestas pertenecían, en realidad, al Club Social. Por esos años, los trabajadores de las entidades sin fines de lucro no tenían ninguna representación gremial y Ottaviani, acostumbrado a la cobertura del sindicalismo ferroviario, “que era muy duro”, dice, decidió buscar la forma de conseguir protección para los dependientes de la agencia y obtener una obra social.
En 1976 mandó la primera carta a la Unión de Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles (Utedyc) para ver cómo se podía hacer para abrir una filial en la ciudad. Desde luego, toda esta movida la realizaba “sin que se enteraran los patrones”.
Usualmente, José viajaba a Buenos Aires enviado por el Ferrocarril para llevar información a las oficinas centrales y en uno de esos viajes, pasó circunstancialmente por la puerta de la sede de Utedyc y entró.
Allí lo atendió Eduardo Huarte que, por entonces, era el segundo en jerarquía a nivel nacional y que, casualmente, tenía sobre su escritorio la carta que Ottaviani le había enviado. A partir de ahí empezó la relación.
“La idea era que empecemos probando -relata-, viendo qué pasaba, entonces yo me acercaba a los trabajadores, les ofrecía bonos para ir al médico, y les explicaba un poco la idea que tenía. Y así fui sumando gente, más trabajadores se fueron incorporando y en 1981 obtuve el primer reconocimiento oficial de las autoridades nacionales, como delegado local de la obra social”.

El trabajo gremial

Arrancó con sus compañeros de la Agencia de Apuestas, siguió con los del Anexo del Club Social, y luego los demás clubes y entidades sin fines de lucro, como por ejemplo: el Hogar de Ancianos, el Círculo Médico, los administrativos de los colegios privados, los empleados de otros sindicatos, y demás.
En su manera de trabajo, Ottaviani siempre mantuvo sus códigos: “Primero hablaba con el patrón y recién después con los empleados”.
Más adelante, comenzó a viajar a las ciudades de la zona en donde no había representación de Utedyc. “Primero fui a Lincoln, después a 9 de Julio, y paso a paso y de a uno, fui a todos lados”, rememora, y agrega: “Eso, como todo lo demás, me llevó mucho tiempo y esfuerzo porque siempre hice todo yo solo; tal vez el error mío fue no saber delegar algunas cosas en otros”.
En 1983, “en la gloriosa época de la democracia”, define José, los gremios también fueron a elecciones internas y por primera vez, la filial local de Utedyc presentó una comisión directiva con él al frente, que fue elegida por sus asociados.
Ottaviani se enorgullece de haber administrado con responsabilidad el dinero de los afiliados. “Mango que ingresaba, mango que se guardaba para luego hacer algo”, grafica, y luego puntualiza: “Así hicimos las casitas que tenemos en el Parque Natural Laguna de Gómez, que disfrutan nuestros afiliados”.
A partir de 1993, José se dedicó solamente al gremio, dado que en ese año lo echaron del Ferrocarril, cuando la administración menemista “lo destruyó”.
La sede propia fue otra de las grandes historias del sindicato. Desde la central de Utedyc le habían sugerido a Ottaviani que debían tener su lugar propio y acompañado de representantes que vinieron de Capital Federal, fueron a ver algunos inmuebles. Las primeras alternativas no satisfacían a los representantes externos, no porque fueran lugares inconvenientes, sino que estaban lejos del centro de la ciudad.
Hasta que llegaron a la casa de XX de Septiembre 179: ése fue el lugar elegido. “Cuando entramos y los delegados de Buenos Aires dijeron que podía ser, yo cerraba los ojos y no lo podía creer”.
Ahí se trabajó a destajo: “Íbamos a la tarde y nos quedábamos hasta las 12 de la noche o más, y siempre con la idea de ‘gringo’, de gastar lo mínimo posible”.
Hasta que llegó la inauguración, en el año 2008.
Ese fue, según Ottaviani, el mejor momento de su gremio. Y si se habla de números, Utedyc llegó a tener unos 600 afiliados en toda la zona, de los cuales, aproximadamente 400 eran de Junín.
Posteriormente, la salud le impidió seguir con su actividad gremial, y después de 29 años al servicio de sus afiliados, en 2010 dejó su lugar.

El deporte

Una de las mayores satisfacciones personales de Ottaviani tiene que ver con que con el gremio pudo, finalmente, difundir y apoyar el deporte. A José le gustaba mucho el atletismo y armó la Agrupación Atlética Utedyc, que le permitió ingresar a la Asociación Atlética de Junín.
Con el apoyo de Julio Gómez, referente juninense en la materia, emprendió este proyecto para promover la actividad y darle una alternativa a los chicos y jóvenes que quisieran practicarla.
“De la Agrupación Atlética Utedyc salieron deportistas muy importantes como María Aguilar, o Daiana Luján, entre muchos otros”, comenta.
De esta manera, José intervino en la Federación Atlética de la Provincia de Buenos Aires, donde actualmente es protesorero. “Por eso -destaca- pudimos hacer varios torneos provinciales en Junín, e inclusive campeonatos nacionales”.
En tanto, hubo un tiempo en el que Utedyc también tuvo un equipo de fútbol femenino, impulsado por Sonia Bellome, que participaba en campeonatos locales y regionales.
Al respecto, Ottaviani cuenta una anécdota: “El primer evento deportivo que se realizó en el gimnasio del Complejo Municipal fue un partido de fútbol femenino del equipo de Utedyc. Habíamos organizado un encuentro pero estaba el día horrible y entonces decidimos hacerlo adentro, aunque el gimnasio no estaba terminado. Yo me vine al centro a comprar cintas para marcar la cancha, y se pudo realizar”.
Según dice, siempre le interesó “hacer este tipo de cosas” porque su lema fue que “el gremio tiene que apoyar a la comunidad”.
Finalmente, su esfuerzo y su constancia merecieron, en el año 2007, el premio Barón Pierre de Coubertin, considerado el premio Nobel del Atletismo Nacional, que le fue entregado a Ottaviano por haber sido distinguido como el mejor dirigente del país.

Balance

Feliz por todo lo realizado, a la hora de hacer un balance José Ottaviani se muestra satisfecho por su trayectoria: “Siento mucha alegría porque la gente me reconoce como un sindicalista distinto, que ayuda a los demás, que es algo raro en la actualidad. En 30 años nunca nadie me encontró nada en un balance, al contrario, siempre llamaba la atención que yo dejaba registrado hasta los centavos. Por eso me siento gratificado”.

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