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Un ruido que también interpela a la oposición

Al ruido latoso de las cacerolas se sumó el estruendo de los bombos. A la bronca y la impotencia se agregó el humor y la ironía de los manifestantes. A los ciudadanos de a pie se acoplaron los dirigentes de la oposición. Se podría decir que la protesta del 18 A incorporó nuevos ingredientes a sus antecesoras del 13S y el 8N. Y que, al mismo tiempo, ratificó el carácter masivo de ambas.
La reforma judicial impulsada por el Gobierno y las denuncias sobre presuntos hechos de corrupción fueron el blanco central de los manifestantes. “Esto es al garete, hasta nos roba un nabo con rodete”, rezaba uno de los miles de carteles que desfilaron por la Capital en referencia al personaje del momento, Leonardo Fariña. También hubo pancartas con fotos de Karina Jelinek.
Según pudo constatarse, se trató de una demostración contundente, que desbordó la intención del oficialismo de caracterizarla como una protesta dominada por las fuerzas de oposición. Y que al mismo tiempo excedió las chances de cualquier dirigente de especular, con alguna dosis de razón intelectual, que en algún momento podría capitalizar su representación.
“¡Oposición, únanse!”, sostenía un cartel en el ingreso a la Plaza de Mayo. A pocos metros de allí, una militante de izquierda -con el infaltable megáfono en mano- exhortaba a los manifestantes a marchar al Congreso, porque allí se estaban votando las leyes de la reforma judicial. Pero muy pocos parecían prestarle atención. Y preferían unirse a los cánticos contra la re-reelección.
Otros, en cambio, caminaban al revés, en el sentido contrario de la marcha. Y no ocultaban su fastidio. Pero fueron los menos, frente a una verdadera marea humana que se había concentrado en esquinas como Santa Fe y Callao, Corrientes y Pueyrredón y Acoyte y Rivadavia. Es decir, del norte hacia el centro de la Ciudad. Hubo mucho menos afluencia desde la zona sur.
Desde el Barrio Norte caminó Elisa Carrió, una de las más activas convocantes a la protesta. También se los pudo ver a Federico Pinedo, Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo, Alfonso Prat Gay y Victoria Donda, todos diputados de la Nación. Se sumaron también senadores como María Eugenia Estenssoro y legisladores porteños, con el inconfundible rabino Sergio Bergman a la cabeza.
Las redes sociales fueron, otra vez, el motor de una protesta masiva que se replicó en distintas ciudades del país
Todos ellos advirtieron sobre pérdida de independencia del Poder Judicial, ante la atenta mirada de los manifestantes, que los observaban mientras daban testimonio ante las cámaras de televisión. Aunque no parecían sentirse contenidos por ninguno de ellos. Más bien, les demandaban que “pongan un freno” al kirchnerismo, sin adherir a ningún liderazgo determinado.
Pese a esto, fue notorio el esfuerzo del Gobierno porteño para ganarse la simpatía de los manifestantes, acompañándolos con oficiales de tránsito de la Policía Metropolitana, ante la notoria ausencia de sus colegas de la Federal. Una situación similar se vivió en las inmediaciones de la quinta de Olivos, donde el intendente Jorge Macri alentó la protesta y la calificó de “fiesta cívica”.
No tan lejos de allí, la presidenta Cristina Kirchner esperaba en la zona militar del Aeroparque porteño a su colega uruguayo José “Pepe” Mujica para embarcar juntos rumbo a Lima, la capital peruana. Hacia ella se dirigieron este jueves gran parte de las críticas de los manifestantes. Muchos cuestionaron su “autoritarismo” y hasta pidieron que sea sometida a un “juicio político”.
En paralelo, la Justicia allanaba los domicilios de Fariña en La Plata y del financista Federico Elaskar en Puerto Madero. En un bar frente a la Plaza de Mayo, los presentes estallaron en un aplauso cuando en las pantallas de la TV informaron del procedimiento en el Madero Center, el edificio que quedó identificado con varios hechos de corrupción. “Era hora”, gritaron y cantaron.
“Tenemos un Papa argentino, queremos un Gobierno argentino”, decía una extensa pancarta a pocos metros de allí. El “efecto Francisco” también fue parte de la protesta: muchos de los manifestantes buscaron ubicarse en las escalinatas de la Catedral metropolitana antes que entrar a la Plaza o quedarse frente al Cabildo. Los bombos de los gremios parecieron espantarlos.
Por primera vez en este tipo de protestas, un sector de los manifestantes se dirigió hacia el Congreso, en cuyo interior la Policía Federal montó un estricto operativo de seguridad. Según pudo saberse, se vivieron allí momentos de nervios y tensión. Aunque la protesta no fue violenta. De hecho, muchos diputados y senadores estaban en la calle en medio de los manifestantes.
Con todo, el cacerolazo del 18A no fue solamente un fenómeno porteño, ya que las protestas también se hicieron sentir en ciudades importantes como La Plata, Rosario y Córdoba. Aunque lo más preocupante para el Gobierno nacional es que el malestar pueda penetrar al Conurbano bonaerense, allí donde todavía reside el núcleo duro del apoyo popular a la Presidenta.

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