Roberto Feletti
Roberto Feletti pone mano dura para controlar los precios en las góndolas.
PANORAMA PROVINCIAL

La lucha contra el alza de precios de productos de consumo familiar

A poco menos de un mes de las elecciones legislativas, y concluidos los interminables anuncios de inyección de dinero en los bolsillos del electorado, el trabajo de campaña del oficialismo bonaerense parece haber virado hacia un eje decisivo: la lucha contra el alza de precios de los productos, sobre todo, de consumo familiar, cotidianos, básicos.
En la Casa Rosada y en La Plata se llegó a la conclusión de que la elevada inflación ha sido uno de los factores principales que ocasionaron la caída del Frente de Todos en las Primarias. Y que se necesita mostrar vigor en combatirla, como una forma de empatizar con el electorado. En especial, esa porción que no concurrió a votar en septiembre, poco menos de dos millones de personas, y que conforman un universo deseado donde pescar nuevas adhesiones.
Es una obviedad tan grande que sorprende la demora en abordarla, aun con la cuestionada receta del control de precios unilateral que dispuso el Gobierno nacional y que Axel Kicillof avala de punta a punta.
Kicillof podría pedir el copyright de aquel diagnóstico. En sus diálogos con la vicepresidenta Cristina Kirchner y en charlas con Alberto Fernández, el gobernador venía pidiendo “mano dura” para controlar los precios desde el particular convencimiento de que existe una suerte de conspiración empresarial para subirlos, basada en una especulación vil y en una nula “actitud solidaria” de los hombres de negocios. Es por eso que se alineó desde el principio con la avanzada del secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, sobre supermercados y demás bocas de expendio.
El tema de los valores en las góndolas es un rubro fundamental de lo que resta de la campaña del peronismo. En reuniones realizadas en La Plata y Olivos, Fernández, Kicillof y Feletti pasaron varias jornadas comprometiendo a los intendentes con el programa Precios Congelados. No sorprendió la negativa de los alcaldes de Juntos a participar de esa suerte de “task force” que busca el Gobierno para controlar las remarcaciones. Por eso, los justicialistas, y en especial los del Gran Buenos Aires, han quedado en la incómoda situación de tener que ponerse al frente del desafío en sus distritos.
Cuentan en la Rosada que el propio Fernández entendió la incidencia del problema inflacionario en el voto con las visitas sorpresa a pequeños grupos de vecinos que viene realizando, anotador en mano, por recomendación del gurú de campaña Antoni Gutiérrez-Rubí.
El Presidente se centra en el Conurbano y Kicillof, sobre todo en el interior provincial, en su caso con mate y termo como elemento de distensión, por aquella obsesión de caminar las secciones electorales en las que se eligen senadores. El motivo de esto: procurar emparejar fuerzas en la Cámara Alta con Juntos, que hoy tiene mayoría. Una suerte de vuelta a la campaña artesanal, un remedo de aquella que lo llevó a la gobernación a bordo del famoso Clío.
“Eventos de cercanía” denomina Gutiérrez Rubí a esos encuentros. En desmedro, claro, de los actos a la vieja usanza peronista, una metodología escenográfica de movilización que, en esta etapa de campaña, se alejaría de la estrategia de “ir a buscar los votos al territorio” para convencer a la gente.

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