Axel Kicillof buscará avanzar con una recomposición de salarios para atenuar los efectos de la inflación.
Axel Kicillof buscará avanzar con una recomposición de salarios para atenuar los efectos de la inflación.
LA PROVINCIA

Un proyecto metido como cuña en la interna oficial con muy fuerte impacto en la Provincia

Máximo Kirchner acaba de presentar en la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto que, paradójicamente, obligará a Axel Kicillof a negociar con la Casa Rosada. El jefe del PJ bonaerense reclama que se adelante a agosto la suba del salario mínimo previsto en su último tramo para enero para evitar que ese ingreso quede detrás de la inflación.

En medio de la tensión política que existe en el Frente de Todos, el kirchnerismo empieza a marcar una agenda propia de gestión desde el Congreso. Y, de paso, deja del otro lado del mostrador al Presidente, justamente, en el incómodo lugar del alineamiento con el Fondo Monetario Internacional. Con la mira puesta en 2023, se trata de una nueva etapa del proceso de diferenciación de Alberto Fernández que empuja el universo K.

Aquella iniciativa de Máximo Kirchner es, en términos políticos, mucho más que una crítica a la Casa Rosada por el avance de la inflación y las herramientas que aplica o no (según las distintas visiones que existen en el oficialismo) para combatirla. Apunta, también, a contener a parte del núcleo duro de votantes del kirchnerismo que tiene asiento en los distritos más postergados del Conurbano. El dato es insoslayable: al salario mínimo están atados los montos de los planes sociales.

Ese proyecto, de algún modo, anticipa algunas decisiones que deberá tomar Kicillof. En su horizonte inmediato figura la recomposición de los salarios de docentes y estatales y con el mismo esquema que promueve justamente Máximo Kirchner, con quien limó asperezas en los últimos tiempos: adelantar el pago de cuotas para que los ingresos de los empleados públicos no pierdan tanto contra la inflación.

Mantener la paz social con los gremios está inscripta como parte inescindible del plan de reelección que amasa el Gobernador. Y Kicillof buscará avanzar con una recomposición similar.

Antes, se verá obligado a salir a buscar recursos nacionales. A negociar con la Casa Rosada en medio de la pelea en la que se plantó del lado de los que cuestionan las decisiones de Alberto Fernández y su ministro de Economía, Martín Guzmán. La gestión llegará en un momento complejo. 

Esa histórica dependencia bonaerense de los fondos nacionales volverá a estar sobre la mesa. 

La oposición también transita semanas agitadas. El PRO fue escenario de una fuerte disputa por la principal candidatura en la Provincia que quedó expuesta en la cumbre de intendentes que se desarrolló en La Plata. Lo que pretendió ser una puesta en escena desde donde proyectar un poder local para influir en decisiones macro y al mismo tiempo proyectar a algún alcalde para la pelea bonaerense, trastabilló en medio de desconfianzas y recelos.

Jefes comunales que responden a Diego Santilli decidieron pegar el faltazo porque consideraban que esa cumbre iba, de alguna forma, en desmedro de su candidatura. Tampoco quería dejar en manos de algunos de sus pares como el platense Garro o Néstor Grindetti (Lanús), un poder de influencia y negociación que no les reconocen.

Ese dato revela que falta correr mucha agua bajo el puente. Tampoco hubo plafón en aquella cumbre para ungir a Santilli desde el poder territorial del PRO como sugerían algunos alcaldes. La disputa sigue abierta porque la lista de anotados para la Gobernación es más amplia y variada e incluye a Cristian Ritondo (apoyado por María Eugenia Vidal) y el hombre que pudiera promover Patricia Bullrich, por ahora, Javier Iguacel, el jefe comunal de Capitán Sarmiento.

El radicalismo, mientras tanto, acaba de despejar una incógnita que quizás pudiera tener alguna incidencia en el desenlace bonaerense. Martín Lousteau definió que será candidato a jefe de Gobierno porteño y, por lo tanto, se bajó de la carrera presidencial.

En la Provincia, Lousteau sigue haciendo caminar a Martín Tetaz, que asoma como el dirigente más instalado, aunque con la desventaja de no abrevar en el esquema de la conducción partidaria liderada por Maximiliano Abad, a quien algunos dirigentes imaginan como el nombre que finalmente terminará empujando la UCR.

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