None
ANÁLISIS

Nisman: una causa llena de cabos sueltos

Cuando los restos de Alberto Nisman sean inhumados hoy en el cementerio de La Tablada -diez días después de haber aparecido muerto de un balazo en la cabeza-, el país estará tan lejos como aquel día de saber qué pasó con él. Todo lo que se ha dicho y discutido en estas jornadas vertiginosas ha aportado poco y nada al esclarecimiento de un caso que conmocionó a la opinión pública y generó escalofríos. La investigación, inclusive, ha caminado a paso lento. Y nada de lo que se ha dicho parece haber contribuido mucho a construir alguna certeza.

Protagonistas
Se ha puesto la mira en un colaborador del fiscal que, como se sabe desde el primer minuto, fue quien le entregó el arma de la que salió el disparo mortal. Sin embargo, la propia fiscal aclaró que la imputación que pesa sobre Diego Lagomarsino es por haberle facilitado esa pistola, pero que -en rigor- nada lo vincula al hecho mismo de la muerte.
Algo parecido ocurre con los custodios que fueron echados en las últimas horas. Les imputan contradicciones, desprolijidades, un accionar en todo caso poco profesional y hasta negligente en el cumplimiento de su deber. Pero ningún elemento los convierte en sospechosos de la muerte.
El Gobierno había apuntado antes contra el ex funcionario de Inteligencia Jaime Stiuso. Pero tampoco avanzó en una acusación judicial y todo quedó en una suerte de “sospecha política”.
No es aventurado, entonces, decir que sobre la extraña muerte del fiscal que acababa de denunciar a la Presidenta de la Nación por una supuesta maniobra de encubrimiento en favor de los iraníes acusados por la voladura de la AMIA, se sabe -transcurridos más de diez días- casi lo mismo que en las primeras horas: que fue una muerte traumática, por un disparo en la sien, ocurrida pocas horas antes de que presentara ante una comisión del Congreso los fundamentos de su denuncia contra la Presidenta.
Hay datos que llaman la atención. Por ejemplo, que recién ayer la fiscal haya asegurado -contra todo lo dicho hasta ahora- que el fiscal Nisman no regresó al país antes de la fecha que tenía prevista y que, al contrario, lo hizo el mismo día para el cual había sacado pasaje en diciembre del año pasado.
No debe haber nada más sencillo de verificar que el hecho de que alguien cambie el día de regreso desde un país extranjero. Las compañías aéreas obligan a realizar un trámite para cualquier cambio de fecha que, por supuesto, queda asentado y que incluso genera además la obligación de un pago adicional. ¿Se demoró diez días en saber si Nisman había cambiado la fecha de regreso de su pasaje de vuelta? La duda genera obvios interrogantes sobre la eficacia de la investigación y también sobre la información que ha manejado y maneja el Gobierno sobre este tema.
El Ejecutivo, como se sabe, puso desde el inicio un acento muy marcado sobre ese punto. Insistió, una y otra vez, en que debía explicarse por qué el fiscal había decidido intempestivamente adelantar su regreso a la Argentina y cancelar parte del viaje familiar que realizaba por Europa.
Trascendieron, inclusive, muchos detalles sobre aquella supuesta anticipación no programada. Se dijo que Nisman tenía previsto ir a esquiar a Andorra con su hija mayor y que, imprevistamente, había suspendido ese plan para volverse de urgencia a Buenos Aires, dejando a su hija en un sala del aeropuerto de Barajas a la espera de su madre, que estaba en otra ciudad de Europa.
La fiscal ahora refutó aquella información que hasta ahora se daba como válida. Dijo que Nisman tenía pasaje de vuelta para el 12 de enero; el día en que efectivamente volvió.

Dudas
Hay una gran cantidad de cabos sueltos que estas jornadas de intensa actividad judicial no han podido, sin embargo, convertir en certezas.
Todavía no se han podido determinar con precisión los movimientos de la custodia, como tampoco los últimos contactos que tuvo el fiscal. Hay pruebas con las que todavía no se cuenta y testimonios que no se han tomado.
Tampoco queda claro por qué la Justicia desistió de la realización de una segunda autopsia si la propia familia de Nisman había planteado dudas sobre la realizada. ¿No hubiera sido un recaudo adicional en una causa donde no debería descartarse nada que pueda aportar algún elemento nuevo? Es cierto que la ex mujer de Nisman desistió finalmente de pedir otra necropsia, pero adelantó la intención de auditar los resultados de la autopsia con especialistas particulares.

Otros ejes
En este contexto de incertidumbre y dudas que no se despejan, se instalan nuevos ejes de debate.
La Presidenta, como se sabe, anunció un proyecto para disolver la ex Secretaría de Inteligencia y crear en su lugar una Agencia Federal de Inteligencia que estaría conducida por funcionarios designados con acuerdo del Senado.
Esa iniciativa ya ha levantado fuerte polvareda porque la oposición salió en bloque a cuestionarla. Creen que esconde la intención de condicionar al próximo Gobierno, ya que las autoridades de la Agencia se nombrarían por cuatro años y el oficialismo tiene en el Senado mayoría para imponer sus candidatos.
Pero ayer el Ejecutivo buscó instalar otro eje en el debate público. Propuso un candidato para cubrir la vacante que dejó Eugenio Zaffaroni en la Corte Suprema y dio, de esa forma, el puntapié inicial para un proceso de designación que incluirá audiencias públicas y controversia en el Congreso.
El Gobierno busca, según todos los análisis que se hacen en estos días, retomar la iniciativa en medio del fuerte vendaval que ha desatado la extraña muerte del fiscal que acusó a la Presidenta.
Pero parece difícil que algo desplace al caso Nisman del foco de la atención pública hasta que no se logre aclarar qué pasó aquel domingo 18 en el departamento de la torre Le Parc.

COMENTARIOS