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LA COLUMNA INTERNACIONAL

Peligro de guerra regional en Medio Oriente

Ya parece la crónica de un ataque anunciado. Y, de tanto anuncio, hasta puede ocurrir lo contrario. Es decir, que el ataque nunca se lleve a cabo.
En rigor, todo indica que, tarde o temprano, finalmente, Estados Unidos y Francia bombardearán instalaciones militares sirias en lo que ya se dio en llamar “ataque punitivo”.
Hasta ahora, la cuestión se fundamenta en tres elementos. El primero es la violación de las convenciones internacionales sobre empleo de armas químicas. El segundo es, como ya se dijo, la decisión de proceder a dar una respuesta militar a dicha violación. El tercero, consiste en el argumento de la credibilidad internacional.
Ya no quedan casi dudas, aunque aún resta conocer el dictamen final de la comisión de expertos de las Naciones Unidas, que el gas sarín o un equivalente fue utilizado en la periferia de la capital siria, Damasco.
Al respecto, trascendidos sobre informes de inteligencia norteamericanos, británicos, franceses y alemanes así lo señalan. Pero, aún no hay certeza acerca de quién lo empleó. Si fue el gobierno dictatorial de Bashar al-Assad, o si fueron elementos de la rebelión siria. También al respecto, algunos informes indican que los rebeldes no están en posesión de las armas que fueron necesarias para la expansión de gas letal.
Resultado: es escasa la incertidumbre acerca de la culpabilidad del régimen sirio. Pero, no está dicha la última palabra. Aguardar el informe de Naciones Unidas sería lo aconsejable. Sobre todo si se tiene en cuenta el antecedente de fiasco del gobierno norteamericano anterior –el presidido por George Bush, hijo- cuando justificó su ataque e invasión de Irak en la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Saddam Husein. Armas que nunca fueron encontradas.
Obviamente, una prueba de la culpabilidad de Assad, simplificaría las cosas para Barack Obama y para Francois Hollande, empecinados en construir una coalición internacional para ejercer la respuesta militar, y las complicaría para Vladimir Putin, hasta ahora firme aliado de al-Assad.
Hasta aquí Obama y Hollande solo consiguieron el apoyo de Arabia Saudita y de Turquía. No es poca cosa si se tiene en cuenta que ambos países son islámicos. Por su parte, Putin ya abrió el paraguas cuando afirmó que si existen pruebas, Rusia puede rever su posición.
En rigor, todo se convirtió en un juego de aficionados que favorece al dictador sirio. Es que pese a los 140.000 muertos que ya cuesta la guerra civil en Siria y pese a los más de un millón de desplazados, Occidente no logra superar las dificultades para ni siquiera tan solo llevar un ataque punitivo.

Doctrina

La cuestión siria pone sobre el tapete la cuestión de la legitimidad de las intervenciones foráneas en un determinado país a partir de determinadas razones.
Hace ya tiempo que la soberanía de los estados dejó de ser ilimitada. Cuestiones como genocidios, violaciones sistemáticas de los derechos humanos y, se agrega ahora, empleo de armas prohibidas, constituyen justificativos de tipo moral para intervenciones internacionales.
Aquellos que se muestran partidarios de la inviolabilidad a ultranza de los territorios nacionales penan a la hora de justificar su pensamiento cuando, enfrente, se les opone hechos aberrantes de la reciente historia universal.
¿Fue acaso correcto –o al menos defendible- que la comunidad internacional no interviniese para evitar el genocidio armenio? ¿Fue aceptable el “gulag” staliniano, las purgas y los desplazamientos de millones de personas por parte del régimen soviético? ¿Acaso, si Hitler no hubiese atacado Polonia y se hubiese limitado a exterminar judíos, gitanos, discapacitados y homosexuales, a condición de que fuesen alemanes, habría que haberlo dejado hacer?
¿Fue plausible que, en aras de la soberanía de los estados, la comunidad internacional solo observase la matanza de millones de camboyanos bajo el régimen del Khmer Rouge? ¿O de un millón de tutsis en Rwanda? ¿O, más cerca, las desapariciones y las violaciones a los derechos humanos en Argentina y Chile?
¿Las limpiezas étnicas en Bosnia, Kosovo y el “gaseo” de civiles kurdos en Irak debieron ser toleradas en virtud de que se trataba de “asuntos internos”?
Decididamente, no. Pero, la comunidad internacional está en deuda en materia doctrinaria. No existe ninguna normativa al respecto, ni ningún organismo encargado de juzgar los casos y aplicar dicha normativa. Todo queda librado a la reacción de las principales potencias. Y, como ya se sabe, las grandes potencias anteponen sus propios intereses a cualquier cuestión humanitaria.
De allí que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con el derecho a veto que se les reconoce a los cinco países vencedores de la Segunda Guerra Mundial –Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China- no resulte el organismo apropiado para tratar estas cuestiones.
El caso sirio es por demás revelador. Rusia y, en menor medida, China frenaron cualquier intento de intervención internacional. No solo ahora frente, al de momento discutible, tema del empleo de armas químicas, sino hace ya varios meses, cuando se debatía la cuestión humanitaria.
En Siria, frente a la rebelión que solo exhibe armamento ligero, el gobierno de al-Assad utiliza aviones, tanques y artillería pesada. La desproporción fue y es absoluta y el número de víctimas civiles muy superior –en virtud de los bombardeos- al de los combatientes sublevados. El resultado es el conocido: una matanza generalizada que todo el mundo solo atina a mirar.

Geopolítica

Algunos asertos. El Medio Oriente es el polvorín del mundo. Siria es un país con petróleo aunque no es un país petrolero. El fundametalismo islámico afecta a casi todos los países de la región.
El régimen sirio de Bashar al-Assad es semi-laico, aunque los mandos de las fuerzas armadas, de la seguridad interior y de los servicios de inteligencia están en manos de los alauitas minoritarios, rama no reconocida del islam a la que pertenece al-Assad.
Siria recibe respaldo y ayuda militar y combatiente del Irán teocrático shiíta, del Hezbollah –también shiíta- libanés y, en menor medida, del sunita Hamas palestino que gobierna en la Franja de Gaza.
Fuera de la región, su aliado principal es Rusia que posee libertad de amarre para sus buques de guerra en el puerto de Lataquia–única base en el Mediterráneo- y que es el principal proveedor de armamentos del régimen. Tras Rusia y con mayor moderación, al-Assad también recibe apoyo chino.
Del otro lado, los rebeldes cuentan con apoyo y armamento provisto por Arabia Saudita, Qatar y Turquía, en alguna medida, triangulado desde Estados Unidos. La Unión Europea solo provee material no bélico. Israel, de momento, se abstiene de intervenir aunque la proximidad entre el gobierno sirio e Irán, la coloca más cerca de los rebeldes.
Pero, la cosa se complica con la aparición del fundamentalismo islámico y de Al Qaeda entre las filas de los sublevados.
Cuando, al principio, la rebelión era esencialmente laica y pregonaba el fin de la dictadura junto a una futura democratización, Occidente lejos de apoyarla –sin intervención directa- con armas y recursos, quedó paralizado.
Cuando la represión de al-Assad pasó a ser completamente desproporcionada, Occidente quedó empantanado en el Consejo de Seguridad frente al veto ruso para su tardía y desaconsejable intervención.
El resultado fue el incremento de la presencia, dentro de las filas rebeldes, del fundamentalismo, las denominadas brigadas Al-Nosr. Así combatientes de todo el mundo islámico acudieron a la batalla siria.
La respuesta del lado gubernamental fue el ingreso de irregulares del Hezbollah y de guardias revolucionarios iraníes.
Todo se complicó. Difícilmente el conflicto se agrande como para llegar a un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia o China.
Pero los peligros de una conflagración general en la región están a la orden del día. Israel, Irán, Irak, Arabia Saudita, los emiratos del Golfo Pérsico, el Líbano y Turquía afilan las armas.
Tal vez porque el peligro es enorme y la soga no para de ser tensada, los actores extra sirios busquen alguna solución negociada ¿Y si ocurre lo contrario?

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