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TENDENCIAS

Los arquitectos de la desintegración social

Con mis alumnos en la facultad de Derecho suelo hacer un experimento. Les pregunto: ¿Considerarían ustedes que un país donde se explicitan las siguientes reglas podría ser catalogado de autoritario o represor?
Transgresiones que deben evitarse bajo la pena de fuertes multas:
* Fumar en lugares prohibidos, transporte público, andenes y estaciones.
* Orinar en la calle.
* Consumir alcohol en la calle.
* Caminar por la senda destinada a bicicletas.
* Viajar sin el ticket de viaje, o sin sellar…
* Hacer ruidos molestos.
* Comer en el transporte público, helados, papas fritas y demás.
* El ingreso de menores de edad a bares…
*.- Nada de fotos o video en…
*.- Si se moviliza en bicicleta respete las normas de tránsito y no circule en sendas peatonales.
Decididamente, contestan todos que sí. Paso seguido, les pregunto si en nuestro país observan que esas conductas pueden desarrollarse sin consecuencia alguna. También contestan, sí.
Finalmente les aclaro que esta advertencia con el detalle de conductas prohibidas figura en www.amsterdam.info/es/consejos/; portal oficial de la ciudad de Amsterdam. Ciudad y país -Holanda- que reúne dos características: 1) Amsterdam tal vez sea la ciudad más liberal del planeta desde hace décadas. Allí está permitido casi todo lo que está prohibido aún hoy en gran parte del mundo; 2) el Reino de Holanda es el país que mayor presión ejerció contra la dictadura militar 76/83, a tal punto que Jorge Zorreguieta, padre de Máxima, ahora Reina de los Países Bajos, no pudo concurrir al casamiento de su hija por haber sido funcionario de aquella dictadura. En síntesis, en un país con los mayores parámetros de libertades individuales y de posiciones políticas de extrema dureza con los Estados autoritarios, no se duda en castigar toda conducta individual que conspira con la convivencia pacífica y respetuosa con el resto de la comunidad.

Paraíso de la impunidad

En cambio, en estos días los argentinos descubrimos las consecuencias de vivir en un verdadero paraíso de la impunidad. Tanto para los pequeños actos que conspiran con la convivencia diaria, como para los más altos y sofisticados actos de corrupción estatal. Y ambos son inseparables.
Tiene razón la señora Presidente, los desmanes, la barbarie de los saqueos y los ataques a las personas que terminan en derramamiento de sangre no se producen por contagio como las enfermedades. Pero tampoco son fruto de la muy útil y conveniente teoría conspirativa. Desde 2008, cuando comienza la exacerbación populista, hemos vivido más intentos desestabilizadores que entre 1930 y 1983: los medios de comunicación, el campo, la Corte, algunos opositores, y ahora la “policía”. Este último es un caso muy curioso.

Dos caras

Policías de bajo rango, a cara descubierta, con salarios pauperizados, son golpistas, mientras que el Poder político hasta el comienzo de este conflicto convivía plácidamente con “la policía” que liberaba zonas, que compartía negocios con los barrabravas (estacionamientos), que hace la vista gorda en barrios donde se puede vender droga y sólo las cámaras de TV descubren dónde y quiénes lo hacen. Toda esa Policía es de la Democracia.
En cambio, la del vigilante que colma su vida de adicionales para darle de comer a su familia es la Policía golpista. Es cierto, los agentes del orden no pueden realizar actos extorsivos para lograr una mejora salarial, no pueden liberar las calles como se hizo en varias provincias. Pero mucho menos puede ser corrupta y estar involucrada en un amplio plano de complicidad delictual y el Poder Político no agraviarse o combatir eso con la energía que ahora la acusa de “desestabilizadora”.
Lo ocurrido en estos días sin policía en las calles en distintos puntos del país no es algo diferente a lo que ocurre todos los días. La diferencia es la dimensión, la masificación en algunas situaciones. Pero todo eso ocurre a diario en menor escala. Por lo tanto, el centro del debate no debe ser “la policía” y una ocasional huelga; sino que le pasa a esta sociedad que estamos construyendo desde hace muchos años. Problemática que involucra con muy diferentes responsabilidades tanto a gobernantes como a gobernados.
Los saqueos, la barbarie y anarquía en las calles son resultado de un aprendizaje. De las señales y lecciones que desde arriba se da a la sociedad, y luego de nuestras conductas frente a nuestros vecinos, familiares y conciudadanos. La pérdida de respeto al prójimo y a la autoridad: padres, vecinos, maestros, médico en un hospital, juez, gobernante, etc., se logran con años de impunidad y de políticas donde el ejemplo va en sentido contrario al que se dice. Hace mucho que la ley puede ser violada por cualquiera en la calle y la impunidad es la regla frente a esa conducta. Del mismo modo la corrupción es un modelo educativo para muchos: “roban los de arriba y roban los de abajo”. Esa es la lección aprendida. Estamos en una sociedad que vio cómo para un Mundial el Poder político creó y financió una organización de barrabravas (Hinchadas Unidas Argentinas). Un mensaje directo de aquello que se avala. No se necesita dar más de los muchos ejemplos que todos los argentinos conocemos y que son muy actuales.

Corralito social

Estas conductas, esta descomposición social era contenida por algunas variables económicas. El humor social podía estar en un corralito. Pero la inflación que devora los ingresos bajos y la falta de reacción del Poder político fueron creando un humor negativo primero, para subir en escala al nivel de indignación. Ahora la descomposición social, la anomia que gobierna la conducta de muchos sectores de la sociedad queda liberada para esparcir odio y resentimiento sobre las calles.
Estamos siendo testigos de la desintegración social de nuestro pueblo, de la ruptura de todo lazo entre conciudadanos, entre vecinos. Pero hay responsables, y en algún momento del mismo modo que un Presidente hace treinta años fundado en un compromiso con la vida y los Derechos Humanos decidió dar un mensaje sobre lo que puede pasar a aquellos que secuestran, torturan y desaparecen personas; esperemos que podamos asistir a la recuperación del respeto por la ley y la vida del otro en todos los niveles. Esperemos ver pronto un Nunca Más para los arquitectos de la impunidad, del saqueo de la Nación, que son los principales responsables de haber fomentado la desintegración del tejido social en la Argentina.

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