En distintos sectores temen que el ausentismo por la ola de contagios frene la economía.
En distintos sectores temen que el ausentismo por la ola de contagios frene la economía.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El año arrancó con el debate por la deuda

El Gobierno no pudo mostrar una fuerte cohesión política detrás del acuerdo con el FMI. En cambio, tuvo que admitir las diferencias que aún subsisten con el organismo por el ajuste fiscal. La reunión con gobernadores también trajo roces dentro de la oposición por los dichos de Morales.

Sin ser un año electoral, el 2022 comenzó movidito en el escenario político. En realidad la renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional marcó los tiempos de estos días, que apremian sobre todo para el Gobierno que tuvo que blanquear las diferencias fiscales con el organismo para llegar a un acuerdo, del cual los mercados empezaron a dudar, situación que se vio reflejada en la caída de los bonos argentinos en los últimos días y el alza del riesgo país.
La administración de Alberto Fernández jugó su primera carta fuerte en el respaldo político y buscó una nueva foto con todos los gobernadores, en una convocatoria donde el ministro de Economía, Martín Guzmán, diera un informe sobre en qué punto se encuentran las negociaciones con el FMI. No era fácil. Venía de un duro fracaso en el Congreso, donde la oposición no le aprobó el Presupuesto para este año.
Y por cierto, no pasó la prueba de mostrar en Washington cierta cohesión en la política doméstica. Solo 12 gobernadores de los 23 participaron -algunos de manera virtual- de la exposición del Presidente y su ministro, además del anunciado faltazo, tal como ocurrió en la firma del compromiso fiscal, del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. 

Morales quedó en el medio
Pudo ser peor el vacío de esa reunión. El día previo al encuentro, Alberto Fernández necesitó numerosas llamadas telefónicas con el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, para que los tres mandatarios provinciales del radicalismo -Rodolfo Suárez (Mendoza), Gustavo Valdés (Corrientes) y él- no dejaran las sillas vacías. Finalmente, estos aceptaron enviar representantes de su confianza a la Casa Rosada, y accedieron a participar de un próximo encuentro, todavía sin fecha. También, quizás sin querer, con sus gestiones ante Morales, el jefe de Estado abrió una grieta en la oposición por declaraciones del presidente de la UCR que no cayeron bien en los socios de Juntos por el Cambio. “Nosotros contrajimos la deuda, lo menos que podemos hacer es ir y escuchar”, justificó el jujeño, aunque durante la cumbre nacional del último jueves de la coalición buscó limar asperezas y aseguró que “la sacaron de contexto” esa frase. De todos modos, le dejó una factura al PRO: “Macri nos informó unos minutos antes que había un principio de acuerdo con el FMI para el auxilio financiero, que hoy se discute”.
Mientras tanto, en esa reunión en la Casa Rosada Fernández y Guzmán tuvieron que admitir una situación que en los mercados ya era un secreto a voces: que las negociaciones con el FMI están empantanadas y que el camino fiscal a seguir para un programa sustentable de crecimiento es el gran punto de la discordia.  “La palabra ajuste está desterrada de la discusión”, advirtió el Presidente. “La diferencia entre lo que plantea el Fondo y el Gobierno consiste en diferenciar un programa que con alta probabilidad sostendría la recuperación económica que la Argentina está viviendo. Es esencialmente un programa de ajuste de gasto real versus un programa que le dé continuidad a esta recuperación fuerte a la economía”, explicó, de manera más técnica, el ministro en su presentación ante los gobernadores.
Al otro día le respondieron los mercados. Los bonos de deuda de Argentina volvieron a caer y el riesgo país a pegar otro salto. Mientras, el dólar informal o blue siguió su carrera ascendente.

¿Y el kirchnerismo?
Y en esta carrera contrarreloj en las negociaciones con el Fondo Monetario, Cristina Kirchner y La Cámpora se llamaron a silencio. De todos modos, se sabe que jamás aprobarían una receta de ajuste del organismo, a quien, le siguen exigiendo más flexibilización en los pagos y la eliminación de las sobretasas que deben pagar los países por el alto monto del crédito otorgado. Quedó en claro con las tarifas de los servicios de electricidad y gas cuando desde la secretaría de Energía -manejada por el kirchnerismo- se anunció un solo aumento para este año -de alrededor del 20 por ciento- más allá de la segmentación social. 
Sin embargo, dentro de este marco, le estalló al Gobierno un clásico de los veranos: miles de vecinos porteños y del Gran Buenos Aires varios días sin luz. De inmediato le apuntaron a la falta de inversiones. Pero desde las empresas concesionarias ya no saben cómo explicar que las tarifas están “un 100 por ciento atrasadas”, más allá de los subsidios.
Volviendo a la reunión con los gobernadores, no dejó de llamar la atención el mensaje que dejó Axel Kicillof. El mandatario bonaerense, después de reiterar sus duras críticas contra el macrismo y reprocharle “la bomba atómica que nos dejó” con el millonario crédito contraído en 2018, le sugirió al Presidente un cambio de estrategia en la negociación con el Fondo. “Es muy compleja la situación, se hizo un gran trabajo para lograr un acuerdo en plazos más largos, cosa que el FMI aún no acepta. Sin sobretasas, cosa que el FMI tampoco aún acepta, ninguna novedad. Y además nos piden ajuste”, planteó.
Lo cierto es que ahora la administración nacional busca otra oportunidad de cerrar ese apoyo político de la oposición. Por lo pronto, en la cumbre de Juntos por el Cambio de decidió participar en la nueva convocatoria de Guzmán, inclusive con Rodríguez Larreta. Pero con dos condiciones, que el escenario sea el Congreso y no la Casa Rosada. Y que se brinden “detalles concretos” del plan económico que se presentará ante el Fondo.

La tercera ola
Finalmente, dentro de estos vaivenes políticos y económicos, desembarcó con todo en el país Ómicron, causando un aluvión impresionante de contagios -los más altos desde el comienzo de la pandemia- en pleno inicio de la temporada estival. Y si bien esta variante es algo más benévola que las otras en cuanto a internaciones y mortalidad, no deja de encender las luces de alarmas.
¿Se bajó la guardia?, una de las preguntas que surgen. Mientras, el pico máximo aseguran que aún no llegó. Lo esperan para febrero o marzo. Y volvieron a surgir diferencias de política de salud de como sobrellevar esta tercera ola de Covid en el país. Por ejemplo, sobre los testeos. Ante las interminables filas que se forman en hospitales y otros centros públicos, desde Nación impulsaron el uso de los hisopados “caseros”. Sin embargo, desde la Provincia, el ministro de Salud, Nicolás Kreplak, le bajó el pulgar. Y fue más allá: “El 90 por ciento de los testeos no sirven”. También se diferenció el jefe de Gobierno porteño, que en su distrito ordenó abrir más centros de testeos y pidió a la gente que vaya, con o sin síntomas.
Pero no solo en lo sanitario hay alerta. También hay preocupación por la actividad económica. “El ausentismo por Covid atraviesa todos los rubros. Estamos enfrentando un ausentismo grande por sospecha de Covid, especialmente en el AMBA, Córdoba y el Gran Rosario”, aseguran desde la Unión Industrial Argentina (UIA).

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