El primer ministro Scott Morrison definió una política ambiental a la que calificó como “prudente”.
El primer ministro Scott Morrison definió una política ambiental a la que calificó como “prudente”.
ANÁLISIS

Australia: pese al intercambio comercial con China, la alineación es con los Estados Unidos

La firmeza del compromiso político y militar australiano con las democracias liberales del mundo suele no ser valorado suficientemente a la luz de sus antecedentes históricos. La Primera y la Segunda Guerras Mundiales, la guerra de Corea y la guerra de Vietnam, por citar los principales conflictos, vieron combatir a las tropas del país continente.
Los tiempos actuales reafirman la tradición. No se trata solo de mantener una coherencia histórica. La agresividad china, en particular, sobre el Mar de China Meridional y los avances de la iniciativa de la Ruta de la Seda sobre los estados insulares de Oceanía resultaron determinantes para actualizar el alineamiento militar de Australia.
En setiembre del 2021, el primer ministro Scott Morrison (liberal) anunció un acuerdo conjunto con el presidente estadounidense Joe Biden y con el primer ministro británico Boris Johnson que dio comienzo a una nueva alianza estratégica militar denominada AUKUS, por las siglas en idioma inglés de los tres países integrantes.
El documento nada dice acerca del objetivo evidente de poner freno a las ambiciones chinas. No obstante, es hacia el régimen dictatorial y expansionista del presidente Xi Jinping hacia donde deben ser dirigidas las miradas para analizar el acuerdo.
De momento, AUKUS se limita al intercambio -léase provisión- de tecnología nuclear para equipar submarinos. En la práctica, se trata de reproducir en Australia, los submarinos a propulsión nuclear norteamericanos y/o británicos. Aclaración: no estarán dotados de armamento nuclear dado que Australia adhiere al Tratado de No Proliferación (TNP).
El objetivo es China, pero la primera víctima fue Francia. Y es que, de un día para el otro, el gobierno australiano “volteó” el contrato firmado en 2016 para que la empresa francesa Naval Group proveyese doce submarinos convencionales por valor de 50 mil millones de dólares. La cuestión provocó un incidente diplomático entre Francia y AUKUS.

Geopolítica
La mayor parte de los países del mundo que muestran un alto grado de desarrollo y, por tanto, una mayor capacidad de independencia a la hora de tomar decisiones, suelen supeditarlas a los intereses comerciales. 
No es el caso de Australia. Con 103.000 millones de dólares anuales China se ubica como su primer comprador a una distancia considerable de quienes la siguen: Japón con 40.000 millones; Corea del Sur con 17.500 millones; y recién entonces Reino Unidos y Estados Unidos con 10.500 y 10.100 millones, respectivamente.
Si observamos las importaciones australianas, también el primer lugar es ocupado por China con 57.000 millones; seguido por Estados Unidos con 26.200 millones; Japón con 15.400 millones; Tailandia con 10.600 millones; y Alemania con 10.500.
Las exportaciones australianas son, básicamente, mineras: hierro, carbón, oro y cobre entre los cinco primeros rubros, y la carne bovina que ocupa el cuarto lugar. El hierro y, sobre todo, el carbón, en altísimas proporciones, tiene como destino China. Con el agravante para el carbón cuya comercialización está en declive en todo el mundo dado su carácter contaminante.
Un dato más, la balanza comercial australiano-china es francamente favorable al país insular con poco menos de 50 mil millones de dólares de superávit.
El conjunto de cifras y guarismos permite imaginar una posición cuanto menos prudente del gobierno australiano frente al autoritarismo y la agresividad china. Pues bien, todo lo contrario, y no se trata solo de las alianzas militares y de seguridad, también de posiciones políticas como el boicot diplomático a los Juegos Olímpicos de Invierto en Pekín.
En términos generales, el boicot diplomático es una medida meramente simbólica. Consiste en la no asistencia de miembros del cuerpo diplomático acreditado ante el gobierno de un país, en este caso China, a la apertura de un evento oficial, en este caso la apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno. Raro ejemplo en el mundo occidental desarrollado, el de Australia, que toma decisiones geopolíticas claramente separadas de sus intereses comerciales.

Medio ambiente y pandemia
El 13 de enero del 2021 el termómetro alcanzó los 50,7 grados centígrados de temperatura en la aislada ciudad costera de Onslow, recostada sobre el Océano Índico, en el estado de Australia Occidental. El registro igualó el récord verificado 62 años antes en Oodnadata, pequeña ciudad ubicada en el estado de Australia Meridional.
El Consejo Australiano para el Clima advirtió que dichas temperaturas pueden repetirse dado el calentamiento climático que padece el planeta. Sin embargo, para los escépticos del cambio climático, el hecho de una repetición 62 años después deja muchas dudas sobre tal afirmación. Hace 62 años, los gases invernadero emitidos a la atmósfera eran insignificantes.
La cuestión arroja leña al debate sobre el tema climático y medio ambiental, en particular, tras la negativa del gobierno del primer ministro Morrison de firmar el acuerdo -suscrito por cuarenta países-, en Edimburgo, Escocia, para abandonar progresivamente la extracción de carbón. Cabe señalar que China y los Estados Unidos tampoco firmaron. 
Tras muchas resistencias, el gobierno australiano dio a conocer, el 26 de octubre de 2021, un objetivo de “neutralidad carbono” por alcanzar en 2050. Un plan muy criticado por la falta de detalles y por el hecho de recostarse sobre innovaciones tecnológicas que aun… no se conocen.
Australia es el primer productor mundial de carbón y de gas licuado. Se trata de un dato no menor que define porqué el gobierno rechaza cualquier avance que ponga en peligro la prosperidad del país alcanzada gracias a sus recursos naturales. Así, nada de tasa carbono -impuesto sobre la emisión de dióxido de carbono-, ni de medidas restrictivas. 
La pretensión australiana de alcanzar un grado de “potencia exportadora” de productos tales como el propio hidrógeno, el amoníaco, el acero y el aluminio determina que la prioridad no es adelantar el objetivo de la neutralidad carbono, sino de encontrar un equilibrio que permita mantener y acrecentar el empleo en las regiones mineras.
Pero, una mirada sobre los socios comerciales de Australia permite ver que catorce de los veinte principales avanzan para alcanzar la neutralidad. Una decisión que condiciona a la propia isla-continente si pretende conservar su parte del mercado mundial.
Presionado por una parte de la opinión pública ambientalista de su país y por las presiones internacionales, el primer ministro Morrison definió una política ambiental a la que califica como “prudente”. 
De allí que la propuesta para llevar a cabo una reducción en la contaminación ambiental por efecto invernadero consiste en la inversión “masiva” en nuevas tecnologías, particularmente en la producción de hidrógeno “limpio”.
Bajo la denominación “limpio” se cobijan dos tipos de hidrógeno. El “verde” producido a partir de energías renovables y el “azul” surgido desde energías “fósiles” cuya tecnología de producción aún no alcanzó un grado de desarrollo suficiente y amerita el rechazo anticipado de las organizaciones medioambientales. 
Con todo, el anuncio del primer ministro Morrison de alcanzar la neutralidad carbono en 2050 fue considerado como un avance importante por ambientalistas, por distintos tipos de organizaciones sociales y civiles, por algunos sectores políticos y por buena parte de la opinión pública.
Político pragmático por donde se lo busque, Morrison supo captar el momento y formuló el anuncio del 2050 y de la inversión masiva en nuevas tecnologías. Su pragmatismo también fue puesto de manifiesto ante la pandemia del Covid, más allá del caso Novak Djokovic. Con amplia repercusión mediática, el número uno del tenis mundial fue privado de su visa australiana por no estar vacunado y por mentir sobre situación sanitaria. Esta vez, no hubo pragmatismo, sino principios universales.
Diferente es la relación del gobierno con su política sanitaria, en particular la referida a la apertura de sus fronteras. Con un cierre total desde marzo del 2020, el país adoptó la tesitura de COVID cero que representó un aislamiento a ultranza frente al mundo exterior. Inclusive los ciudadanos australianos que retornaban del exterior debían afrontar una cuarentena
Ahora, presionado por circunstancias tales como la falta de mano de obra en algunos sectores o la ausencia de los estudiantes extranjeros que totalizan unos 130 mil jóvenes, el país “reabre” según dijo la ministra del Interior, Karen Andrews. Ya no necesitarán cuarentena los australianos, ni quienes detentan visa, ni japoneses, surcoreanos o singapurenses.
Una apertura que aún no alcanza al turismo, sector económico que languidece, pero que fue puesta en práctica en noviembre del 2021, en pleno apogeo de ómicron. Pragmatismo, si los hay.

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