OPINIÓN

Ya aparecen los costos sociales tras el ajuste

Las novedades económicas son escasas. El gobierno de Cristina Kirchner cree haber ganado la pulseada del dólar al mercado y ahora supone que tiene suficiente tiempo como para preparar su ofensiva y atender otros frentes no menos urgentes como la inflación y las negociaciones externas. Como ha ocurrido a menudo en el pasado, el ministro Axel Kicillof parece subestimar la magnitud de los desequilibrios y las dificultades que ya asoman en el horizonte. 


Ajuste ortodoxo


No hay triunfalismo en el oficialismo porque el freno al dólar se hizo traicionando el relato K, aplicando un ajuste ortodoxo liso y llano que ha retraído la economía y abrió el paso a un aumento del desempleo. 

El costo social que impulsa ahora la administración cristinista es la de una baja no menor a 10 puntos reales de los salarios respecto de la inflación esperada, con la esperanza de mitigar el impacto sobre el empleo. 

Las negociaciones con la CGT oficialista del metalúrgico Caló se sostienen en ese canje: que los sindicatos acepten mejoras de salarios del orden del 25% a cambio de cierto compromiso de las grandes empresas de evitar despidos masivos. 

En cuanto al combate a la inflación, las huestes del Palacio de Hacienda siguen haciendo cuentas sobre los “precios cuidados”: suponen que el freno al consumo y los controles serán suficientes como para bajar la inflación. 

No hay mucha más imaginación, por ahora, respecto de que hacer en este terreno. La información que circula adentro del Gobierno indica que el titular del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, es el más activo en el reclamo de desmantelar la enorme estructura de subsidios a los servicios públicos (electricidad, gas y transporte) para bajar la emisión monetaria. 

En términos estadísticos, el desequilibrio fiscal es del orden de los 6 puntos del PBI, uno corresponde a los déficit de las provincias y 5 a la Nación por los subsidios. 

Pero otra información aún vigente y firme en todos los análisis económicos, indica que la emisión que requerirá la administración cristinista este año asciende a unos 140 mil millones de pesos. 

¿Cuánto de este volumen de emisión recortará Cristina Kirchner? ¿Cómo imagina el Gobierno frenar la inflación con esta enorme cantidad de emisión? 

La caída del nivel de actividad de la primera mitad de este año está ya jugado con el salto devaluatorio e inflacionario, la suba de tasas de interés y la contracción del consumo. 

La posibilidad de revertir la recesión en curso depende en especial de que las expectativas inflacionarias se desactiven, para lo cual hacen falta medidas fiscales de contención del gasto, otras monetarias y la normalización financiera con el Club de París, el FMI y los holdout. 


Promesas


Kicillof y Fábregas hacen promesas puertas adentro de avanzar en esa dirección, aunque la velocidad de esos cambios dependen de las decisiones de Cristina Kirchner. Por ahora, los números de inflación siguen muy elevados: los pronósticos son de 35% en el 2014, lo cual supone que luego del salto de enero y febrero, la inflación de base mes a mes estará en el orden del 2%. 

Si esta perspectiva fuera cierta, el dólar a 8 pesos no podría sostenerse como valor de “convergencia” a lo largo del año. 

La actual coyuntura de sobreoferta de dólares es temporal y de allí que la actual política oficial de buscar anclar las expectativas de inflación manteniendo el tipo de cambio por debajo incluso de los 8 pesos tiene plazos de vencimiento muy cortos. 

Un dólar retrasado, con tasas de interés altas, emisión elevada y ajuste de tarifas perfilan un escenario de caída del nivel de actividad, de ingresos fiscales y con una tasa de inflación que no cede. 


No habrá rebote


No habría posibilidad de rebote de la economía, al menos en lo que resta del 2014. Por el momento, el esfuerzo oficial está localizado en lograr ajustes de salarios en paritarias por debajo de la inflación esperada y de la real ocurrida en el último año. 

Luego, si esta meta fuera alcanzada, se avanzaría en los recortes de los subsidios a las tarifas con alzas en los precios de la electricidad y gas fundamentalmente, y algo de reducción de tasas de interés. 

En definitiva, un ajuste con escasa heterodoxia y sin ninguna política anticíclica importante que morigere los costos sociales de la crisis.n

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