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ECONOMÍA

Economía simplista

Quién crea la mayoría de los puestos de trabajo? Pista: No es el gobierno. Casi todo el mundo parece comprender que el sector privado es la verdadera máquina de creación de trabajo. Pero he aquí una notable excepción al consenso: la página editorial del New York Times. El otro día, su principal editorial se titulaba: “El mito de la creación de trabajo: El gobierno de hecho crea puestos de trabajo, importantes puestos de trabajo, millones de ellos”.
En 35 años, no recuerdo haber redactado jamás una columna refutando un editorial. Pero éste merece tratamiento especial porque el argumento del New York Times es simplista, el tema es muy importante y el diario es una institución sumamente influyente.
Examinemos el argumento del Times. Primero, cita a Mitt Romney y al presidente Obama afirmando la opinión generalizada. Obama expresa: “Esta idea de que yo creo que el gobierno crea puestos de trabajo, de que de alguna forma ésa es la respuesta. Eso no es lo que yo pienso.”
Totalmente incorrecto, dice el Times. El gobierno crea puestos de trabajo, entre ellos, los de los “maestros, oficiales de policía, bomberos, soldados, marineros, astronautas, epidemiólogos, agentes antiterroristas, guardas forestales, diplomáticos. …” Hay 22 millones de puestos de trabajo federales, estatales y locales, señala el Times.
Caso cerrado, afirma. Y es cierto que, legalmente, el gobierno efectivamente expande el empleo. Pero económicamente, no lo hace -y a eso se refiere generalmente la gente cuando dice que “el gobierno no crea puestos de trabajo”-.

Quien paga

Lo que el Times omite es el dinero para mantener todos esos empleos gubernamentales. Debe venir de algún lado -generalmente, de impuestos o préstamos (bonos, títulos)-. Pero si las personas de quienes se obtiene el dinero, por vía fiscal o por préstamos, se hubieran quedado con el dinero, lo hubieran gastado en otra cosa -y esos gastos hubieran reforzado las fuentes de trabajo-.
La creación de puestos de trabajo en el sector privado es, en su mayor parte, un proceso circular. La gente compra lo que necesita y desea. O las empresas y los inversores privados corren riesgos invirtiendo en nuevos productos, tecnologías y fábricas. Todos esos gastos, impulsados por intereses personales y pecuniarios, sostienen más puestos de trabajo.
En una economía de mercado que funcione sin complicaciones, el proceso se alimenta a sí mismo. En cambio, los puestos de trabajo del sector público crecen sólo cuando el gobierno reclama ingresos del sector privado para pagar a sus trabajadores. El gobierno no crea puestos de trabajo. Sustituye a trabajadores del sector privado por trabajadores del sector público.
Ahora, permítanme agregar tres advertencias esenciales para evitar malentendidos.
Primero: No estoy diciendo que los puestos de trabajo del sector privado sean superiores a los del sector público. Obviamente, necesitamos maestros, soldados, oficiales de policía, epidemiólogos y otros trabajadores mencionados por el Times. Cuántos necesitamos y cuáles deben ser sus tareas son cuestiones políticas. También es cierto que muchas actividades gubernamentales -investigaciones básicas, carreteas, escuelas- pueden apoyar al sector privado. No estoy presentando un argumento a favor ni en contra de un determinado tamaño del aparato de gobierno; ése es otro debate. Mi intención es meramente explicar cómo aumentan los puestos de trabajo gubernamentales.

El mundo real

Segundo: Las nítidas líneas que he trazado entre el sector público y el privado, en el mundo real, son más borrosas. La mayoría de las industrias y empresas se ven influidas por las políticas fiscales, de gastos y regulatorias del gobierno. Algunas industrias (defensa y asistencia médica, para nombrar dos de ellas) dependen en gran medida de los gastos y regulaciones del gobierno, para bien o para mal. Las industrias que dependen de contratos con el gobierno a menudo parecen organismos públicos tanto como empresas privadas. Pero esa confusa realidad no altera las grandes diferencias en la creación de puestos de trabajo.
Y tercero: Hay una obvia excepción a la lógica que he expuesto. Cuando la economía sufre una grave crisis, el gobierno puede -en teoría- aumentar la contratación mediante préstamos y gastos, cuando los consumidores y las empresas se retiran. Si el Times hubiera circunscripto su argumento sobre la creación de puestos de trabajo del gobierno a esa posibilidad, hubiera estado sobre una base más sólida. Observen, sin embargo, que los economistas debaten enérgicamente, en qué medida el “estímulo” gubernamental tiene éxito en la práctica. Si los programas de estímulo inspiran una conducta compensatoria en el sector privado -supongamos que consumidores y empresas reaccionan a un mayor déficit presupuestario aumentando sus ahorros- los avances en los puestos de trabajo se verán debilitados. Tampoco es mi intención resolver ese debate.
Comprender el proceso de la creación de puestos de trabajo tiene implicancias políticas. Si el sector privado es la principal fuente de trabajo, entonces los incentivos, desincentivos y el clima general para que las empresas se expandan sí importa. En su editorial, el Times se opone a la “austeridad” del gobierno porque la economía sigue estando débil. Es una política legítimamente debatible -véase mi tercera advertencia- pero no convierte al gobierno en creador permanente de puestos de trabajo.
El argumento del Times tiene una cualidad simplista. Si el gobierno parece crear puestos de trabajo, debe hacerlo. Debemos superar esta perspectiva primitiva.

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