AMÉRICA LATINA

Trabajo forzoso, explotación sexual y mafias en el mundo

Una plaga que la sociedad no ha resuelto es la del trabajo forzoso y su derivado, la explotación sexual comercial, ni más ni menos que versiones modernas de la esclavitud. Son necesarias medidas exhaustivas y con sentido de urgencia para hacer frente a esta tragedia. Para avanzar en esta dirección, la OIT aprobó dos instrumentos que refuerzan la normativa internacional sobre el combate al trabajo forzoso.
Se estima que en el mundo hay 21 millones de seres humanos sometidos a esta forma de opresión, generando ganancias por unos 150.000 millones de dólares anuales, de los que la mayor parte, 99.000 millones de dólares, provienen de la explotación sexual comercial. En América Latina y el Caribe unas 1,8 millones de personas generan ganancias por 12.000 millones de dólares a quienes los explotan.
Casi 90% derivan de la explotación sexual, 10.400 millones de dólares. Las mayores ganancias provienen de la explotación sexual por su alta demanda, los altos precios que se pagan, la poca inversión de capital y los bajos costos operativos. El negocio lo controlan mafias que se quedan con enormes dividendos.
El trabajo forzoso de tipo doméstico genera 500 millones de dólares en América Latina y el Caribe, y la explotación laboral en otros sectores, 1.000 millones de dólares, principalmente en agricultura, construcción, manufacturas, minería y servicios. La “relación de trabajo” suele basarse en coacción, servidumbre por deudas y trata de personas. Cada víctima en esta región produce ganancias anuales por 7.500 millones de dólares en promedio.
Las cifras provienen del Informe “Ganancias y pobreza: aspectos económicos del Trabajo Forzoso” presentado en mayo en Ginebra. Los gobiernos y las organizaciones internacionales tienen el reto de redoblar esfuerzos para erradicar esta violación flagrante de los derechos humanos.
Las víctimas son los más vulnerables de la sociedad, los trabajadores más pobres con menores cualificaciones y sin oportunidades de educación. El informe indica que 55% de las víctimas de trabajo forzoso en el mundo son mujeres y niñas y 44% personas que migraron dentro o fuera de sus países.
La OIT exhorta a los Estados a adoptar medidas concretas e inmediatas para abordar con medidas de disuasión las prácticas de trabajo forzoso y trata de seres humanos. También es clave combatir la impunidad.
Se requieren medidas de prevención para los más vulnerables, incluyendo esquemas de protección social frente a la pérdida de ingresos familiares, acceso a la educación y la formación profesional, medidas para favorecer la inclusión social, promoción de la igualdad de género y mejorías en la gobernanza de la migración, entre otras.
Debemos recordar que el trabajo forzoso no puede existir en una sociedad moderna.

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