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ECONOMÍA

La economía, al servicio del hombre

Adam Smith, que resume una historia anterior de muchos autores que se ocuparon del tema económico de manera fragmentaria, como el nombre de su obra lo indica, consideraba que la economía política era “una investigación acerca de las causas de la riqueza de las naciones”. Y partía de consideraciones morales, económicas, políticas y sociales para su análisis. Lo mismo podemos decir de otros autores clásicos. También de Marx, que inclusive agregaba conclusiones para la acción revolucionaria.
Posteriores economistas como Marshall, Pigou, Keynes, Friedman y Samuelson, entre otros, acentuaron algunos el aspecto monetario, otros el fiscal, otros la microeconomía, otras la macroeconomía, pero ya era una economía disecada, o como alguno dijo viendo el lado positivo de esta evolución “una ciencia que había logrado definir claramente su objeto”.
Cualquiera que lea los “papers” de los muchos “journals” de economía académica, aun los que se titulan “applied economics”, posiblemente podrá entender muy poco o nada de los mismos, pues la moda es llenarlos de formalizaciones matemáticas, que muchas veces esconden la falta de conceptos económicos y, en definitiva, son nada más que ejercicios de derivadas, integrales, ecuaciones en diferencia finita, con muy poco o ningún dato de la realidad y muchas veces se usan “proxis” como representación de baja calidad de la evolución concreta de la variable económica que se quiere estudiar, casi despreciando las cifras, o sea la realidad.
Por otro lado, los supuestos en los que se basan suelen ser completamente irreales, como la teoría de que los agentes económicos tienen información completa de lo que pasa y que toman decisiones racionales y son capaces de hacer un pronóstico racional, teoría que ha llevado a muchas “especulaciones exuberantes” y posterior caída en la realidad de los mercados financieros. Es fundamental entender que los supuestos son necesarios para estudiar un problema económico, para poder aislar de otras influencias lo que se quiere estudiar, pero también es fundamental entender que posteriormente hay que ir sacando estos supuestos uno a uno, hasta ver si aún así la teoría sigue representando la realidad o no tiene nada que ver con ella. Esta última parte comúnmente no se hace lo que en muchos casos ha llevado a errores muy grandes de apreciación y de política aplicada, aspectos estos últimos que son, en definitiva, los que interesan.
A lo largo de estos últimos 300 años ha habido muchas contribuciones importantes en la ciencia de la economía que nos han hecho entender mejor la realidad de las variables económicas y las posibles soluciones a problemas que pueden presentarse en el campo internacional o en cada país específico a lo largo de los años. En el último siglo se han desarrollado también numerosos instrumentos de análisis que han significado contribuciones importantes para entender cómo funciona la realidad económica y, sobre todo, para poder pronosticar el futuro, que es para lo que sirve un economista, dado que su función no es entretener.
De esta manera se ha podido estar en condiciones de prever o anticipar los problemas económicos que podían implicar la aplicación de determinadas medidas económicas o el efecto del funcionamiento de determinados modelos económicos, observar los desvíos en las variables clave y proponer las soluciones correctivas antes de que afecten a la gente en forma dramática, como pueden ser el desempleo o la pobreza en medio de la abundancia de recursos.
Este es el uso de la economía que necesitamos para que nos ayude a vivir mejor y a evitar las dolorosas consecuencias de los errores económicos. En este sentido, el uso de la econometría y el de la teoría de los juegos, por ejemplo, han permitido entender muchos procesos concretos y sacar conclusiones válidas, anticipando las consecuencias negativas de determinadas medidas de política económica y teniendo la oportunidad de evitarlas.
Para terminar con lo que queremos decir, dado que no es fácil sintetizar en un artículo este complejo mundo de ideas e intereses académicos -que tiene sus defensores y sus intereses creados- tomaremos como ejemplo al economista que se considera el iniciador de la economía como ciencia, Adam Smith. Él no puso el foco en una verdad pequeña, rodeada de comportamientos contradictorios que se dejan en las sombras para mantener ficticiamente viva la idea de que esa es una teoría correcta, sobre todo si lleva el nombre del economista que la defiende.
Hay que recordar que Smith estudió primero matemáticas y física. Luego siguió con literatura y lenguas, y tradujo perfectamente del latín, griego, francés e italiano. Estudió un tiempo para sacerdote y luego volvió a su pueblo natal. Al retornar a Glasgow lo hizo como profesor de lógica y después hizo un viaje de estudios a varios países, especialmente a Francia, donde conoció a pensadores como d´Alembert, Helvetius, La Rochefoucauld, Turgot, Quesnay o DuPont de Nemours, de los cuales algunos eran economistas pero también había filósofos y de otras profesiones. Así pudo tener una visión de conjunto que le permitió observar lo esencial de las nuevas realidades.
Esta visión de conjunto de las realidades humanas es lo que necesitamos recuperar para la economía, que debe estar al servicio del hombre, dado que este es el único sentido que debe tener, tanto esta ciencia como cualquier otra. Este cambio de mentalidad es necesario para mejorar aún más la situación del ser humano en el mundo. 

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