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Cristina afronta su propia herencia

La presidenta Cristina Fernández debe afrontar los desafíos de su propia y cada vez más pesada herencia en un escenario internacional complicado, tratando de redefinir el entramado de subsidios multimillonarios en la economía y frenar la inflación en medio de un proceso recesivo.
La jefa de Estado viene haciendo malabarismos verbales para explicarle a los argentinos que se vienen tiempos difíciles, porque, según explicó, el "mundo se nos cae encima". Con la crisis, también el Gobierno decidió construir un "relato" para intentar transmitir de qué se trata una economía en proceso recesivo, con expulsión de mano de obra, intervención nunca vista en el mercado y medidas que terminarán impactando de lleno en el bolsillo de la gente.
Aún con la soja en niveles récord, al país no le alcanzará para hacer frente a un déficit fiscal creciente y desequilibrios que amagan con ´incendiar´ algunas provincias. En paralelo se juega la disputa política, donde el gobernador bonaerense Daniel Scioli parece destinado a llevar la peor parte, porque su distrito es el que contiene importantes demandas sociales, especialmente en el conurbano, y le será difícil hacer el ajuste que parece demandar la hora.
Por primera vez desde que es presidenta, Cristina salió a criticar la mala administración de algunos gobernadores, y allí la peor parte la sacó Scioli, quien debió soportar varios retos en público antes de que la Casa Rosada le hiciera el ´favor´ de prestarle 600 millones de pesos y le permitiera emitir un bono por otros 900 millones.
La gran pesadilla de Scioli -quien observa cómo la recaudación cae producto de la crisis- podría producirse en diciembre, cuando deba afrontar nuevamente el pago de los aguinaldos. Desde la Rosada retan a los gobernadores y también reciben reclamos, porque el cordobés José Manuel de la Sota salió a exigir una deuda de 2.000 millones de pesos.
Cristina cuestiona pero su administración no deja de emitir moneda a niveles estratosféricos, que se proyecta al 30 por ciento anual. Emitir en forma casi descontrolada tiene su ventaja: hay billetes para pagar lo que haga falta y la gente posee circulante en las manos, incluido el nuevo de 100 pesos con la cara de Evita.
El billete, de avanzada, nació accidentado, porque obligará a readecuar todos los cajeros automáticos para que lo puedan leer.  Más allá de ese detalle, la gran pregunta es por qué la presidenta no aprovechó la oportunidad y lo hizo imprimir de 200 pesos o hasta de 500, algo que será inevitable si la inflación continúa en el 25 por ciento anual.
La "máquina de hacer billetes" sigue siendo potestad de la Nación, y la Rosada debería admitir de una vez por todas que los precios se le fueron de las manos -ni el kirchnerista metalúrgico Antonio Caló dijo creerle al INDEC- y adecuar la moneda a la nueva realidad argentina, muy distinta al "relato" transmitido por cadena nacional.
En las provincias y municipios el horno tampoco está para bollos con el Gobierno, porque los gobernadores sostienen que la Nación se va apropiando cada vez más de recursos generados por esos distritos. "Nosotros ponemos la cara para aumentar los impuestos, y la parte del león se la lleva la Nación", se escuchó decir a más de un gobernador.
Los cálculos que maneja el equipo de Daniel Scioli indican que las principales provincias del país habrían resignado casi ocho puntos de los ingresos tributarios en favor de la Nación. El problema no sólo es económico, sino principalmente político, ya que como bien repetía Néstor Kirchner en vida, "quien maneja la caja, tiene el poder".
Llueven, además, cuestionamientos desde la oposición a la forma en que el Gobierno está disponiendo de las reservas y utilidades del Banco Central. También despierta dudas la razonabilidad del manejo que se realiza con los fondos de la ANSeS, y los futuros jubilados se empiezan a preguntar qué ocurrirá cuando les llegue la hora de pasar a ser "clase pasiva".
El 3 de agosto próximo la Argentina pagará el último vencimiento del BODEN 2012, el bono del corralito que derivó de la última gran hecatombe política argentina del 2001. Serán unos 2.200 millones de dólares y la Presidenta prevé no dejar pasar la oportunidad de convertir al episodio en otra "epopeya" de su administración.
Cristina quiere capitalizar políticamente ese hito y planea un gran acto para recordar los males de aquellos tiempos y las ¿bondades? del actual. El aumento del déficit fiscal, el descalabro de los subsidios, los datos que nos ubican en recesión y un proceso inflacionario que no cede, reflejan que la situación del país no está para tirar manteca al techo.
¿Habrá llegado la hora de que la Presidenta brinde señales de que es necesario priorizar el ahorro antes que el consumo?    Difícil: el kirchnerismo está convencido de que el mercado interno debe seguir siendo alimentado, aunque sea artificialmente.
Es la matriz de un modelo que tiene como figura ascendente e indiscutida a Axel Kicillof, el economista al que Cristina eligió para llevar adelante las principales políticas del país mientras el mundo, como dijo, se nos "cae encima".

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