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ENFOQUE

Caminos rurales, las arterias del agro

Desde Carbap hace ya un largo tiempo hemos analizado la realidad de la red vial rural municipal.
Las inclemencias del tiempo han dejado al desnudo la incapacidad que ha existido a lo largo de todos estos años en el mantenimiento de los caminos rurales, y hoy nos encontramos que en gran parte de la provincia de Buenos Aires los mismos son literalmente intransitables.
La cantidad de kilómetros promedio de caminos de tierra que tienen los distritos de la provincia de Buenos Aires es de alrededor de 1.200 kilómetros, entre caminos denominados principales o reales, muchos de ellos de carácter provincial, caminos aledaños y callejones de ingreso a distintos establecimientos.
Para un buen trabajo sobre éstos se necesitan dos elementos fundamentales, el primero es el destino de fondos específicos provenientes claramente del aporte que hace el productor a través de la tasa vial, y segundo el recurso humano capacitado.
Esto merece el siguiente análisis, si el sistema hoy en su gran mayoría está administrado por los departamentos ejecutivos locales que claramente dejan mucho que desear y yo diría aún más que han fracasado, se hace necesario instrumentar una acción diferente.
Seguramente puede llegar a partir de sistemas alternativos como los que hoy se aplican en varios distritos de la provincia de Buenos Aires con características bastante exitosas como son las cooperativas y los consorcios viales, los cuales al estar formados por productores de distintos cuarteles del distrito tienen una visión muy clara de dónde, cómo y cuándo hacer los trabajos.
Ahora bien, para llevar a cabo esto hay que realizar las dos cuestiones que planteamos en el primer análisis, fondos y capacidad técnica, es decir que los intendentes se encuentren dispuestos a derivar un porcentaje de entre el 70 y 80 % de la tasa vial más los fondos provenientes de la descentralización del inmobiliario que tienen asignación específica a los consorcios viales.
A su vez, los jefes comunales deben lograr la capacitación del personal que va a estar sobre las máquinas y aquél que los va a dirigir, porque estos dos elementos hoy han sido dejados de lado y son una de las causas fundamentales del deterioro actual, no hay personal idóneo arriba de las máquinas y no hay ingenieros a cargo de las obras.
Una provincia como la de Buenos Aires no puede darse el lujo de desestimar los trabajos de mantenimiento rural y los productores debemos tener conciencia que si nos quedamos sin caminos nos quedamos sin las arterias que necesita la producción no solo para el tránsito de insumos y mercaderías sino para la vida misma del actor humano que habita en el sector.
Si esto no se comprende en el corto plazo y no se actúa, las grandes perjudicadas van a ser las comunidades del interior de la provincia que verán caer su productividad y tendrán un menor ingreso de dinero en sus economías locales.
Las cosas están planteadas, las soluciones existen, hay modelos que han sido probados, solo resta que el sector gubernamental, tanto municipal como provincial, porque pensar que esto es un problema solamente de origen municipal sería no entender la real gravedad de la situación, articulen las políticas necesarias para dar solución de raíz a esta situación.
Queda esperar que así lo entiendan y actúen con una visión de largo plazo y no con una visión fiscalista que los lleve a querer retener fondos para otros destinos que no son precisamente para los cuales el productor aporta.

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