El coronavirus y la grieta
OPINIÓN

El coronavirus y la grieta

Nunca imaginamos que podíamos tener que afrontar una situación como la que nos toca vivir. Nunca tan grave y a nivel global enfrentando un enemigo silencioso, invisible y, lo que es peor, del que poco se sabe para combatirlo.
Sin embargo, capitalizando las experiencias asiáticas y del hemisferio norte, estaríamos en condiciones de adoptar medidas de prevención que contribuirían a atenuar o demorar el impacto, en tanto y en cuanto no se produzca una escalada explosiva que haga colapsar a los servicios de salud.
Por ello, todos debemos contribuir si asumimos hacer lo que nos corresponde a cada uno. Lo más difundido: quedarse en los hogares y reducir al máximo el contacto social. Las medidas de higiene y cuidado personal han sido largamente difundidas por las áreas específicas y el periodismo en general. Es hora de acompañar al Presidente, al Gobernador y al Intendente, sin diferencias de ninguna especie.
Esperemos que nuestros representantes abandonen las niñerías de quejarse todo el tiempo de lo que hacen o dejan de hacer sus opositores o de criticar todo aquello que proviene de un ámbito diferente al propio creyendo que eso es un mérito y una expresión de fuerza. Si tales comportamientos a la luz de la consideración ciudadana se presentan como una muestra de incapacidad o ineficiencia, en circunstancias como las que nos toca vivir resultan ciertamente de una gravedad superlativa.
Idéntica calificación merece el comportamiento de aquellos vecinos que no acatan las indicaciones y medidas establecidas por las autoridades políticas y sanitarias, con especial referencia hacia aquellos que han viajado al exterior, quienes se abarrotan en los supermercados comprando más de lo que razonablemente necesitan, llevan desaprensivamente a los niños a jugar a las plazas o quienes no toman las mínimas distancias requeridas en las colas de los cajeros o los bancos.
Este tipo de actitudes y conductas demuestran egoísmo y ausencia de responsabilidad y solidaridad que no son inocuas porque perjudican a los demás. No te olvides que cada producto que te llevas de las góndolas sin necesitarlo se lo estás sacando a otro vecino quien, tal vez, lo puede necesitar más que vos.
Somos humanos y todos alguna vez cometimos errores. Pero estamos ante una emergencia en la que nos va la vida propia y de nuestros seres más queridos. Si todos caminamos en la misma dirección, respetando lo indicado por las autoridades, podremos minimizar los daños.
Qué paradoja sería que el coronavirus logre lo que no pudieron los políticos: eliminar la grieta.

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