Atilio García no fue profeta en su tierra
TRIBUNA DEL LECTOR

Atilio García no fue profeta en su tierra

Como eran tantos los homónimos, se los distinguía por el barrio proveniente. Estos eran los García de la Plaza Alem. De los 15 hijos de don Julio, Atilio (agosto, 1914) era uno de los mayores y mi vieja, Griselda, la anteúltima.
Después de su paso por Boca Juniors, al verlo la comisión de El Nacional de Montevideo (1938), lo contratan. Ese año derrotan a Peñarol, evitando así que obtuviera el título por quinta vez y comienza el quinquenio de oro para El Nacional campeón durante cinco décadas.
Es el máximo goleador en la historia del fútbol uruguayo, con más de 500 goles.
Como el fútbol era amateur, y sus recursos escasos, se juntaron los hinchas de Peñarol y El Nacional para comprarle una casa en el barrio céntrico. Tal era la pasión que había desatado en los orientales. Se casa y tiene 2 hijas. Actualmente una plaza céntrica lleva su nombre.
Tendría yo 9 años cuando vienen por un amistoso al Monumental y mi viejo me lleva para que lo conozca. No entendía nada de fútbol y después de verlo hacer un gol de cabeza, aprecio que tenía un estilo diferente a los demás, no caminaba ni corría la cancha, parecía que bailaba al compás armónico del pulso que le había tomado a la misma. Me regaló la camiseta y no lo vi nunca más.
Hace unos años atrás viajé a Montevideo a comprar unos repuestos a la casa Vergara, la mayor proveedora de BMW, ingenuamente le pregunto al empleado si lo conocían a Atilio García y éste eufóricamente lo llama al del cuarto piso para transmitirle la pregunta dado que era de Peñarol y el otro de El Nacional.
Me recomiendan que visite la sede, ya que aun estando cerrada, el portero me abriría.
Nunca vi en mi vida un homenaje tan grande a una persona.
Al entrar, la única estatua a modo de busto era de Atilio.
La planta baja, que parecía una cancha de básquet, estaba repleta de vitrinas de tres estantes cada una, en total seis, que iban hasta el fondo, repletas de copas de todos los tamaños (más de ochenta). ‘Todas de Atilio’, me dice el portero.
Sobre ellas había una única foto tamaño natural. Recorriendo los pasillos encontré copas enormes que no entraban en las vitrinas.
La misma fuente me refiere que era el único que hacía goles con la nuca y que la hinchada gritaba cada uno ‘¡gol de Junín!’.
Esta conducta, que se encuentra en las antípodas de nuestras barras bravas, no es de extrañar, porque también lo son en su concepción del Estado: la salud; la educación y el respeto a las normas. Creemos que perdimos a la Banda Oriental durante la Independencia ¿Pero no habrá sido al revés, que ellos se desprendieron de nosotros, para poder continuar con su modelo de crecimiento y desarrollo?
¿No habrá sido la influencia de Artigas, caudillo adelantado a los nuestros, que en 1812 proclama la Provincia Oriental con gobierno federal, como modelo a seguir por las demás Provincias Unidas del Río de la Plata?
Sus políticos son estadistas de alta talla como Sanguinetti, puede gobernar la izquierda de Tabaré o Pepe Mujica y traspasarle el mando a Lacalle Pou sin ningún tipo de enfrentamiento, sino de colaboración.
Acogiéndome al beneficio de la duda queda el planteo.
Yo sé que una mínima placa de bronce sobre la vereda recordándolo, sería producto del vandalismo, pero dejo al Concejo Deliberante, que cuenta con más recursos, la tarea de su merecido recuerdo.


Eduardo Sabus

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