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ENFOQUE

La Argentina post-default y el sector agroindustrial

La situación de “default” en que se encuentra Argentina, sólo acelerará el proceso económico de retroceso de la actividad económica, del consumo y de la inversión, que tiene sus inicios años atrás producto de las desacertadas decisiones que llevó adelante el Gobierno nacional en su afán por sostener un gasto público creciente.    
Cuando analizamos su situación observamos que va de mal en peor, aunque exista la creencia de que “la devaluación de la moneda favorece a las producciones agrícolas”.
¿Qué quiere decir esta frase? La devaluación de la moneda argentina se traduce en un favorable tipo de cambio para los productores, los cuales obtienen por el mismo producto un mayor precio en pesos. Por ejemplo, si el precio del arroz es de 0,237 dólares la tonelada, y el tipo de cambio es de 8 u 8,26 pesos por dólar; el precio del mismo será 1,896 pesos la tonelada o 1,958 pesos la tonelada.
Sin embargo, esta “ventaja” no puede ser aprovechada por las producciones, ya que la elevada inflación monetaria, aumenta los precios de los insumos utilizados así como encarece el valor de  los insumos importados.
Al aumentar los insumos agrícolas, aumentan los costos de producción. Entonces, el mayor precio percibido se pierde con los mayores costos.
¿Cómo puede ocurrir esto? Por ejemplo, en el caso del vino blanco escurrido, el precio en julio 2013 era de 2,20 pesos el litro, y en julio 2014 es de 2,60 pesos, percibiendo el productor un 20% más por el mismo producto.    
Sin embargo los costos de producción (mano de obra + fertilizantes + herbicidas + combustible) se incrementaron un 36% pasando de 164 pesos en julio 2013 a 223 pesos en julio 2014.
En otras palabras, del 2013 al 2014 se necesita producir 11,4 litros más de vino blanco para cubrir los costos de producción.    
A esto se le sumó una caída en la comercialización tanto externa como interna del 2 y 4% respectivamente.   
Si bien hubo una mejora de precios respecto del año pasado, la misma no se vio reflejada en el área sembrada y/o producción de los cultivos, debido a las razones mencionadas anteriormente.
En el caso del arroz, el aumento de precio fue del orden del 52% (pasando de 1,55 pesos la tonelada a 2,2 pesos). Sin embargo el área sembrada con este cultivo disminuyó un 1%, producto del incremento de costos.
Mientras que con la yerba mate, hubo una mejora de la producción del 8% comparando los acumulados del primer trimestre de hoja verde puesta en secadero: Aumento que fue menos que  proporcional a la mejoría del precio (20%).
Estas actividades no escapan a lo que le sucede a la economía en su conjunto y al resto de las actividades productivas, siendo sus mayores problemas la falta de competitividad, el incremento de costos, la presión tributaria y la falta de financiamiento cuando el precio de sus productos en muchos casos es atractivo y firme.   
En todos estos ejemplos, la falta de una política programada y de largo plazo que ahuyenta la inversión en su intento por sostener un gasto público exorbitante impacta negativamente en  actividades tan importantes para el desarrollo productivo y regional del país.   
Sostener un gasto público creciente a un ritmo anual del 40%, y por encima del ritmo de crecimiento de los ingresos, implicaría un déficit fiscal superior al 5% del PIB para este año.
Es por ello que el gobierno para poder financiarse ha optado por capturar el excedente de exportación, las reservas y utilizar la emisión monetaria, como herramienta. <


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