None
ENFOQUE

Granos: arranca la campaña más complicada

Aunque los precios internacionales de los granos vuelven a lucir firmes (y pueden estarlo más aún si sigue el tiempo frío en Estados Unidos impidiendo sembrar los granos gruesos, especialmente maíz), y las lluvias de este otoño en Argentina ya  proveyeron muy buena humedad para la próxima campaña, lo que garantiza la implantación, sobre todo, de los cultivos de invierno (trigo, colza, cebada), las perspectivas agrícolas son las más inseguras de los últimos años.
Falta de definiciones oficiales, inacción respecto de correcciones imprescindibles, y costos de producción crecientes, son los principales datos que surgen a la hora de planificar la próxima campaña.
Y considerando que cada ciclo agrícola de 33-35 millones de hectáreas de siembra, implica una inversión de no menos de 7 a 8.000 millones de dólares, es comprensible que la indefinición también alcance al campo.
De hecho, se sabe que para cualquier tipo de inversión, la inestabilidad/inseguridad es la peor consejera y el campo no es la excepción.
Por eso, aunque algunos ya se animan a “proyectar” un incremento del área triguera de apenas 10%, arañando apenas los 4 millones de hectáreas, cuando en la década del ´90 la superficie superaba holgadamente los 5 millones, no pocos ponen en duda que se alcance hasta este magro crecimiento, y el cultivo mantenga la tendencia declinante de los últimos ciclos.   
Pero mucho más grave aún es el estancamiento de la producción agrícola global que, en Argentina, sigue rondando los 95 a 98 millones de toneladas en las últimas 5 campañas, con el único “despegue” de las novedades tecnológicas que permiten obtener rindes superiores año a año.    
Sojas que ni llegan a 55 millones de toneladas, maíces que no alcanzan los 25 millones (a pesar de las cifras “oficiales”), y girasoles y trigo en franca declinación constituyen una performance que, probablemente, se repita en el nuevo ciclo que está comenzando.
Es que el sector está jaqueado, los pools de siembra (tan criticados) ahora se retiraron dejando miles de hectáreas no solo desocupadas, sino también sin financiación para seguir produciendo.
Para colmo, también los arrendatarios pusieron el pie en el freno pues, la caída de la rentabilidad les impide pagar contratos de los niveles de 2007 y 2008.
Ante esto, los propietarios que durante varios años se alejaron de sus campos alquilándolos, se ven ahora obligados a “arremangarse”, y volver a los potreros solos, o de la mano de contratistas y otros interesados, pero ahora compartiendo los riesgos, con acuerdos de unos pocos quintales fijos para el dueño de la tierra, y el resto a porcentaje, según resultados.   
Sin duda, un cambio de magnitud, aunque no es el único tema ya que también la cadena de provisión de insumos está complicada.
Tanto la actual, como las dos cosechas anteriores no fueron buenas.
Mucha gente tuvo resultados entre malos y regulares, que en más de un caso no alcanzaron para cubrir la totalidad de los costos.   
Los contratistas, que se ven obligados a renegociar los servicios de cosecha y de siembra ante la nueva realidad de una rentabilidad que se cae enfrentan, a su vez, los problemas de las deudas adquiridas con máquinas e implementos.
Esto determinó niveles crecientes de endeudamiento generalizados en toda la cadena que, si bien se ve obligada a “seguir para adelante”, apostando a un cambio de tendencia que produzca una mega cosecha y rentabilidad en alza, que permitan neutralizar las deudas pendientes, en realidad, hay grandes dudas de que llegue a ser así.
Más vale, y a pesar de algunos créditos de la banca oficial (a los que no todos tienen acceso), lo más probable es que se repita la historia, se mantenga más o menos el área total de cultivo, aunque casi seguro será con más soja en detrimento de maíz y girasol (el trigo, en invierno, ya está claro que no va a crecer casi), y también se va a debilitar la utilización de insumos, aunque finalmente esto constituya un ahorro mal entendido.
Así, habrá que esperar nuevamente, para ver si al fin se puede lograr el despegue agropecuario argentino, tal como lo hicieron todos los países vecinos durante la última década.


COMENTARIOS