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DUEÑO DE LA RECONOCIDA FÁBRICA DE DULCES DE AGUSTÍN ROCA

Juan José Gallego: “Corralito siempre se mantuvo a pulmón”

Arrancó hace más de cincuenta años haciendo dulce de leche, mermeladas y quesos. Pasó por momentos difíciles, pero pudo sortearlos. Hoy sigue al frente de su industria y afirma que en un futuro serán sus hijos los que continúen.

A sus 81 años, ayer Juan José Gallego se levantó a las 4 de la mañana y antes de que asomara el sol ya estaba trabajando en su fábrica de dulces Corralito, ubicada en el corazón de la localidad de Agustín Roca.
Hace más de 50 años que Gallego repite su rutina y fue ese esfuerzo de tantas jornadas dedicada a su industria lo que hizo que se haya podido ganar un nombre en el mercado de los comestibles, ya no en Junín y la zona, sino en toda la provincia.
Pero esta historia no estuvo exenta de dificultades. “Corralito siempre se mantuvo a pulmón”, dice Juan José, sonriente, sentado en su escritorio, mientras repasa su historia, sus comienzos en otras empresas, la forma en que montó la suya propia, las dos veces que se fundió y tuvo que empezar de cero, y el modo en que –junto con su familia– pudo salir adelante.

Trabajos previos
Gallego nació en el campo, en Santa Rosa, cerca de Agustín Roca. Ya a sus nueve años empezó a hacer algunos trabajos rurales: arrancó como boyero y luego pasó a ser mensual. “Con trece años ya andaba con seis o siete caballos arando”, recuerda.
Estuvo siempre en el campo hasta que le tocó el servicio militar. Cuando volvió, su padre pidió por él en la fábrica Mandulca, de Roca, en donde se hacían dulces, quesos, manteca y otros alimentos. Al tiempo lo llamaron.
Ahí empezó lavando “a cepillo” los tarros de 50 litros de leche. Luego pasó por distintas secciones, aprendió a hacer quesos, hasta que lo llamó Doña Ángela, la técnica dulcera, para que se pase a esa área. Y aprendió ese oficio también.
Quedó como encargado general de la sección, luego fue técnico dulcero y permaneció en Mandulca hasta que cerró.
Después de un tiempo lo llamaron de la fábrica de dulce de leche San Efrén, también de Roca. Ahí estuvo un tiempo, hasta que quedó de dulcero. “Mientras tanto empecé a armar lo mío como para vender otras cosas”, explica.

Corralito
De a poco fue comprando las cosas. Primero una máquina, después otra, algunas las hizo él mismo, hasta que se largó solo. “La ‘corajié’ hasta que pude hacerlo”, resume.
Empezó haciendo dulce de leche y mermeladas marca Corralito. Según dice, “las que más se vendían eran las de durazno e higo”. Además, hacía “un muy buen queso, no como el de ahora que lo embolsan y cuando lo cortás no sabés qué hay adentro”.
Pero “el caballito de batalla siempre fue el dulce de leche”.
Con el trabajo y la dedicación le empezó a ir bien, a vender en gran parte de la provincia y en Capital Federal.
Sin embargo, no todas fueron flores, como el mismo Gallego señala: “Me fundí dos veces. Te pagaban con cheques a 30, o 40, o 50 días y los que uno recibía los iba usando para pagar. Un buen momento empezaron a venir de vuelta, vino uno, otro, y más, y más, y cuando quise acordar me cerraron la cuenta, tuve que ir a los prestamistas, y esa rueda que termina como terminé yo. Eso me pasó dos veces, pero en ambas me pude levantar. Con mucho trabajo y a los golpes. Y Dios me ayudó para poder hacerlo”.

Sacrificio
Juan José advierte que el suyo “es un trabajo sacrificado”, y ejemplifica: “A veces terminábamos a las siete de la tarde y de ahí nos íbamos a Buenos Aires, descargábamos a la madrugada, cargábamos leche a la pasada y seguíamos sin dormir, o descansando un ratito nomás arriba del camión. Corralito siempre se mantuvo a pulmón”.
Por eso dice que su “riqueza más grande fue la salud”, que le permitió trabajar tantos años.

Actualidad
Según dice, uno de los secretos para sostenerse en el tiempo es mantener la calidad: “La materia prima tiene que ser buena, a lo mejor otro ‘mete el perro’ con la leche o le echa grasa, acá no, hacemos todo como corresponde”.
En la actualidad, en Corralito se manufactura mermeladas de membrillo, higos, arándanos y dulce de leche.
Respecto a su “caballito de batalla”, afirma: “Fue y es lo que más se vende. Yo no digo que es el mejor, pero siempre anduvo bien, la gente lo busca, donde uno ve el dulce de leche Corralito, lo compra”.
Sus productos se venden tanto en Junín y la zona, como en Capital Federal, San Pedro, Baradero, Mercedes y otras ciudades, cuyo reparto hacen Gallego y su hijo.
Además, tienen un proyecto para empezar a hacer muzzarella.

Balance
“No me puedo quejar. Los problemas que tuve son los que uno tiene que pasar para aprender a vivir. Yo jamás dejé a una persona sin dulce si no tenía plata, después si me pagaban, bien; y si no, mala suerte. Dios sabe lo que hace”, dice Gallego hoy, repasando lo que hizo en su vida de industrial.
Es consciente del esfuerzo que hizo y todavía hace, pero sabe que logró imponer una marca, “y eso vale mucho”
En cuanto al futuro, asevera que lo decidirán sus hijos, que son los que le ayudan hoy en día en esta empresa familiar.
Y al hacer un balance, concluye: “Pasé problemas y los superé, hay gente que me ayudó mucho, cuando precisé una mano no me la negaron, y a lo mejor alguno tuve que esperar, pero cobrar, cobraron todos. Por eso estoy contento”.

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