Axel Kicillof rearmó el Gabinete y relanzó su gestión de gobierno.
Axel Kicillof rearmó el Gabinete y relanzó su gestión de gobierno.
LA PROVINCIA

Kicillof amortiguó los embates del peronismo y de La Cámpora

Axel Kicillof volvió a cambiar su gabinete. En el lapso de poco más de dos meses, metió bisturí en su equipo de colaboradores, aunque en otro contexto, con otras urgencias y menos presiones que allá por mediados de septiembre cuando el fogonazo de la derrota encandiló hasta el extremo su margen de maniobra.
El segundo capítulo de los cambios en el Gabinete provincial se produjo en otro contexto. La derrota electoral amortiguada por la remontada final que acercó los guarismos con Juntos, se transformó de algún modo en un paraguas protector para Kicillof. Podría trazarse un paralelismo con lo que ocurre con Alberto Fernández: ambos funcionarios, aun en la derrota plasmada en noviembre, paradójicamente se sienten robustecidos.
Cierto es que el Kicillof debió abrir otra vez espacios a La Cámpora -que colocó como ministra de Ambiente a Daniela Vilar- y a Cristina Kirchner, que fue la principal impulsora del desembarco bonaerense en el área educativa de Alberto Sileoni. Pero en tren de compensaciones, reivindicó al entonces desplazado Simone: decidió crear otro ministerio, el de Vivienda, que quedará a cargo de uno de sus hombres de confianza.
Kicillof también salió a proteger a Agustina Vila, que debió dar el paso al costado de Educación, a quien nombró en la secretaría General de la Gobernación. Existe otro dato no tan conocido que acaso muestre el otro talante que exhibió el mandatario en este recambio de equipo: protegió a su ministra de Trabajo, Mara Ruiz Malec. Ese cargo estuvo en la mira del peronismo del Conurbano, pero finalmente el intento no prosperó.
La otra novedad de los cambios en el equipo de la Provincia tiene que ver con la llegada al Gabinete de Jorge D´Onofrio, un hombre de Sergio Massa. El tigrense se había quedado afuera del primer sacudón de septiembre y venía reclamando un espacio. El último de los cambios que enhebró Kicillof fue el menos sorpresivo y tiene que ver con la llegada de la platense Florencia Saintout al Instituto Cultural, una suerte de ministerio de Cultura bonaerense. 
La oposición también vivió en los últimos días sus propios sacudones políticos. El PRO bonaerense dejó expuesta en la pelea por los cargos en la Legislatura las astillas que generan la falta de una conducción indiscutida. “Fue un papelón”, resumían con alguna dosis de autocrítica dirigentes del partido frente a una disputa por la conducción del bloque de senadores entre los intendentes, el tándem que integran Jorge Macri y Daniel Angelici y el poder que representan Diego Santilli, María Eugenia Vidal y Cristian Ritondo. Y que, como corolario, impidió el cumplimiento del trámite institucional de completar las autoridades de la Cámara alta.
Esa pulseada deja expuestas al menos dos realidades: no existe un dirigente ni un sector determinado del PRO capaz de alinear. La otra: que la elección de Santilli en la Provincia, si bien victoriosa, no terminó por catapultarlo como un líder bonaerense.
El radicalismo asistió a esa pelea furibunda de su principal socio en Juntos con su tropa medianamente ordenada. Algunos legisladores tomaban esta situación con humor. “Ahora los que parecen que viven en la interna son ellos”, decían por aquello de la afición de la UCR por exacerbar sus diferencias intestinas.
En la Provincia, los radicales se muestran más o menos monolíticos y no parece haber margen para una aventura rupturista como la liderada por Martín Lousteau en el Congreso nacional. Acaso esté contribuyendo la figura de Facundo Manes, la gran esperanza de la UCR bonaerense de pelear con chances en las ligas mayores.

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