ENFOQUE

Año 2012: los productores, entre la angustia por la seca y el futuro

Superando todos los pronósticos, la seca se presentó con su peor cara en este 2012.
Un relevamiento hecho por Carbap muestra una realidad desoladora. Ya se perdió mucho y si no llueve en los próximos días, el panorama será aún peor.
Sin cosechas, con los bolsillos secos y gran endeudamiento, para miles de productores el presente será demasiado pesado como para mirar hacia adelante.
Aun así, en esta nota trataremos de levantar la mirada por sobre esta dura adversidad, para analizar el futuro de países como la Argentina.
Recientemente sorprendió Brasil al alcanzar el lugar de sexta economía del mundo, desplazando a Gran Bretaña y, de acuerdo a diferentes predicciones, en los próximos años desplazará también nada menos que a Alemania, mientras otras naciones  de las denominadas emergentes, también consolidan su posicionamiento.
Aunque el Gobierno de Dilma Rousseff todavía deberá dar batalla para sacar a millones de brasileños de la exclusión y la indigencia, sin dudas su país ha avanzado.
La novedad brasileña, antes que provocarnos envidia debe alegrarnos.
Al fin y al cabo, se trata de un país vecino y nuestro principal socio comercial.
Además, bien podría ser un espejo donde mirarnos para convencernos de que, si superáramos viejos prejuicios económicos y antinomias, también la Argentina puede subirse al tren de las oportunidades.
Fijar el rumbo hacia el Desarrollo debería ser nuestra obsesión nacional, pero no mediante la declamación, sino mediante la acción concreta.
Para un Desarrollo equilibrado hay que revertir la cada vez más mezquina coparticipación federal, que sólo devuelve al interior apenas el 25% de la recaudación,  contrastando con el 50% de otras épocas, condenando a varias provincias a la sumisión, por la obligada dependencia de los aportes del Gobierno Nacional.
También, es imprescindible priorizar la generación energética en sus diferentes variantes y orientar inversiones hacia obras de infraestructura para el transporte de la producción.    
No es imposible. Se trata de saber hacia dónde queremos ir. Porque nunca soplan vientos favorables para el que no sabe dónde va, tenemos que ser capaces de establecer las coincidencias para fijar un rumbo que necesitará de instituciones jerarquizadas, incluyendo los organismos de control de la administración pública.
Además, se necesita aprovechar la potencialidad agraria, base del gran complejo agroindustrial, que aún a pesar de las adversidades políticas y climáticas, genera más del 30% del empleo nacional y cerca del 60% de las exportaciones.
Para eso, será indispensable avanzar hacia la simplificación fiscal, la revisión de un sistema tributario distorsivo y los desequilibrios causados por políticas perjudiciales.
Afortunadamente, la denominada Alteración de los Términos de Intercambio, anunciada en 1950 por Raúl Prebisch, quedó atrás.    
Según esta teoría (Prebisch-Singer), los países de matriz agroexportadora estaban condenados a sufrir crecientes desequilibrios en sus balanzas comerciales, ya que los bienes exportados por las potencias industrializadas se encarecerían cada vez más.
Encima, después de 1960, la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) comenzó a abrumar al mundo con sus stocks granarios, mientras con su denominada Revolución Verde, los Estados Unidos inundaban los mercados de productos agropecuarios y deprimían los precios.
Ahora, con una población mundial que crece aceleradamente, pasando de los 3.000 millones de habitantes en los tiempos de Prebisch a los 7.000 millones actuales, las cosas son diferentes.
A pesar de los cimbronazos de la economía internacional y los azotes del clima que ahora nos golpean con el drama de la seca, todo indica que en un mundo complejo y con múltiples desafíos, la demanda alimentaria ofrecerá  posibilidades a países como el nuestro.    
Para aprovecharlas, y por el bien de todos, el campo y el interior esperan su oportunidad. 

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