Nunca habíamos estado ante el desafío de un fenómeno global tan sensible, nuevo, inesperado y veloz, y sobre todo con un impacto directo en la salud, como el coronavirus.
Nunca habíamos estado ante el desafío de un fenómeno global tan sensible, nuevo, inesperado y veloz, y sobre todo con un impacto directo en la salud, como el coronavirus.
LA COLUMNA DE LA SEMANA

Covid-19: la primera crisis compleja del nuevo tiempo

El entorno de vasos comunicantes y multiplicidad de factores y variables de mundo actual dificulta las reglas de juego conocidas hasta ahora.

A lo largo de la historia de la Humanidad ha habido cambios y retos que han transformado pensamientos, posibilidades, creencias colectivas y que han sido capaces de modificar el modelo de vida existente en el momento o de abrir nuevas realidades. Pensemos, por ejemplo, en la Revolución Industrial que desde finales del siglo XVII transforma la estructura de clases de los países europeos y crea una nueva división internacional del trabajo. El desarrollo industrial tuvo sus detractores, sus conflictos, sus tensiones sociales y sus enfrentamientos violentos.
Cada ola de cambio ha llevado a la Humanidad a una nueva línea de avance. Sin embargo, nunca habíamos estado ante el desafío de un fenómeno global tan sensible, nuevo, inesperado y veloz, y sobre todo con un impacto directo en la salud, como el Covid-19 en la era de la complejidad y de la expansión informativa.
La revolución de la globalización, la intensidad de las transformaciones, la velocidad de los movimientos, la disposición en red de las distintas variables de la realidad y la interdependencia de las mismas, además de la hegemonía de la información, son palancas de aceleración de la sociedad actual.
Una de las claves del éxito en cualquier área de la vida es la capacidad de adaptación a las circunstancias mediante respuestas sensatas, organizadas, estratégicas y beneficiosas. El macroentorno que nos envuelve incluye los elementos generales que afectan a la toma de decisiones estratégicas como las variables económicas, políticas, demográficas, de salud e higiene, medioambientales, socioculturales, legales o tecnológicas. Los elementos del macroentorno están en constante interacción y evolución, siendo ésta una de las características más importantes de la era de la complejidad.
El Covid-19 es un asunto complejo, pues en su gestión entran en juego variables diversas como las relacionadas con la salud, la economía, la política, las propias del ámbito emocional o psicológico personal y colectivo, así como las de la vertiente empresarial y todos sus componentes. Este es un macroasunto de números vertiginosos que se traducen en millones de personas en diferentes puntos del planeta con distintas circunstancias: contagiadas, en cuarentena, en observación, teletrabajando, aprendiendo a través de la tecnología, readaptando sus modalidades de negocio a formato online o reajustando sus horarios y costumbres; en definitiva, cambiando sus vidas. Y es que El Covid-19 ha traspasado las fronteras de su propia definición y se ha convertido en una cuestión global de dimensiones mareantes. Nos hallamos ante un escenario inquietante, revuelto y confuso, en el que las flechas apuntan hacia direcciones desconocidas hasta el momento.
Nuestro entorno es un mundo interconectado y conformado por un entramado de variables que se entrelazan como una red y componen un tablero de ajedrez cuyas piezas realizan movimientos no previstos e insólitos, lo que complica las reglas del juego conocidas hasta el momento.
El Covid-19 es una pieza ajena que se ha colado como un huésped incómodo al que nadie ha invitado desajustando nuestra forma de proceder y obligando a aprender nuevas jugadas no recogidas en los manuales de instrucciones. Nos está retando con su rapidez de transmisión y distribución geográfica y con sus alcances entrelazados que afectan a las defensas inmunológicas de la economía global.
El cambio es una agitación continua propia de la era de la complejidad. Si en el siglo XX reinaba la estabilidad y la previsibilidad, si la certeza era una necesidad, si se era reactivo al cambio y enemigo del riesgo; el siglo XXI abraza el cambio como una variable permanente, tolera la ambigüedad del entorno, fomenta la creatividad y responde rápido, asumiendo que los cambios traen un contexto ambiental impregnado de turbulencia e imprevisibilidad que hay que afrontar.
¿Es tiempo de cambios o es un cambio de tiempos? Estamos ante un nuevo tiempo, un nuevo modelo o paradigma, en el que las ondas de cambios explosivos conforman la norma. En el modelo de la complejidad la incertidumbre sustituye a lo predecible, la turbulencia a la calma y las relaciones entre causas y efectos dejan de ser determinables por más información que se tenga.
Todo apunta a que la crisis desatada por la propagación del Covid-19 puede ser la primera crisis compleja de vasos comunicantes de nuestro nuevo tiempo. La gestión de los cambios complejos requiere de vista larga, apertura de miras e innovación colectiva. Vamos a necesitar más creatividad que nunca y más fuerza que nunca ante una época de dinámica complejidad y llena de cambios, en la que el futuro no tiene por qué ser una necesaria continuidad del presente.


(*) Doctora en Neurociencia cognitiva organizacional, profesora de la Universidad Nebrija.

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