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Facebook, WhatsAap y el doble tilde azul

El WhatsAap es un programa de la telefonía celular que se caracteriza por su carácter gratuito y la rapidez en el envío y recepción de mensajes. Su dispositivo sin embargo deja ver informaciones que, por invadir la privacidad de sus usuarios, ha provocado más de un dolor de cabeza. Tanto que hace un año la empresa que regenteaba el servicio salió a informar que el doble tilde gris -en la pantalla del emisor- no significaba que el receptor hubiera leído el mensaje, sino tan solo que había llegado a destino. Cuestión que no aportaba mucho, puesto que siempre quedaba abierta la puerta para preguntarse: ¿por qué no lo leyó?
Hoy que Facebook adquirió el programa, se ha cerrado el círculo entre emisor y receptor con el trazo grueso de la certeza: un doble tilde azul testimonia que el mensaje ha sido leído. Así, la intimidad del receptor queda abolida: contestar, no contestar, pensar, esperar, desconocer el mensaje y otras estrategias subjetivas propias del intercambio entre las personas amenazan desaparecer a manos del afán de transparencia que impone el tráfico digital. Como no tardaron en llegar las quejas de los usuarios, pareciera que FB brindará al usuario la opción de desactivar el doble tilde azul. Se repite entonces la misma secuencia porque, tal como aquella aclaración que citábamos al principio, de concretarse esta posible opción dejaría en evidencia a quien lo emplea: ¿Qué quiere ocultar?
Resulta inquietante constatar que cada vez más los dispositivos informáticos revelan los detalles de nuestras micro decisiones, esos pequeños gestos cuyo discrecional manejo refieren que aún nos sentimos confortables en el albergue de nuestra subjetividad. De hecho, al definir las condiciones de posibilidad de ese núcleo que llamamos lo íntimo, Gerard Wacjman expresa: “Si bien tiene esencia arquitectónica, dicho lugar no se encarna necesariamente en una arquitectura. Y uno puede sentirse ´en casa´ de formas muy diversas, en una muchedumbre, ¿por qué no?, en un hotel, en plena naturaleza.” Decía Nietzsche: “Nuestros útiles de escritura participan en la formación de nuestros pensamientos”. En este caso, la degradación del valor de la palabra a manos del ícono redunda en seres inseguros sujetos a una demanda de atención infinita.
¿Llegó? ¿Me leyeron?



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