El Parlamento italiano le otorgó un fuerte respaldo al programa de gobierno del nuevo primer ministro, Mario Draghi.
El Parlamento italiano le otorgó un fuerte respaldo al programa de gobierno del nuevo primer ministro, Mario Draghi.
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Mario Draghi o la carta de unidad frente a la pandemia y la recesión

Fue una mayoría abrumadora. En Diputados, 535 por el sí, solo 56 por el no y 5 abstenciones. En el Senado, 262 por el sí, 40 por el no y 2 abstenciones. ¿Qué se aprobó? Pues la confianza parlamentaria al programa y al gobierno del nuevo primer ministro italiano, Mario Draghi, de73 años.
Quizás la síntesis de semejante apoyo fue redondeada por el “culpable” de la caída del gobierno anterior de Giuseppe Conte, el ex primer ministro Matteo Renzi, quién afirmó: “como italiano, Mario Draghi salvó el euro. Como europeo, salvará Italia”.
¿Qué propone el nuevo jefe del gobierno italiano? Una eficiente y muy veloz vacunación masiva para erradicar la pandemia y una recuperación que revierta sus consecuencias en la economía del país.
En su discurso ante el Senado, en ocasión del voto de confianza, el primer ministro Draghi asumió el compromiso de una profunda reestructuración de la economía italiana y planteó tres temas que, seguramente, superarán su mandato: la revisión impositiva, en particular el impuesto a las ganancias; la reforma de la ineficiente administración pública y la de la justicia, particularmente lenta.
Los temas, las propuestas, las metas no difieren en demasía de aquellas que plantearía cualquier otro político moderado en cualquier parte del mundo. Pero Mario Draghi no es cualquier otro político moderado. Es el hombre con el perfil del salvador. Al menos, en el inicio de su gestión.
Huérfano a los 15 años de un padre banquero y de una madre farmacéutica, el joven Mario vivió en lo de una tía y se formó junto al profesor Federico Caffe, el principal difusor del pensamiento keynesiano en Italia quién, de manera inexplicable, desapareció una mañana de abril del 1987 y fue declarado muerto diez años después por prescripción legal.
El joven Draghi, tras doctorarse en economía en Roma, prosiguió estudios de post grado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Su carrera pasó por el Tesoro italiano y por el Banco Mundial, por la banca Goldman Sachs y por la presidencia del Banco de Italia, para desembocar, finalmente, en la titularidad del Banco Central Europeo desde 2011 hasta 2019.
Fue allí, el 26 de julio 2012, cuando en plena crisis de las deudas europeas –en particular, las de Grecia, Italia, España, Irlanda, Chipre y Portugal- el presidente Draghi anunció el plan de compra, por parte del Banco Central Europeo, de las deudas soberanas de los países. Fue la salvación del euro como moneda común. De no haberlo hecho, cada uno hubiese vuelto –obligado- a emitir moneda nacional.

Inestabilidad política crónica
Desde 1948 a la fecha con 18 períodos legislativos, se sucedieron 86 gobiernos italianos. Cabe destacar que Italia es una república parlamentaria y por lo tanto los gobiernos surgen del Poder Legislativo que los puede remover antes de la finalización del mandato. Calificar a esos gobiernos ideológicamente significa hablar de demócratas cristianos, republicanos, socialistas, independientes, conservadores, demócratas y socialdemócratas.
Cierto es que con depresiones y con esplendores, Italia funciona igual. La política interfiere poco en la marcha del país, al menos en cuanto a crisis refiere.
La última fue la que forzó un ex primer ministro, Matteo Renzi (46 años) quien gobernó el país casi durante tres años, entre 2014 y 2016. Con el argumento de un desacuerdo sobre la futura distribución de los fondos europeos para la recuperación, el partido de Renzi abandonó la coalición de gobierno, dirigida por Giuseppe Conti (56 años). Al quedar en minoría parlamentaria, a Conti no le quedó otra alternativa que presentar su renuncia luego de haber intentado conformar una nueva mayoría.
A su vez, la crisis con la centro izquierda de Renzi fue posterior a la protagonizada por la extrema derecha cuyo referente es el actual senador Matteo Salvini (47 años) quién debió abandonar la vicepresidencia del gabinete del primer ministro Conti en setiembre del 2019.
En aquel momento, para verificar la tradición de inestabilidad política italiana, Salvini imaginó unas elecciones anticipadas donde quedaría dueño de un poder cercano al autoritarismo y, por ende, alejado de la concepción liberal.
Observar la política italiana a través del prisma Salvini permite comprender en gran medida la raíz de dicha inestabilidad. Es que el oportunismo político priva sobre cualquier otra consideración. Claro que Italia es una democracia inestable pero asentada. Así, finalmente, todo se dirime en las urnas. 

Inmigración y mafia
La vigencia de un Matteo Salvini no se debió al anhelo de un autoritarismo populista por parte de los italianos sino, principalmente, a un cansancio de buena parte de la población sobre los problemas que acarrea la inmigración.
Es un tema sobre el que se mezclan prejuicios étnicos y raciales, situaciones de extrema pobreza, delincuencia e inseguridad y una desavenencia de fondo, que no encuentra solución, con la Unión Europea de la que Italia es socio fundador.
Con una población aproximada de 60 millones de habitantes, el país cuenta con medio millón de albaneses, 1,3 millón de árabes, medio millón de personas del sudeste asiático, 200 mil chinos, 150 mil moldavos, casi un millón de rumanos y 200 mil ucranianos.
Aunque la inmigración es bastante menos numerosa que en Francia o que el Reino Unido, su derivación social se agudiza en Italia, porque junto con España, Malta y Grecia son los países hacia donde se dirigen los inmigrantes clandestinos que pretenden llegar a Europa en frágiles embarcaciones, regenteadas por la delincuencia que organiza el tráfico de personas.
La pandemia de coronavirus que produce en Italia el sexto mayor número de fallecidos en el mundo con poco menos de 100 mil muertos y ocupa el también sexto lugar entre los estados del mundo por el número de fallecidos por millón de habitantes con más de 1.500, determinó que los intentos de inmigración clandestina disminuyeran, de momento, sensiblemente.
En cambio, no disminuyen las actividades de las asociaciones ilegales para el delito. El año 2020 comenzó con un arresto masivo de 94 estafadores de fondos europeos destinados a los agricultores del sur del país. 

Y la nave va…
No corresponde al argumento de la película satírica del laureado Federico Fellini, pero el título “Y la nave va” bien puede ser aplicado a la economía italiana. Al menos frente a la interminable sucesión de crisis políticas que afectan al país mediterráneo.
Los datos macroeconómicos lo demuestran. Desde la década de 1960 –incluida- hasta la fecha, es decir un total de 61 años, Italia solo muestra caídas del Producto Bruto Interno (PBI) en 1993, 2008, 2009, 2012, 2013 y 2020.
Cierto es que desde 1990 a la fecha, las tasas de crecimiento se ubican entre un 0,1 y un 2,8 por ciento, con la excepción 3,8 por ciento del año 2002. Un crecimiento modesto si se lo compara con los 30 años de milagro italiano –entre 1960 y 1990- con varios años de incremento del PIB de dos dígitos junto al record de 1980 con un aumento del 19,6 por ciento.
Aquellas tasas muy superiores inclusive a los años del despegue chino, difícilmente vuelvan a verificarse. Pero, para los italianos significó pasar de un ingreso promedio de 270 euros anuales en 1960 a los actuales 34 mil del 2019. 
Por supuesto que 2020 fue un año terrible para la economía italiana. La pandemia de COVID-19 significó, además de arrojar un balance fatal que se aproxima a los 100 mil muertos, una caída del 6,6 por ciento del PBI.
Con todo, la tasa de desempleo disminuyó del 9,6 por ciento en 2019 a 9 por ciento en 2020. El teletrabajo mucho tuvo que ver con este desempeño. 
De cualquier forma, se trata de un desempleo alto que resulta casi explosivo si se lo traslada a la franja etaria de 18 a 25 años donde se ubica en el orden del 29,7 por ciento en 2020, con un incremento del 1,3 por ciento respecto del 2019.
De su lado, la inflación del 2020 fue inexistente. O mejor dicho, resultó una deflación del 0,1 por ciento respecto del año anterior, cuando alcanzó una variación positiva del 0,5 por ciento anual.
Como se ve, aunque con algunas escoriaciones, aún en el complicado 2020 la nave también fue. La excepción es la evolución de la deuda pública que, al tercer trimestre del 2020 –último dato disponible- superaba el 154 por ciento del PBI, 20 puntos porcentuales por encima del cierre del 2019, como consecuencia del mayor gasto para el Estado que implicó la pandemia.

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