Alberto F., tras su periplo europeo, se juega un pleno político en la reestructuración de la deuda externa.
Alberto F., tras su periplo europeo, se juega un pleno político en la reestructuración de la deuda externa.
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El Presidente, entre la obsesión por la deuda y la formación del “Albertismo”

En su gira europea, Alberto F. consiguió el apoyo de Merkel, Macron y el Papa, mientras que en la política doméstica se registraron discrepancias internas en el oficialismo.

“Nos querían convencer de que estábamos aislados del mundo. Pero en una semana a Alberto lo recibieron más presidentes que a Maradona”. La frase fue pronunciada, en tono cómplice, por el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, en La Matanza. Hasta allí había llegado por invitación del gobernador Axel Kicillof mientras el Presidente emprendía el regreso al país tras una gira europea que tuvo como objetivo excluyente obtener apoyo para renegociar la deuda externa.
La presencia de Cafiero en territorio bonaerense obedeció a la necesidad del oficialismo de apuntalar a Kicillof tras el fallido reperfilamiento de la deuda provincial que, según trascendió, preocupó a Alberto F. en su periplo europeo. “Nuestro gobernador tomó una decisión importante, coordinada, compartida por el Gobierno nacional, que fue pagar para no entrar en default”, remarcó el jefe de Gabinete, cuya palabra cobró otro peso político en ausencia del Presidente.
A tal punto, que el funcionario se vio involucrado en una discusión que puso de manifiesto públicamente las discrepancias en el seno del oficialismo. No fue una sorpresa porque todos los analistas las anticiparon desde el lanzamiento de la fórmula Fernández-Fernández. Al ratificar la opinión del Presidente de la inexistencia de “presos políticos” y hablar de “fallos arbitrarios” produjo la reacción del kirchnerismo y de la ministra de Género, Elizabeth Gómez Alcorta, quien fue defensora de Milagro Sala.
El incipiente debate que podría abarcar otros temas fue cerrado por Alberto F. que dio instrucciones de no seguir meneando el tema, y al mismo tiempo, el Presidente desalentó una y otra vez a los dirigentes que le sugieren hacer pie en territorio bonaerense. Su negativa se debería al acuerdo original que hizo con Cristina Kirchner: su armado político llegaría hasta la General Paz, pero no avanzaría sobre el Conurbano. En ese conglomerado de municipios densamente poblados, la Vicepresidenta reúne su fortaleza electoral y desde allí piensa darle apoyo a Kicillof y proyectar el futuro de Máximo Kirchner.
Cristina presentó su libro “Sinceramente” en Cuba, país que cobija a su hija Florencia desde hace un año, y si bien no habló de “presos políticos”, insistió con la teoría del “lawfare” para considerarse perseguida por parte de un entramado político, judicial y mediático que, desde el punto de vista electoral, evidentemente fracasó. El efecto simbólico que podría causar la muerte de Bonadío, el juez que la envió a juicio, adquiere ahora una fuerte significación.

Reformista, no revolucionario
“Cristina no toma ninguna decisión en mi gobierno, pero yo la consulto mucho”, declaró Alberto F. al diario Le Monde, durante su reciente paso por París, donde obtuvo un apoyo explícito del presidente Emanuel Macron a la renegociación de la deuda externa. En Francia, el mandatario se definió como un “reformista” -entendido como un punto medio entre un revolucionario y un conservador- que no quiere “tirar las instituciones por la ventana”. En torno a esos mismos conceptos había discutido con Cristina en 2008, cuando Alberto F. terminó eyectado de la Jefatura de Gabinete en medio de la pelea con el campo. En Europa, el Presidente también tuvo que ensayar una explicación de filosofía política ante la canciller alemana Ángela Merkel, que le preguntó “qué es el peronismo”; y recibió el apoyo del Papa Francisco en el Vaticano, donde incluso se ofició una misa cuyo eje argumental giró en torno al peronismo.
En la misma sintonía, el Vaticano fue el escenario de un encuentro internacional que reunió al ministro de Economía, Martín Guzmán, y a la directora del FMI, Kristalina Georgieva, frente a quienes el Papa Francisco calificó de “insoportables” a las deudas que pesan sobre países como la Argentina. Semejante pronunciamiento derivó luego en sorpresa política en la Santa Sede, cuando Alberto F. ratificó desde Francia que enviará al Congreso un proyecto para legalizar el aborto. La moderada reacción de la Iglesia puede estar basada en mensajes del peronismo subrayando que el Senado de la Nación será “muy prudente” en el tratamiento del proyecto justamente, en el país del Papa.
Se trata, en rigor, de un guiño presidencial a diversos sectores internos del oficialismo. En política exterior, también sorprendió la designación de Ricardo Alfonsín como embajador en España, aunque como ya se explicó, Alberto F. tiene una tendencia natural hacia la transversalidad política. Más importancia tuvo, no obstante, la aceptación de las cartas credenciales de Jorge Arguello por parte del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
El aval del mandatario norteamericano será clave para le renegociación de la deuda, no solo ante el FMI sino también respecto de fondos de inversión con anclaje en Wall Street que, en principio, no estarían dispuestos a aceptar la propuesta del Gobierno argentino a libro cerrado.

El turno de Guzmán
En manos de bonistas privados hay nada menos que 160.000 millones de dólares en títulos de la deuda argentina. El ministro Guzmán recibirá en la semana que comienza a la primera misión del Fondo Monetario desde que Alberto F. llegó a la Casa Rosada. Y también irá al Congreso para explicar la propuesta, que consistiría en una quita del 15% y un plazo de gracia de tres años para iniciar los pagos. El oficialismo le otorga mucha importancia a la presentación que hará Guzmán.
Tanto es así, que se definió que el formato de su exposición no será ante una comisión, sino directamente en el recinto de la Cámara de Diputados, en lo que se denomina como una “sesión informativa”.
La economía es, lisa y llanamente, la materia en la que Alberto F. se jugará su mandato. El fracaso del gobierno anterior y sus promesas electorales lo ponen ante esa obligación. Por eso además de resolver el cuello de botella de la deuda, necesita que empiece a bajar la inflación. El jueves, el INDEC dará a conocer el índice de precios de enero y en la Casa Rosada aguardan que marque el inicio de una desaceleración, sobre la base del congelamiento de tarifas y la estabilidad del dólar. Pero en el mismo Gobierno reconocen que atrasar variantes puede generar desequilibrios que suelen resultar perjudiciales.
En materia económica, el Gobierno también anunciará un aumento para los jubilados, a cobrar en marzo (sin la fórmula previsional ya caduca) y perfila una medida sobre los medicamentos de la clase pasiva que se podría hacer pública en la Asamblea Legislativa del 1 de marzo. Respecto del mercado interno, la instrumentación de la Tarjeta Alimentaria ya tiene impacto en la circulación de dinero y el consumo en los distritos, cuyos comercios de proximidad resultan beneficiados.
Aunque hizo ruido en el Gobierno la negociación del gremio de Camioneros, que ya consiguió un aumento del 26% solo para el primer semestre del año, algo que no va en sintonía con la política oficial de desindexación de la economía. Habrá que ver, con el correr de las semanas, si el resto de los sindicatos sigue la línea de Hugo Moyano o acatan el pedido del Gobierno para que las paritarias no incluyan cláusula gatillo. Los docentes volverían a ser un punto de referencia.

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