Axel Kicillof, en cuidadosas dosis bien espaciadas, está abriendo el juego para que algunos intendentes coloquen funcionarios en áreas estratégicas.
Axel Kicillof, en cuidadosas dosis bien espaciadas, está abriendo el juego para que algunos intendentes coloquen funcionarios en áreas estratégicas.
LA PROVINCIA

Las desconfianzas que crecen entre intendentes del PJ y el Gobernador

La incomodidad se ha vuelto recíproca. Alumbraba con mayor nitidez desde una de las orillas, pero ahora se expande hacia buena parte de la geografía oficialista. Varios de los influyentes intendentes del peronismo no terminan de digerir que su aporte al gobierno provincial de Axel Kicillof sea poco menos que simbólico. Ese malestar lo han expresado en privado en forma de catarsis política. Reniegan de las formas del gobernador, de la adopción de decisiones de las que no se los participa.
Hay cuestiones que tienen que ver además con el incumplimiento de expectativas. El peronismo territorial debió tragar saliva frente a la decisión de Cristina Kirchner de imponer como candidato a Kicillof. Sin embargo, creyó olfatear en medio de esa resignación la oportunidad de ganar amplia influencia en un futuro gobierno que imaginaban carente de volumen político. Ese presagio se desvaneció con inusitada rapidez.
El gobernador ha robustecido aquella desazón. Tabicó su elenco ministerial y recién está comenzando a ceder algunos espacios en segundas y terceras líneas del gabinete más por compromisos ineludibles que por convicción. También, empezó a contagiarse de aquel recelo que le dispensan.

Síntomas de fatiga
Un episodio reciente desnudaría cierta fatiga del gobernador con actitudes que se le adjudican a algunos alcaldes peronistas. Creen cerca de Kicillof que fueron “víctimas” de una operación cuya autoría apuntan en forma imprecisa a algún barón del Conurbano. Se trata de la versión de que el jefe de Gabinete provincial, Carlos Bianco -un hombre de estrecha confianza del mandatario-, habría ordenado dejar a modo de ofrenda política en la Quinta de San Vicente, el caño de escape del Renault Clío de su propiedad al que se subió Kicillof para su extendido trajín de campaña.
Bianco salió en forma furibunda a desmentir la especie. “Es un disparate”, dicen en la Gobernación. “Nunca existió una reunión en San Vicente con intendentes donde se planteara semejante cosa”, añaden. En la Gobernación sospechan que se trató de una “apretada” de algún sector peronista, un mensaje cifrado. Dejar como legado del kicillofismo el caño de escape del auto proselitista cerca del sitio donde descansan los restos de Juan Domingo Perón podría ser leído como una herejía para el ideario del PJ.
La novedad que aporta el caso no es el de los chisporroteos entre el Gobierno provincial y algunos influyentes alcaldes que dispensan una mirada mucho más amigable al presidente Alberto Fernández: es que por primera vez se admite en despachos oficiales la existencia de supuestos “mensajes operados” hacia el mandatario desde usinas que, según esas lecturas, se habrían puesto a funcionar en el Conurbano. “Algunos compañeros no entienden la forma de hacer política de Axel. Si piensan que lo van a correr con mentiras y operaciones, se están equivocando”, elevan el tono en la Gobernación.

Clima tenso
Hay otros asuntos que marcan el clima de tensión. En el controvertido proceso que terminó con el pago del bono de 270 millones de dólares a acreedores externos, algunos municipios tuvieron un rol clave. Varios de ellos recompraron letras del Tesoro y terminaron aportando parte de los recursos con los que se evitó el default de la Provincia. En despachos oficiales se habría esperado un esfuerzo mayor de parte de algunas comunas para ayudar al Estado bonaerense.
El estilo de gobierno de Kicillof también estaría impactando sobre la figura de la vicegobernadora. La matancera Verónica Magario no forma parte del círculo de toma de decisiones del gobernador; ni siquiera es articuladora del diálogo con los intendentes que monopolizan Bianco y la ministra de Gobierno, Teresa García.
En la Gobernación se han ocupado de hacer un trabajo en procura de desmitificar el rol de los intendentes en los anteriores gobiernos peronistas. “Con Solá y Scioli apenas tuvieron algún ministerio; nunca roles preponderantes”, refieren. En cuidadosas dosis bien espaciadas, Kicillof está abriendo el juego. Jorge Ferraresi (Avellaneda) colocó funcionarios en Educación y Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) se quedará con Lotería. Sergio Massa puso a Javier Osuna (Las Heras) en la empresa de autopistas Aubasa.
Habría una fuerte puja entre varios alcaldes del Gran Buenos Aires por desembarcar en ABSA, la cuestionada empresa proveedora del servicio de cloacas y agua de varios distritos, entre ellos, La Plata. En el Gobierno les estarían pidiendo que los candidatos al cargo aporten un plan de trabajo para atender un déficit de prestación enorme. Por ahora, la empresa sigue a la deriva y hace años que su desorden e ineficacia la han convertido en la prestadora de servicios que motiva más reclamos de los vecinos de la capital de la Provincia.

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