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ECONOMIA

Cómo evitar una nueva "trampa cambiaria"

Como si se tratara de una mala película repetida, renacieron temores entre los argentinos de que haya un nuevo cambio de reglas de juego que incluya pesificar de facto y aplicar una devaluación, "sensación" instalada que a esta altura sólo podría revertirse normalizando de inmediato el mercado cambiario.
Pero Cristina Fernández parece haber quedado impedida de tomar esa medida, porque necesita divisas para pagar deuda e importar combustibles, y no tiene las necesarias.
Al goteo diario de dólares depositados en los bancos, que explica la baja de reservas a pesar de las compras del Banco Central, se suma que cada vez que el gobierno abre el grifo para adquirir divisas, los ahorristas compran todo lo que está a su alcance.
Así, el país se enfrenta, como innumerables veces a lo largo de su historia, a la encrucijada de caer en una "trampa cambiaria" que se lleve puestos los ahorros, esfuerzos y sueños de millones. El mejor escenario para el cristinismo sería lograr que la economía se pesificara, de un día para el otro y como por arte de magia.
Pero el problema que encierra esa mera expresión de deseos es la historia de devaluaciones que pesa sobre las espaldas de los  argentinos y, como explicó el economista Juan Llach, el escenario inflacionario que afronta el país.
A esta altura de los acontecimientos, no queda argentino sin tener claro que el costo de vida al menos duplica al que informa el INDEC, y esa es la principal razón por la que millones de ciudadanos eligen al dólar como moneda de refugio.
Generaciones de argentinos vivieron en carne propia descalabros provocados por devaluaciones hechas a las corridas, que destruyeron economías completas y y dejaron un tendal de bancarrotas a su paso.
Ahora, la idea de que una devaluación esté dando vueltas por la cabeza de algún funcionario será difícil de desinstalar, aunque la propia presidenta Cristina Fernández y su elenco de colaboradores la desmientan mil veces.
El mercado inmobiliario es una de las principales trabas para avanzar en una pesificación. El Gobierno alentó su crecimiento y lo convirtió en la estrella del modelo, bien aceitado por los dólares de la soja. De la mano de la construcción crecieron muchos otros sectores y se crearon cientos de miles de empleos.
Pero casi la totalidad de las transacciones en ese mercado se realiza en dólares, y hay cientos de miles de boletos de compraventa firmados en esa moneda, que parecen imposibles de pesificar a esta altura.
Los principales funcionarios del Gobierno salieron a rechazar de plano que se esté pensando en una pesificación, pero en los hechos las trabas para comprar dólares siguen funcionando a pleno y no parece haber intención alguna de eliminarlas.
Así, el Gobierno cae en una nueva contradicción: asegura que no hay problemas pero mantiene trabado el mercado cambiario.   En medio de ese escenario, la encrucijada para los inversores y ahorristas está clara: quienes están endeudados en dólares deben apelar al mercado negro, donde pagan entre 35 y 40 por ciento más caro la divisa.
El principal problema del Gobierno es que carece de política anti-inflacionaria, en primer lugar porque se niega a reconocer el alza de precios, y en segundo término porque siempre se preocupó más por alentar el consumo que en incentivar el ahorro.
Así, en este complicado 2012 se están pagando los platos rotos de años de gasto y emisión desmesurada, que fueron centrales para apuntalar la construcción de poder político pero dejaron exhausto al Tesoro y a la Argentina en jaque.
En el viaje que unos 400 empresarios compartieron con GuillermoMoreno a Angola, algunos pudieron escuchar de la propia boca del influyente funcionario una frase que encendió alarmas. "Se acabó la caja, nos quedamos sin plata", aseguraron haber escuchado de boca de Moreno al menos dos empresarios pymes que compartieron ese vuelo donde el funcionario arengó a vender y se mantuvo ubicado estratégicamente en los últimos asientos del charter con destino africano.
Con más voluntarismo que alguna idea de cómo hacerlo, el politólogo y jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, pidió avanzar en una desdolarización y pensar en pesos. Cristina también aseguró que "hay que hablar del peso y no del dólar, porque viene un mundo nuevo".
El problema es que buena parte de ese mundo ni siquiera sabe que el peso argentino existe, y se sigue manejando en dólares para todas sus transacciones.
La Presidenta y su gabinete podrán hacer todos los malabarismos posibles para disimular que no pasa nada, pero si continúa paralizado el mercado cambiario y los bancos siguen perdiendo unos 150 millones de dólares semanales en depósitos, será muy difícil salir de esta encrucijada.

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