PERFIL

François Hollande ante la apuesta por una presidente "normal"

Como candidato prefería viajar en tren, hacer las compras en su barrio y tener contacto directo con la gente; elegido el domingo presidente, François Hollande apuesta por una "presidencia normal", que concibe como una nueva forma de dirigir Francia, opuesta a la de Nicolas Sarkozy.

"No me gustan los honores, los protocolos ni los palacios. Yo reivindico la simplicidad, que no es modestia, sino la marca de una auténtica austeridad. Me gusta la gente, cuando otros están

fascinados por el dinero", repitió durante la campaña.

¿Vivirá en el palacio presidencial del Elíseo? "Si es posible, me quedaré donde vivo", dijo su compañera, Valérie Trierweiler, aunque reconociendo que podría ser complicado seguir residiendo en su piso del suroeste de París, por razones de seguridad.

En una Francia que a menudo es calificada de monarquía republicana a raíz del gran poder del presidente y la importancia del protocolo, el estilo de Hollande se resume un pocas palabras:

"constancia", "respeto", "unión".

Él mismo esbozó el retrato de un presidente normal: "Tiene que ser al mismo tiempo cercano y respetado, y para ello tiene que ser respetable", "dar el impulso, pero no ocuparse de todo".

Todo reposa en ese equilibrio, en opinión del centrista Dominique Paillé. "Un presidente normal va al tajo en los ámbitos de regalía (Relaciones Exteriores, Defensa), pero no mete las manos en la harina, como lo hacía Nicolas Sarkozy, que intervenía todo el tiempo sobre todo".

El socialista ha construido la imagen de "presidente normal" en oposición a la imagen de presidente "fuera de norma" dada por el saliente, que "dio la impresión de ser el amigo de los ricos y de favorecer a sus allegados", analiza Paillé, ex portavoz del partido de Sarkozy, que se distanció de él hace un año.

Hollande afirmó su diferencia durante la campaña: baños de multitud con seguridad reducida, viajes en tren antes que en avión. Un hombre como los demás que, según su compañera, "hace las compras él mismo".

En 1974, Valéry Giscard dEstaing buscó también la "simplicidad" para contrarrestar su imagen de aristócrata, cenando con franceses medios o invitando a desayunar a basureros en el palacio presidencial.

Pero más que "normal", el presidente Giscard quería mostrarse "moderno". Y François Hollande es "antimoderno en el sentido de que no tiene la obsesión del parecer", estima el sociólogo

Dominique Wolton.

Su concepción de la presidencia se inscribe en una "identidad cultural" con la que sus conciudadanos pueden identificarse, como "muchos cancilleres en Alemania", agrega el especialista.

"Un presidente normal debe ser un presidente ejemplar", repitió Hollande. Durante el debate de campaña que lo opuso a Nicolas Sarkozy el miércoles, recalcó sus promesas: no será el "jefe de la mayoría", "no tratará a su primer ministro como a un colaborador" y no nombrará arbitrariamente a jueces ni a directivos de los medios de comunicación estatales.

Como presidente de la República, ganará menos y hará que se ponga fin a la inmunidad judicial total de que goza hasta ahora el jefe de Estado durante su mandato.

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