ENFOQUE

Infeliz es la tierra que necesita héroes

Los medios de prensa y televisión han celebrado con satisfacción y gran fanfarria el salvamento del Norman Atlantic. Así se llama el trasbordador de propiedad italiana que se incendió frente a las costas de Grecia el 28 de diciembre. Si bien las versiones varían, quizá había hasta 478 pasajeros y miembros de la tripulación en la embarcación, así como hasta 432 personas rescatadas durante condiciones de mar tempestuoso. Algunos murieron y otros están desaparecidos, pero la operación de rescate, en su mayor parte, fue a todas luces eficiente.
Los medios de comunicación prestaron atención en particular a las acciones del capitán el barco, Argilio Giacomazzi, quien, después de dirigir la operación de rescate estando a bordo, fue el último en abandonar el barco.
Algunos comentaristas no pudieron dejar de notar esto, dado el reciente desastre de un trasbordador durante el cual el capitán abandonó el barco antes de sus pasajeros. Ese capitán fue cualquier cosa menos valiente, así que en ciertas versiones, de manera inevitable, empezó a surgir la etiqueta de “héroe” con respecto al capitán Giacomazzi.
No hay forma de aligerar el afán e hipérbole de los medios cada vez que se cuelgan de ciertas historias.En estos días, cuando alguien expresa desacuerdo sobre algo, se dice que “atruena”, como si fuera Júpiter en el Olimpo. Además, se dice que alguien está en “el ojo del huracán” cuando está envuelto en una polémica. Esto también es un error, porque todo está en calma cuando estás en el ojo del huracán. Sin embargo, la población necesita su dosis de emoción.
Volvamos a Giacomazzi. Sin duda, es una persona respetable (incluso si más tarde se demuestra que él comparte una parte de la responsabilidad por el incidente). Además, solo podemos esperar que en el futuro, todo capitán se comporte como él lo hizo. Pero no hay manera de que él sea un héroe. Es un hombre que cumplió con su deber honestamente y sin cobardía. Tanto la tradición marítima como la ley italiana dictan que un capitán debe ser el último en abandonar su embarcación; y este deber ciertamente implica riesgo.
¿Qué es un héroe? Con base en Thomas Carlyle, el ensayista e historiador escocés del siglo XIX, los héroes son grandes hombres con enorme carisma que dejan su huella en la historia. En este sentido, tanto Shakespeare como Napoleón fueron héroes. Sin embargo, la idea de Carlyle fue condenada por Tolstói y más adelante por algunos historiadores que confirieron menos importancia a grandes sucesos, prefiriendo concentrarse más en tendencias colectivas o estructuras económicas y sociales.
Por otra parte, el diccionario define a un héroe como una persona que desempeña un acto excepcional – uno que no le fue requerido y a gran riesgo personal -en beneficio de otros. El joven agente de policía italiano Salvo D’Acquisto, fue un héroe en este sentido: salvó a 22 personas de represalias nazis durante la Segunda Guerra Mundial cuando asumió plena responsabilidad por un crimen inexistente. Nadie le pidió que aceptara la culpa, o que se parara ante un pelotón de fusilamiento para salvar la vida de sus conciudadanos.
Sin embargo, por encima y más allá del llamado del deber, él hizo exactamente eso, y le costó la vida.
Para ser un héroe, no es necesario ser un soldado o un líder. Héroes son aquellos que arriesgan la vida para salvar a un niño de ahogarse o un compañero minero, o quienes le dan la espalda a las comodidades de la medicina moderna para arriesgar la vida ayudando a pacientes con ébola en África.
Parece que el mismo Giacomazzi, cuando fue entrevistado tras el desastre del trasbordador, descartó dicha etiqueta por considerarla inmerecida. “Los héroes no sirven a propósito alguno”, dijo. “Lo único en lo que uno piensa es en aquellas personas que ya no están con nosotros”. Esa es una manera prudente de rechazar la santificación de los medios de comunicación.
¿Por qué será que llamamos héroes a algunas personas cuando todo lo que hicieron fue su deber?
El dramaturgo alemán Bertolt Brecht, en su obra “Vida de Galileo”, nos dijo que “Infeliz es la tierra que necesita héroes”. ¿Por qué infeliz? Porque es un lugar que carece de personas normales que hacen lo que supuestamente deben hacer, que no se intimidan ante sus responsabilidades y que lo hacen (como dice la expresión) “con profesionalismo”.
A falta de ese tipo de ciudadanos, un país busca con desesperación figuras “heroicas” y distribuye medallas de oro a diestra, siniestra y al centro.
Una tierra infeliz es, por tanto, una en la cual nadie sabe ya cuál es su deber, así que la gente busca frenéticamente un demagogo carismático que les diga qué hacer. Y ésta fue, si bien recuerdo, la misma idea expresada por Hitler en “Mi Lucha”.

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